Palabras clave: RNA mensajero

La transición de la vida a la muerte

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La transición de la vida a la muerte

Una flor recién cortada dentro de una jarra es capaz de seguir haciendo fotosíntesis, sigue absorbiendo agua y minerales, desprende olor. Si a un pez en el mercado se le corta la cabeza, la cola sigue moviéndose y su corazón sigue latiendo algunos minutos más. Y si cogemos las células de este corazón y las mantenemos en una placa Petri con acceso a nutrientes, se sincronizarán y volverán a hacer movimientos de latido.

Realmente, ¿dónde están el punto cuando la vida se acaba y consideramos que un ser está muerto?
¿Los humanos también nos apagamos paso a paso o hay un interruptor “off”?

Un estudio demuestra que algunos de nuestros órganos siguen funcionando después de la hora de la muerte. Durante algunas horas o días.

Bueno, no pasa en todos los órganos. El cerebro y el corazón se paran. Pero el hígado, el estómago o, por ejemplo, el músculo siguen activos. Esto se puede medir con el ARN mensajero que copia fragmentos de ADN para crear proteínas. Los cambios más grandes se detectan entre 7-14 horas post-mortem y se estabiliza a las 24 horas. Y no es que todo este proceso se vaya apagando poco a poco. En algunos tejidos incluso hay más actividad.

Basado en esta técnica, se han desarrollado modelos para predecir cuánto tiempo ha pasado desde que la persona dejó de respirar. Analizar los niveles de ARN mensajero resultaría una información precisa a corto plazo (las primeras 24 horas). De ahí que investigadores forenses estén interesados en incluirla en los protocolos existentes, como medir la temperatura corporal, observar el cambio de color de la piel o el rigor mortis.

Pero, ¿nos sorprende que algunas partes del cuerpo sigan funcionando aunque la sangre ya no circule en nuestro cuerpo? Pensemos en los trasplantes de órganos. Los pacientes los reciben en en la misma franja de tiempo (varias horas) y se integran y funcionan en el nuevo cuerpo. Las investigaciones biomédicas con células o tejidos humanos mayoritariamente se basan en muestras post-mortem (depende del tejido y que no sea un tumor). Ahora la pregunta es si estos resultados realmente representan los procesos en vivo.

Nuestro cuerpo es como una gran orquesta sinfónica. El director coordina a los órganos. Cuando esta coordinación falla, los instrumentos poco a poco dejan de sonar, se escuchan algunos sonidos hasta que sobreviene el silencio.

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