Palabras clave: Reticulitermes flavipes

Un destructor fantasma

Existe un tipo de insecto capaz de destruir una vivienda sin que el propietario lo note. Porque la destrucción que realiza es invisible a simple vista. Se alimentan fundamentalmente de madera, por eso se denominan xilófagos. Etimológicamente, la palabra proviene del griego: xylo (madera) y fago (comer).

Son las llamadas termitas subterráneas, una especie de insecto que pertenece a la familia de los Isópteros y originaria de América del Norte.

No obstante, observadores de distintos países aseguran haber visto esta especie en otros lugares de la geografía mundial.

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Fuente: El día

Estas termitas son los xilófagos que más impacto económico genera al año en los Estados Unidos dado su poder destructivo como plaga. Estudios científicos afirman que una colonia de termitas madura puede llegar a contar con más de 10 millones de miembros. Además, la reina principal de la colonia, pone entre 5.000 y 10.000 huevos al día, de forma que el crecimiento de este tipo de comunidades es exponencial y muy difícil de controlar por el ser humano.

Se trata de un tipo de organismo que huye de la luz, por eso crea sus colonias subterráneas cerca de sus fuentes de alimento predilecto: madera, cartón y papel.

Algunos de estos termiteros se pueden encontrar a más de 40 metros de profundidad, lo que dificulta en gran medida los trabajos de eliminación de las colonias por parte del ser humano. En ocasiones pueden verse en la superficie cuando transportan la comida. Tienen “estómago social”, es decir, trasladan el alimento en sus estómagos desde el lugar en el que lo encuentran hasta el termitero, donde lo ceden a otros miembros de la comunidad.

En la isla de Tenerife se ha advertido la presencia de este tipo de insecto desde hace varios años y la preocupación de habitantes y expertos no para de crecer. En concreto se ha identificado una de los tipos más virulentos, llamado científicamente Reticulitermes flavipes.

Ya hay varios colectivos afectados por la plaga, cuyas casas se han visto seriamente perjudicadas y que incluso han tenido que reemplazar muebles de madera por otros de plástico para paliar la voracidad de las termitas.

Ademas, el problema se está agravando aún más y han comenzado a denunciarse los primeros daños en cultivos en Tacoronte, uno de los municipios con mayor tradición agrícola de la isla. Los insectos han empezado a arrasar los troncos de vid en varios terrenos de la zona y según afirman los vecinos, las fincas abandonadas que abundan en los alrededores también están infectadas de colonias de termitas y de nada sirve “limpiar” solo algunas de ellas, a la vista de la capacidad expansiva de la plaga.

Varias agrupaciones políticas han reclamado al gobierno planes estratégicos urgentes, capaces de frenar el fenómeno antes de que llegue a núcleos urbanos como La Laguna, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO,  cuyo patrimonio artístico, con abundante madera, podría servir de alimento a las termitas.

Tres biólogos de la Universidad de La Laguna, David Hernández Teixidor, Daniel Suárez Ramos y Javier García Pérez, han mostrado su preocupación por los destrozos que han provocado hasta el momento las Reticulitermes flavipes ya que, según afirman, su poder destructivo es mucho mayor al de otras especies similares identificadas en el pasado.

A pesar de que según los expertos la plaga “sólo” avanza cien metros de forma natural cada año, existe el riesgo de que su propagación a otros puntos geográficos se produzca mediante el traslado accidental de las termitas que se cuelen en árboles frutales o en plantas ornamentales.

De hecho, los especialistas creen que este es el motivo por el cual se han encontrado ejemplares de estos insectos en otro municipio de la isla, Valle de Guerra, ubicado a unos 60 kilómetros de distancia de Tacoronte, el primer pueblo en el que se detectaron.

El Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife efectuarán una importante inversión de aproximadamente 10 millones de euros para frenar el avance de la plaga. Esta acción se realizará mediante la empresa pública Gestión del Medio Rural (GMR), adscrita a la Consejería de Agricultura, y que cuenta con experiencia previa en la lucha contra la plaga del picudo rojo de las palmeras, que ha afectado a las islas el los últimos años.

Por su parte, representantes de la empresa multinacional sueca Anticimex, especializada en la erradicación de plagas, aseguran que han tratado de combatir las termitas en Tacoronte desde el año 2010 y que “han mostrado resistencia a los tratamientos habituales”. En declaraciones al periódico El día, David Mora, jefe técnico nacional de la empresa, afirma que “el problema actual para el control de esta plaga es que solo se han tratado las viviendas afectadas y no se ha intervenido de forma global, por este motivo esta plaga se está expandiendo”.

Mora aporta una solución al problema y reivindica que ha demostrado su eficacia, tras varios estudios en el laboratorio y en campo, con la especie Reticulitermes flavipes. Se trata del Hexaflumurón, un producto que inhibe el crecimiento de las termitas y que ha servido para erradicar estos insectos en “más de cien propiedades” afectadas por la plaga en Tacoronte, en los que esta empresa actuó con éxito.

Esta sustancia se coloca en el interior de una celulosa que las termitas se comen y cuyo efecto debilita a cada ejemplar y a la colonia de forma progresiva. Además, el experto afirma que esta solución es “es un sistema inocuo para el ser humano o animales”.

Existen evidencias científicas de que el uso del Hexaflumurón es eficaz para combatir a la especie Reticulitermes flavipes y que ha funcionado para resolver casos similares en otras regiones del mundo, como en Estados Unidos y Chile.

Habrá que esperar para ver si gracias a estos proyectos de erradicación se consigue eliminar por completo la plaga o al menos mantenerla bajo control. Nada menos que el futuro de las viviendas, el patrimonio y la agricultura de la isla está en juego.

 

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