Palabras clave: Tecnología

Ciencia y Tecnología para descubrir el espacio

El infinito es la meta que el ser humano se planteó cuando comenzó la carrera espacial y las investigaciones que le llevarían a desarrollar tecnologías que nos han ayudado a conocer y entender mejor aquello que nos rodea, en el sentido más amplio de la expresión. Por ello, las metas en ciencia y tecnología espacial son cada día más altas y cada vez que aumenta la ambición de los científicos e ingenieros, el asombro de muchos ciudadanos se incrementa en la misma medida.

Algunos de los recientes acontecimientos pueden ser el germen de muchos cambios en la historia aéreo-espacial: la estancia de un año en el espacio del astronauta Scott Kelly, la prueba satisfactoria de la nave aéreo-espacial que Virgin Galactics ha realizado y pretende abrir las puertas del espacio a todos los turistas que puedan pagar el prohibitivo precio de los billetes, la reciente detección de las ondas gravitatorias emitidas por dos agujeros negros colisionando…

Estos son algunos de los ejemplos que abren las puertas al cambio y, con él, al debate. Son los hechos del presente que podrán cambiar nuestro futuro, y con los que todos los apasionados por los avances en tecnología e investigación científica espacial podrán disfrutar.

Sin embargo, incluso cuando hablamos de tecnología que cambia en cuestión de segundos, siempre es interesante mirar al pasado para saber cuál ha sido la trayectoria llevada hasta ahora y subsanar los errores cometidos siendo conscientes de ellos. Por ello, la trayectoria de la historia de la tecnología espacial, también tiene cabida en esta pequeña selección de informaciones acerca de esta temática.

 

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Grafeno: El futuro en la punta de lápiz

¿Te imaginas que una buena mañana te despiertas con el sol pasando a través de tus ventanas y enciendes la tostadora gracias a la electricidad que está generando el propio cristal de la ventana? Suena futurista, pero la verdad es que no se aleja tanto de una nueva línea de investigación en nanotecnología que está desarrollando un finísimo material llamado grafeno. Continuar leyendo

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¿No lo oyes? Es el latido del universo

Una vez más Albert Einstein, tenía razón. “Hemos detectado ondas gravitacionales, lo hemos conseguido”, así lo anunciaba David Reitze, director ejecutivo del consorcio LIGO en una macro rueda de prensa el pasado 12 de febrero seguida por streaming desde miles de ordenadores en todo el mundo. Según estas afirmaciones, se confirmaría la teoría de la Relatividad General que el famoso científico alemán ideo en 1916 y que aún no había sido del todo demostrada. Einstein predijo la existencia de ondas gravitacionales hace más de 100 años. Ahora, tras años de estudio, los detectores del experimento LIGO han podido confirmar su existencia por primera vez.

¿Y cómo es eso posible?

El equipo científico que llevaba esta investigación lo ha conseguido gracias a unos detectores de ondas gravitacionales instalados en Hanford y Livingston. Estos instrumentos comparan el tiempo que tardan dos haces de luz en recorrer ocho Kilómetros en el interior de sendos tubos. Los científicos han podido ubicar el origen de las ondas en la fusión de dos agujeros negros  a 1.300 millones de años luz de distancia del sistema solar. Los investigadores han calculado que estos dos agujeros negros tenían una masa equivalente a 29 soles y el otro a 36. Y en la fusion de ambos nació un nuevo agujero negro aún mayor de 62 soles. La masa restante, de 3 soles, se convirtió en energía que se disipó en ondas gravitatorias.

Fotografía: Claudio Giovanni, 2016

 

“Fue una tormenta muy violenta y breve. Durante 20 milisegundos emitió más energía que todas las estrellas del Universo juntas”, explicaba Kip Thorne, investigador del Instituto de Tecnología de California y cofundador del experimento LIGO.

Para Alicia Sintes, esto supone el inicio de una nueva. Para la astrofísica de la Universidad de las Illes Balears y coautora de la investigación este nuevo descubrimiento permitirá observar aspectos del cosmos que hasta ahora eran desconocidos y permitirá descubrir qué paso en la primera fracción de segundo después del Big Bang.

Se cumplen 100 años de la teoría de la relatividad general de Einsten from El Diario de Juárez on Vimeo.

Aunque la posibilidad de descubrir qué pasó hace millones de años atrás, no implica que se confirme la teoría del Big Bang, sino más bien todo lo contrario. Según Manel Nicolau, profesor de Física y colaborador del proyecto a través de la Universidad de las Illes Balears, se puede llegar a obtener un tipo de información que podría poner en cuestión, incluso, dicha teoría.

Fotografía: Babak Trafeshi

 

“Hasta ahora todo aquello que observábamos del universo era a través de ondas electromagnéticas y los instrumentos que se usaban eran telescopios, antenas de radio, satélites de rayos X… esto era toda la información que se tenía del universo. La detección de estas ondas gravitacionales significa tener un nuevo tipo de información, con una analogía de cómo nosotros, como individuos, captamos información; es cómo si hasta ahora sólo hubiéramos tenido ojos y ahora tuviéramos un nuevo sentido, el oído, y por lo tanto captamos información nueva, diferente, que se suma a la anterior para descubrir y explicar muchas cosas más del universo”, explica Manel Nicolau.

¿Por qué tanto tiempo en descubrir el pasado?

Para llegar a grandes descubrimientos se requieren grandes esfuerzos. Estas ondas gravitacionales son muy débiles y para detectarlas se necesitan instrumentos de alta precisión.

Los recursos eran escasos y por eso, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y del de California (Caltech) unieron fuerzas en 1992 para construir el Observatorio de Ondas Gravitacionales de Interferómetro Láser. Tras   veinticuatro años después, trabajan en esta investigación más de mil científicos de todo el mundo, entre ellos, el equipo de la Universidad de les Illes Balears liderado por Alicia Sintes, único en España.

Se trata del mayor proyecto que ha financiado en su historia la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos con una inversión de 620 millones de dólares. Unas aportaciones que han permitido construir los detectores LIGO. Las investigaciones se iniciaron el 2002 y durante ocho años estos instrumentos escucharon pacientemente el Universo esperando señales de ondas gravitacionales. La primera fase finalizó sin éxito en el 2010. Pero, en lugar de dar por concluida la búsqueda, el consorcio LIGO decidió mejorar el detector. Esta decisión implicó 5 años de parada y 200 millones de dólares de inversión, pero en septiembre del 2015 se reanudaron las observaciones. Y fue en este segundo intento que el Universo quiso ser escuchado.

Fotografía: NASA, 2014

Según los resultados presentados en la rueda de prensa y publicados en la revista Physical Review Letters, la primera onda gravitacional se detectó el 14 de septiembre de 2015 a las 09:51 UTC. Una señal idéntica llegó con siete milisegundos de diferencia a los dos detectores de LIGO, situados a 3.000 kilómetros de distancia, lo que indica que la señal era de origen cósmica. La onda gravitacional procedía de la dirección de las Nubes de Magallanes, las galaxias satélite de la Vía Láctea.

Estas señales eran y son las primeras de una larga serie de observaciones que cambiarán la visión actual del Universo. Por lo que, tal y como afirman los autores y científicos que encabezan esta investigación, ahora vamos a poder escuchar el Universo y no sólo verlo.

Marga Perelló, periodista y amante de los pequeños detalles (cómo este) de la vida

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Ciencia y Medios digitales

 

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Satélites enlatados, tecnología e imaginación

Imagine una lata de refresco cayendo desde una altura de 600 metros con una velocidad de 12 metros por segundo mientras envía información a una computadora en tierra. Imagine que al llegar a los 500 metros se desprende de la lata un recipiente con un huevo en su interior, y que, sin usar pilas ni paracaídas, el recipiente consigue modificar su velocidad a 10 metros por segundo. Al llegar a tierra, el huevo está intacto. Éste es sólo un ejemplo de lo que los estudiantes deben realizar en los concursos de CanSats o satélites enlatados.

Los CanSats son satélites reales integrados en el volumen de una lata de refresco. Estas competiciones, además de iniciar a los más jóvenes en el gusto por las tecnologías espaciales, ponen a prueba su ingenio, su capacidad de trabajo en grupo y de resolver problemas; cualidades muy valiosas en los científicos. El gran reto que tienen los estudiantes es el de completar una misión muy específica.

De esto y mucho más hemos hablado con el investigador Alejandro Farah. Continuar leyendo

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