Palabras clave: salud

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Lo que necesitas saber del coronavirus

Con el segundo caso confirmado del virus en Estados Unidos, la preocupación mundial por la propagación de esta nueva infección no para.

Este viernes el Centro Nacional de Control y Prevención de Enfermedades  informó que una paciente de 60 años, que llegó a EE.UU. el 13 de enero desde Wuhan, epicentro del brote en China, fue aislada y está bajo tratamiento. Sumándose a los ya 887 contagiados y al menos 26 muertos que ha dejado esta nueva cepa del virus.

¿Cómo comenzó esto?

El 31 de diciembre la Organización Mundial de la Salud fue alertada de severos casos de neumonía en Wuhan, la ciudad más poblada en la zona central de China, con 11 millones de habitantes. Una semana después, el 7 de enero, autoridades chinas confirmaron la identificación de un nuevo virus de la familia de los coronavirus, denominado “2019-nCoV”. El cual se propagó rápidamente llegando a  Tailandia, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Estados Unidos y Francia.

Primera imagen publicada del nuevo virus. Fuente: Instituto Nacional para el Control y la Prevención de Enfermedades Virales de China.
Primera imagen publicada del nuevo virus. Fuente: Instituto Nacional para el Control y la Prevención de Enfermedades Virales de China.

Lo que se sabe es que puede infectar tanto a animales como a personas, provocando enfermedades respiratorias, desde un resfriado común hasta dolencias más graves, como la neumonía o el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), que en 2003 provocó la muerte de unas 800 personas.

El origen exacto del brote aún es desconocido, pero autoridades sostienen la teoría que fue desde un mercado de animales vivos de Wuhan. A pesar de esto, su transmisión también podría darse de persona a persona, a través de la tos o los estornudos.

En tanto, el CDC encontró que el 22% de los 198 primeros infectados, tenía exposición directa al mercado de la carne, y el 32% tenía contacto con personas que tenían fiebre o enfermedad respiratoria. Pero aproximadamente la mitad no había estado en el mercado, ni había tenido contacto con nadie que estuviera enfermo.

¿Qué se está haciendo?

Por ahora no existen medicamentos aprobados para tratar este nuevo brote de coronavirus. Mientras tanto el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, aseguró que no declararán aún emergencia internacional, “no se equivoquen, es una urgencia en China. Pero aún no es una urgencia sanitaria mundial. (Aunque) podría convertirse en ello”, sentenció tras dos días de reuniones del Comité de Emergencias.

Autoridades del gigante asiático suspendieron los eventos deportivos hasta abril y cancelaron la celebración del Año Nuevo chino. Además desde el jueves 23 prohibieron a los residentes de Wuhan abandonar la ciudad.

Entre las últimas medidas tomadas se encuentra la construcción en tiempo récord, solo días, de un hospital con mil camas para afrontar este nuevo virus mortal.

Algunas imágenes de los últimos días:

 Policías en Beijing / Kevin Frayer (Getty Images)

Héctor Retamala / AFP Via Getty Images

Leo Ramirez / AFP Via Getty Images

Mast Irham/EPA-EFE/Shutterstock

 

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¿Vamos hacia la segunda era de la eugenesia?

De adolescentes todos estudiamos un poco de genética. ¿Quién no recuerda, al menos borrosamente, aquellos problemas: cruzabas plantitas con guisantes de diferentes colores y podías predecir cómo sería la descendencia.

EugenesiaTe pintaban la genética como algo relativamente fácil. Además, te decían, sus leyes se aplican a todos los seres vivos incluyendo a los seres humanos. De hecho en los años posteriores al nacimiento de la genética se creía que todas nuestras características se podrían describir tan fácilmente (o casi) como los famosos caracteres con los que trabajó Mendel. Tal era el optimismo que estas ideas científicas, que ahora sabemos incorrectas, se extendieron a buena parte de la sociedad y a la política. Así, a principios del siglo XX muchos países decidieron utilizar la nueva ciencia de la genética para mejorar sus poblaciones.

La idea estaba clara: se puede mejorar la especie humana utilizando los conocimientos que la genética nos brinda. Ésta visión simplista de la genética hizo que en Estados Unidos y en muchos países de Europa aparecieran leyes encaminadas a conseguir sociedades formadas por individuos genéticamente perfectos. Había nacido la eugenesia.

EugenesiaPoco a poco se vio que las ideas eugenésicas eran inalcanzables, tenían más de prejuicio que de ciencia. Su falta de rigor fue denunciada por la comunidad científica en general. Aún con esto, muchos países aplicaron leyes eugenésicas durante las primeras décadas del sXX. Algunas de las más atroces fueron las aprobadas durante el III Reich. Solo en Alemania se esterilizó a 400.000 personas alemanas consideradas de raza “aria” pero con características indeseables: alcoholismo, baja inteligencia… Se tardó más de lo debido pero, al final, la falta de rigor científico y las atrocidades cometidas por los nazis mataron a la eugenesia.

Han pasado décadas desde aquello y la ciencia ha avanzado mucho. Ahora sabemos mucho más sobre la naturaleza de características como la inteligencia o la personalidad. Sabemos que estas características tienen efectivamente una base genética pero también sabemos que están muy influidas por el ambiente.

En los últimos años las técnicas de edición genética han sufrido una revolución y son ya muchos los artículos y libros que hablan de la posibilidad, quizás no muy lejana, de poder tener hijos a la carta. Se especula que, en pocas décadas, los padres podrán decidir dar a sus hijos una ayuda en la lotería genética. ¿Por qué dejar al azar características como el riesgo de tener depresión, ansiedad o baja inteligencia?

¿Cómo negarle a tu futuro hijo todas las ventajas que puedas darle? “El mundo es duro y si no lo hago yo, lo harán los demás”, pensarán muchos padres.

Hay empresas que ya venden test poligenéticos que predicen el riesgo de padecer múltiples enfermedades. El primer bebé seleccionado para tener el mínimo riesgo de padecer 11 de las enfermedades genéticas más frecuentes nacerá en unos meses.

 Muchos científicos piden bajar las expectativas, quizás se nos está vendiendo más humo que otra cosa. Los test poligenéticos que predicen el riesgo de sufrir enfermedades o el cociente intelectual de los niños, son aún muy poco fiables.  Algunos pagarán mucho dinero por algo que en realidad es menos influyente en el desarrollo de sus hijos que una buena educación o una nutrición adecuada.

Quiero hablar aquí no tanto de si podremos llegar a elegir nuestras características genéticas, sino de si realmente debemos aspirar a hacerlo. Creo que hay que hablar de dónde poner las líneas rojas. Creo que hay que hablar de quién podrá pagarlo.

Deberíamos tener un marco ético claro y consensuado para cuando éstas tecnologías estén disponibles.

Ben Taylor (Flickr)
Ben Taylor (Flickr)

Crear la tecnología para obtener características genéticas a la carta es muy difícil pero creo que es solo cuestión de tiempo que esté disponible. Crear esa tecnología y hacer además que sea segura, supone un reto adicional. Debemos trabajar en los retos de la seguridad y la ética de antemano.

Mi mayor miedo sería que resolviéramos todos los retos técnicos antes de tener bien resueltos los dilemas éticos y de seguridad.

Tiendo a ser optimista, no creo que la mera llegada de estas tecnologías nos vaya a llevar a una distopía tipo “Black Mirror”. Ahora bien, me da miedo llegar a vivir en un mundo donde estas tecnologías no estén al servicio del bien común sino al servicio de unos pocos y dominadas por las leyes del mercado. ¿Quién podrá beneficiarse de estas técnicas?, ¿quién podrá pagarse un hijo genéticamente privilegiado? Imaginad que solo una pequeña parte de la población puede permitirse el lujo de eliminar enfermedades graves de su estirpe o de mejorar características como la inteligencia de sus hijos. Es evidente; las diferencias sociales que podrían aparecer no tienen precedentes.  Debates como estos deben empezar a plantearse en todas las capas de la sociedad. Podríamos estar avanzando sin darnos cuenta hacia un mundo dominado por un nuevo tipo de eugenesia.

El comienzo del siglo XX estuvo marcado por la eugenesia totalitaria de algunos estados. No dejemos que el siglo XXI sea el siglo de la eugenesia (neo)liberal.

Sebastià Benejam Ríos (@sebasbenejam)

 

 

 

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Humanizar la salud: nuevo reto para la Medicina

Cuando hablamos de medicina y asistencia sanitaria, inmediatamente pensamos en seres humanos. Ciertamente, son actividades que no se conciben sin ellos pero, paradójicamente, y de forma paralela al desarrollo tecnológico, se viene observando una creciente deshumanización de las mismas.

Vivimos una deshumanización de lo intrínsecamente humano y eso itiene consecuencias en los pacientes, en los profesionales, y en el resto de la sociedad.

Sin excepción, en algún momento todos vamos a vernos afectados por eventos que nos pueden colocar en situación de vulnerabilidad vital, propia o de alguna persona allegada. Enfermedades de todo tipo o situaciones  de transición vital, como el nacimiento o la muerte, se encuentran entre ellos.

En dichas situaciones, la tecnología ha de ser un medio para mejorar la asistencia, no el centro de la misma. El centro de la atención sanitaria, aunque ésta conlleve en muchos casos un soporte tecnológico importante y complejo, han de ser las personas que la necesitan y, además de las cuestiones orgánicas, sus necesidades psicoemocionales individuales también han de ser tenidas en cuenta y atendidas para facilitar lo máximo posible los procesos vitales en los que se encuentran inmersas.

HUMANIZAR LA ASISTENCIA SANITARIA

Fuentes consultadas:

http://www.fundacionhumans.com/analisis-de-la-situacion-de-los-aspectos-humanisticos-de-la-atencion-sanitaria-en-espana/

https://www.efesalud.com/humanizacion-formar-profesional-paciente/

http://www.medicosypacientes.com/articulo/dr-sanchez-martos-la-humanizacion-de-la-asistencia-sanitaria-es-un-reto-de-calidad

Si quieres compartir esta historia, puedes utilizar este link.

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Resistencia a antibióticos: una carrera contrarreloj

La resistencia a los antibióticos en bacterias y otros microorganismos es uno de los problemas de salud pública más importantes, así como una grave amenaza para la seguridad alimentaria. El uso creciente de los antibióticos (tanto en medicina como en ganadería e industria), acompañado de un uso excesivo e inadecuado muchas veces, ha acelerado el proceso natural de adquisicion de resistencia.

En esta infografía se recogen algunos datos básicos sobre la resistencia a antibióticos así como consejos de como podemos contribuir a que los antibióticos sigan funcionando.

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https://create.piktochart.com/output/37489944-resistencia-a-antibioticos

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One Health: una sola salud y un solo planeta

Desde hace más de un siglo sabemos que la salud humana y la salud animal están relacionadas entre sí y con el ecosistema. A comienzos de la década del año 2000 se introdujo el concepto One Health, o Una Sola Salud, que pretende abordar los riesgos para la salud pública (acentuados por la globalización y el cambio climático) desde un enfoque multidisciplinar, estableciendo estrategias y herramientas de cooperación internacional entre profesionales de la salud humana y animal y de las ciencias del medio ambiente.
En esta línea de trabajo, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han publicado recientemente una guía para abordar las zoonosis (enfermedades que pueden transmitirse de los animales al ser humano) desde esta perspectiva de colaboración.

Copia y pega este enlace para compartir la infografía en redes sociales: https://create.piktochart.com/output/37426759-one-health

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El alcohol: el asesino silencioso

El consumo de alcohol no solamente conlleva una gran carga social, si no que provoca más de 200 enfermedades y es el responsable del 5,9% de las muertes en el mundo. Se asocia a un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud como por ejemplo:
-Trastornos mentales
-Enfermedades cardiovasculares
-Cáncer
-Accidentes de tráfico

Es importante conocer el impacto que produce el alcohol en nuestro cuerpo y en nuestro entorno. Por este motivo se ha realizado la siguiente infografía.

 

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Reacciones adversas a alimentos, ¿quién es quién?

Las reacciones adversas a alimentos son cada vez más frecuentes en nuestra sociedad. Entre las posibles causas de este incremento están: los cambios en las costumbres alimentarias, cambios en la flora intestinal, mejora de las técnicas de diagnóstico y una mayor sensibilización de la sociedad. Alergia alimentaria, intolerancia o enfermedad celíaca son conceptos cada vez más habituales en nuestro día a día, y que se confunden con facilidad, sobretodo por la similitud en el causante (un alimento) y en los síntomas. En este post intentaremos clarificar estos conceptos.

Imagen generada con fotos de Gaelle Marcel, Kim Gorga, Monika Grabkowska y Rebecca Luna de Unsplash
Imagen generada con fotos de Gaelle Marcel, Kim Gorga, Monika Grabkowska y Rebecca Luna de Unsplash

Para empezar, conviene recalcar que hay diferentes tipos de reacciones adversas: las tóxicas y las no tóxicas. Las tóxicas son aquellas que ocurren en todo los individuos que ingieren el alimento. Pueden ser causadas por productos de bacterias u otros microorganismos, por metales pesados como el mercurio, entre otros. Las no tóxicas, ocurren solo en individuos que, por diferentes razones, son sensibles a determinados alimentos. A continuación se describen las principales reacciones adversas a alimentos de tipo no tóxico.

Alergias alimentarias

Las alergias alimentarias son reacciones adversas a alimentos, debido a una respuesta exagerada del sistema inmune. La mayoría de las alergias alimentarias ocurren porque nuestro cuerpo, a través de la inmunoglobulina E (IgE), reconoce un alimento inocuo como algo peligroso. De forma inmediata o en pocas horas, este reconocimiento activa a células del sistema inmune y da lugar a los diferentes síntomas. Entre ellos encontramos síntomas cutáneos (urticaria), reacciones en la mucosa oral, dolor abdominal, diarrea o vómitos, entre otros. Entre las consecuencias más graves de la alergia alimentaria está el choque anafiláctico, que puede ocasionar la muerte.

Este vídeo explica, de forma general, en que consiste la alergía y el mecanismo inmunológico que la ocasiona:

Las alergias alimentaria son más frecuentes en niños, muchos de los cuales desarrollaran tolerancia al crecer; y en la población adulta la frecuencia es del 1-2%. La percepción social pero (autodiagnostico), sitúa su frecuencia alrededor del 6%: éste es uno de los hechos que también puede explicar la percepción de que este tipo de reacciones han aumentado.

Los alimentos más frecuentes causantes de alergia en niños son la leche, el huevo, los frutos secos, las legumbres, las frutas y los mariscos; y en adultos las frutas y los mariscos, aunque existen muchos otros alimentos que pueden ocasionar alergia.

Para el diagnóstico de las alergias alimentarias es muy importante la historia clínica, que se complementa con varias pruebas: medir los niveles de IgE específica a ciertos alimentos, las pruebas cutáneas y finalmente la provocación oral, que suele hacerse en caso de que las otras pruebas no sean concluyentes. Por esta última razón, es importante saber que un diagnostico no se basa solo en pruebas “positivas” o “negativas”, sino en base a una interpretación de éstas junto a la historia clínica. Así, por ejemplo, tener IgE frente a melocotón no indica que seamos alérgicos a ese mismo, sino que estamos sensibilizados. Si en nuestro día a día ingerimos melocotón sin síntomas, significa que no somos alérgicos y por lo tanto no debemos eliminar ese producto de nuestra dieta. La eliminación de alimentos a los que estamos sensibilizados pero no somos alérgicos pueden comportar que posteriormente desarrollemos la alergia. Por otra parte, algunos test diagnósticos que se ofertan, como el análisis de pelo, la quinesiología aplicada o el test leucocitotoxico, carecen de base científica.

El tratamiento de la alergia alimentaria consiste en evitar el alimento en la dieta. En caso de ingestión accidental, existen varios fármacos (antihistamínicos o corticoides) para controlar la reacción, y en caso de reacción anafílactica será necesaria la administración de adrenalina. Desde hace unos años, y para ciertos alimentos, existe lo que se conoce como desensibilización o inducción oral de tolerancia. Consiste en introducir, bajo supervisión médica, cantidades crecientes del alimento hasta que el paciente puede ingerir una cantidad determinada de manera segura. En algunos casos se consigue una tolerancia total al alimento y en otros casos solo parcial, pero se disminuye de esa forma las reacciones graves que pueden ser ocasionadas por una ingesta accidental. También se estan ensayando hoy en día vacunas para la alergía a alimentos, aunque estan en fase de desarrollo.

Existen, además, algunas alergias a alimentos que no son mediadas por IgE, y que pueden aparecer de forma más retardada. Es el caso de la esofagitis eosinofílica o las enteropatías por proteínas de la dieta.

Para profundizar en el tema, recomendamos visitar la página de la SEAIC (Sociedad Española de Alergía e Inmunología Clínica) o la lectura de este capítulo del libro de las Enfermedade Alergicas de la Fundación BBVA.

Intolerancias alimentarias

Las intolerancias alimentarias, a diferencia de las alergias alimentarias donde interviene el sistema inmune, son debidas a problemas de tipo digestivo o metabólico. Esto incluye, por ejemplo, la falta de enzimas para procesar ciertos alimentos, el mal funcionamiento de éstas o problemas en la absorción de nutrientes. Los síntomas de las intolerancias alimentarias son similares a los de la alergia alimentaria, sobretodo en referencia a los síntomas digestivos, aunque también puede haber síntomas cutáneos y otras manifestaciones como migraña o fatiga. Los síntomas, además, suelen ser dependientes de la dosis y, a diferencia de las alergias, pueden aparecer varias horas después de la ingesta.

Las intolerancias son más frecuentes que las alergias y suelen tener consecuencias menos graves. A día de hoy solo hay unas pocas intolerancias alimentarias bien definidas. La más conocida es la intolerancia a la lactosa (conviene no confundirla con la alergia a proteínas de la leche), que afecta a un porcentaje bastante elevado de la población (en algunas zonas del planeta, prácticamente el 100% de la población es intolerante a la lactosa) y que se debe a la falta de lactasa, la enzima que degrada la lactosa. Otras intolerancias descritas son las intolerancias a la fructosa o a la sacarosa, o el déficit de diamina oxidasa (DAO), la enzima que degrada la histamina. Existen otras potenciales intolerancias, de las que hay pocas evidencias y generan controversia. Es posible que algunas de éstas, sean debidas a otras enfermedades del sistema digestivo o que sean inducidas por la aversión a un alimento.

Las intolerancias pueden ser de diferentes grados, no es un “todo o nada”. Así, hay algunos individuos que pueden comer pequeñas cantidades del alimento sin consecuencias mientras que otros con la misma cantidad si van a desarrollar una reacción adversa.

El diagnóstico de las intolerancias alimentarias es difícil y solo existen test diagnósticos para algunas de ellas. Como en el caso de las alergias, se ofrecen numerosos tests de validez dudosa. Entre ellos es bastante común el test de las IgGs frente a alimentos, que carece de suficiente evidencia científica y no es apoyado por las principales asociaciones y organizaciones de profesionales de la salud.

El tratamiento de la intolerancias suele consistir en evitar el o los alimentos a los que se es intolerante, aunque en algunos casos existe la posibilidad de ingerir la enzima de la que no disponemos lo que que permite al paciente ingerir el alimento durante un período de tiempo.

Enfermedad celíaca

La enfermedad celíaca es una enfermedad de tipo autoinmune que afecta a individuos susceptibles genéticamente (aunque solo un pequeño porcentaje de los portadores de genes que confieren susceptibilidad desarrollaran la enfermedad). En la enfermedad celíaca, el sistema inmune reconoce el gluten (presente en trigo, cebada, algunos tipos de avena, espelta o centeno) y como consecuencia desarrolla una respuesta inmune. Esta respuesta daña el intestino delgado, causando una absorción inadecuada de nutrientes básicos, y es responsable de sus síntomas digestivos (diarrea, dolor de estómago, nauseas, úlceras bucales) pero también de síntomas extradigestivos (dolor en las articulaciones, acné o eczemas, neuropatías o infertilidad).

La enfermedad celíaca afecta a un 1% de la población aproximadamente, con mayor frecuencia en mujeres (hecho habitual en enfermedades de tipo autoinmune). Para el diagnóstico de la enfermedad celíaca se analiza la historia clínica, un test para determinar la presencia en suero de anticuerpos asociados a la celiaquía (aunque un test negativo no descarta la enfermedad) y si se requiere se puede realizar una biopsia intestinal para determinar alteraciones en el tejido. Además, se puede complementar con un estudio genético para determinar que la persona es portadora de los genes que confieren susceptibilidad.

El único tratamiento que existe a día de hoy para la enfermedad celíaca es una dieta libre de gluten de por vida.

Conviene distinguir la enfermedad celíaca de la alergia al trigo (mediada por IgE frente a algunas proteínas del trigo) y de lo que se conoce como sensibilidad al gluten no-celíaca, un trastorno descrito en los últimos años y que aún genera controversia.

Podéis leer más en este documento de la Sociedad Española de Inmunología o visitar la web de la FACE (Federación de Asociaciones de Celíacos de España).

Otras fuentes para profundizar: artículo (en inglés) y artículo (en español) sobre alergia e intolerancias alimentarias
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El poder de parar: meditación versus medicación.

Vivimos en una sociedad paradójica. A pesar de disfrutar de enormes avances tecnológicos que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas, tenemos que afrontar grandes retos en temas de salud.
La salud mental se ha convertido en uno de ellos.

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Espacios azules: El agua y sus beneficios ocultos

El agua cubre más del 70% de la superficie de la Tierra (a la cual nos referimos afectuosamente como  ‘planeta azul’), constituye casi el 70% de nuestros cuerpos y no podemos vivir más de cuatro días sin ella. ¿Pero conocemos realmente la importancia e impacto que tiene el agua en nuestro día a día?

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Un hallazgo en particular ha intrigado a los científicos durante las últimas dos décadas: los ambientes acuáticos o “espacios azules”, tanto en el interior de las masas terrestres como en la costa, parecen atraer a la mente humana más que otros paisajes. De hecho, una encuesta realizada por el filósofo Denis Dutton en 1997 mostró que si se agrega agua a una escena natural, ya sea de manera directa a la vista o como un distante tono azulado que el ojo interpreta como una indicación del agua, el interés por ese paisaje aumenta. Esta investigación ha sido respaldada por múltiples investigaciones, incluido un estudio más reciente que, realizado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Exeter (Reino Unido), confirmó la preferencia que tienen las personas por el agua al presentar varias imágenes de paisajes a un grupo de sujetos e introducir gradualmente más y más agua en las fotografías que se mostraban para evaluar el nivel de interés.

brain-962650_1920¿Por qué ocurre esto exactamente? Los principales expertos están de acuerdo en que nuestro afecto por el agua es el resultado de cuatro cosas. El hecho de que consideremos “hermoso” cualquier paisaje natural, incluídos los elementos de la naturaleza que ayudaron a asegurar nuestra supervivencia como especie (por ejemplo las praderas de caza, los bosques de refugio, una fuente cercana de agua, etc.) y – tal como nos explica Wallace Nichols en su libro Blue Mind (2014) – una creciente evidencia que apunta a la influencia del agua, e incluso su sonido, sobre la atención, la neuroplasticidad y la salud humana. Es decir, la capacidad del agua para (estemos ubicados en frente, encima o debajo de ella) sumergir nuestras mentes en un estado moderadamente meditativo caracterizado por la calma, la claridad y el aumento de la creatividad; su impacto positivo en el proceso de desarrollo de nuestro cerebro; y los beneficios a nivel de nuestra salud física y mental. Aunque por ahora, nadie lo sabe a ciencia cierta.

Hoteles con vista al agua. Diseño CanvaEn cualquier caso, los científicos no son los únicos que están al tanto de la situación. Los agentes inmobiliarios y los hoteleros, por ejemplo, son conscientes de que las personas están dispuestas a pagar más por las casas y habitaciones de hotel con vistas acuáticas, y de que aquellos que no pueden permitirse tales puntos de vista todavía buscan la cercanía a estos entornos en su tiempo libre. No es de extrañar que los centros turísticos costeros se encuentren entre los destinos turísticos más populares de la Unión Europea. Así mismo, los gobiernos y planificadores urbanos se encuentran actualmente buscando formas de poner este conocimiento en práctica y convertir el agua en una herramienta para promover la salud de la comunidad. Ejemplos claros de estos esfuerzos son el Proyecto Sea Change (2015) y la Iniciativa de investigación Blue Health  (2016-2020) – ambos financiados por Programa Marco de Investigación e Innovación de la Unión Europea (H2020).

Estas dos iniciativas pioneras tienen objetivos establecidos. Sea Change busca formas en las que se pueda alentar a las personas a proteger y conservar el mar a través de la educación interactiva, mientras que Blue Health se enfoca en investigar el impacto de los diferentes ambientes acuáticos sobre las enfermedades y la promoción de la salud. Al empoderar a los ciudadanos con un más profundo conocimiento de sus ríos, lagos, mares y otros cuerpos de agua (incluidos los artificiales en lugares urbanos) ambos proyectos apuntan a que las comunidades tomen medidas directas y sostenibles hacia sus “espacios azules”, lo cual se traduce en comunidades más responsables y, en última instancia, un planeta más saludable. ¿No es esto emocionante?

Dada la relativa novedad y complejidad del tema, todavía son muchas las cosas que la ciencia moderna no ha conseguido dar por hecho sobre el agua y sus beneficios. Sin embargo, la cantidad cada vez mayor de datos sugieren que es un asunto a considerar y explorar seriamente desde un punto de vista multidisciplinario e incluso a nivel internacional. No se descarta la posibilidad de que, siguiendo el ejemplo de la Unión Europea y respaldados por los resultados científicos, la economía y el inherente afecto humano por el agua, otras naciones del mundo emprendan proyectos similares en un futuro cercano.

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¿Es realmente peligroso consumir leche cruda?

El consumo de leche cruda vuelve a ser noticia desde que el pasado mes de julio la Generalitat aprobase el decreto que autoriza la comercialización de la leche cruda a granel y se iniciase un debate social acerca de los riesgos y beneficios para el consumidor; hace unos pocos días, en Estados Unidos, se producía un brote de brucelosis cuyo origen parece ser el consumo de leche procedente de una granja en Pensilvania, EE.UU.. ¿Es entonces peligroso consumir leche cruda? Sin duda, el consumo de leche cruda, sea de vaca, oveja, o cabra, puede entrañar graves riesgos para la salud.

leche

Imagen: pxhere.com

¿Cuál es el origen del riesgo?

Efectivamente, la leche puede contaminarse con microorganismos patógenos durante el ordeño, durante la manipulación posterior o, incluso, aunque en menor medida, porque el propio animal ordeñado padezca una infección sistémica o localizada en la ubre que pueda llegar a la leche. Además, este alimento, debido a sus propiedades (elevado contenido de agua, gran variedad de nutrientes y un pH casi neutro), es un magnífico medio de cultivo para muchos agentes biológicos.

Dentro de los microorganismos vehiculados por la leche y que pueden producir enfermedades en animales y personas (las llamadas zoonosis), los más conocidos, probablemente, son los causantes de la tuberculosis y la brucelosis. Pero, a pesar de la difusión mediática que puedan tener los casos de consumidores afectados (y es que se trata de enfermedades graves), en la actualidad la incidencia en nuestro país es baja, tal como afirma un estudio realizado por el comité científico de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). Sin duda, un gran logro obtenido de la aplicación de medidas de sanidad animal e higiene en la producción primaria y en el tratamiento de alimentos de origen animal.

Según la propia AECOSAN, los estudios demuestran que la mayoría de brotes relacionados con el consumo de leche cruda están causados por microorganismos patógenos externos, es decir, que contaminan la leche desde que sale al exterior y que pueden multiplicarse de manera muy activa en ella, incluso a bajas temperaturas. Se trata de agentes muy comunes y abundantes en el ambiente que pueden producir enfermedades de distinta gravedad, pudiendo ser muy peligrosos en población sensible. Estos son los más habituales:

-          Campylobacter. Produce una de las enfermedades transmitidas por los alimentos más comunes en el mundo, se estima que cada año la padecen 1 de cada 10 personas. Una de las fuentes de transmisión es el consumo de leche sin hervir o contaminada.

-          Salmonella. Es muy común tanto en animales domésticos como silvestres. Está presente a lo largo de toda la cadena alimentaria e incluso se han detectado algunos serotipos (variedades) resistentes a antimicrobianos. Por lo general, se contagia a partir de alimentos de origen animal contaminados.

-          Escherichia Coli. Se trata de una bacteria presente en el aparato digestivo de animales sanos que puede causar enfermedades graves en el ser humano, como la E. Coli productora de toxina Shiga. Esta variedad se transmite principalmente por el consumo de carne y leche crudas.

-          Listeria Monocytogenes. Este agente puede encontrarse en el suelo, en aguas residuales, en carnes, etc., es lo que llamamos un germen ubicuo. Según la AECOSAN, su presencia en leche cruda puede oscilar del 3-4% al 25% (en quesos elaborados a partir de leche cruda) de las muestras. 

¿Cómo podemos evitar el riesgo?

En lo que respecta al consumidor, la opción más segura para evitar consumir leche contaminada es elegir productos lácteos que hayan sido pasteurizados (indicado en la etiqueta), especialmente si nos encontramos dentro de los grupos de población susceptible. Así lo recomiendan numerosas organizaciones y asociaciones, como la FVE (Federation of Veterinarians of Europe). Además, existen otras precauciones que debemos considerar para minimizar posibles riesgos:

-          Mantener la cadena de frío, refrigerando preferiblemente por debajo de 5℃.

-          No almacenar leche más de 72h después de su compra.

-          Siempre, hervir la leche cruda antes de consumirla.

-          En general, cumplir con las 5 claves para la inocuidad de los alimentos.

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