Palabras clave: neuroplasticidad

¿Por qué todos hablan de neuroplasticidad?

Tal vez no lo sepas, o tal vez nunca te lo contaron. El cerebro es un órgano plástico capaz de modificar su estructura y su funcionamiento a partir de nuevas conexiones neuronales, que se producen en respuesta al estímulo, el entorno y la experiencia. Este fenómeno es lo que la neurociencia ha denominado neuroplasticidadtambién conocida como la “renovación de cableado cerebral”. La neuroplasticidad, o plasticidad neuronal, se pone en marcha diariamente en diferentes actividades que realizamos. Pero lo sorprendente, y alentador, es que los principios de la neuroplasticidad son elementos muy valiosos para fundamentar y realizar alternativas de tratamiento fisioterapéutico, intervenciones, terapias y diversas técnicas para la rehabilitación de personas que han sufrido algún tipo de daño o lesión en el cerebro, como la parálisis cerebral.

¿Te interesa seguir leyendo sobre este enigmático proceso?

Neuroplasticidad y parálisis cerebral

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Un breve recorrido por la neuroplasticidad

La neuroplasticidad, o plasticidad neuronal, se ha convertido en objeto de estudio privilegiado en la neurociencia. Al tratarse de una importante propiedad del cerebro en respuesta a la estimulación, entrenamiento y experiencias, la ciencia ha estado acumulando evidencia con un impacto importantísimo en las acciones terapéuticas y, por lo tanto, en la salud de los seres humanos. El fenómeno es realmente complejo. Por ello, ofrecemos una infografía que tiene como objetivo sintetizar los principales aspectos sobre el tema para todos aquellos que buscan oportunidades y nuevos caminos.

 
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https://infogram.com/neuroplasticidad-1h7z2l5gprvx6ow?live

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El poder de parar: meditación versus medicación.

Vivimos en una sociedad paradójica. A pesar de disfrutar de enormes avances tecnológicos que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas, tenemos que afrontar grandes retos en temas de salud.
La salud mental se ha convertido en uno de ellos.

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Plasticidad neuronal: el cerebro también puede ir al gimnasio y ponerse en forma

El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender 

Plutarco

(Historiador, biógrafo y filósofo moralista griego)

¿Cuántas veces nos han dicho que las neuronas que mueren no se reemplazan? ¿Cuántas veces hemos escuchado que no se producen nuevas neuronas? Cada vez que esto ha llegado a mis oídos he sentido algo de ansiedad. ¡¿Acaso el cerebro se va “vaciando”?!

Pero la ciencia, con su fascinante vertiente -la neurociencia-, nos abre las puertas al intrigante mundo del cerebro y nos está demostrando lo contrario. Los descubrimientos son avances que suponen un grito de esperanza no solo para los adultos que van envejeciendo sino también para los niños, jóvenes y adultos que han sufrido algún tipo de lesión cerebral, como parálisis cerebral, accidente cerebrovascular, demencia senil, párkinson y alzhéimer.

Ahora todos hablan de la plasticidad neuronal, o la neuroplasticidad, definida por los especialistas como la capacidad del sistema nervioso para adaptarse al cambiar y regenerar su estructura anatómica y su funcionamiento a partir de los estímulos, la experiencia y la interacción con el entorno.

La novedad es ciertamente esperanzadora: si bien la plasticidad cerebral tiene su apogeo en el niño, no desaparece en el adulto, como solía creerse. Los especialistas identifican dos períodos principales en la adaptabilidad del cerebro: el período crítico y la plasticidad adulta. En el período crítico el cerebro adquiere los componentes necesarios para su actividad y su estructura final. Es en este momento cuando la experiencia sensorial es crucial. Durante la etapa de plasticidad adulta el cerebro se vuelve cada vez más resistente a aprender a partir de la experiencia. Esto no quiere decir que el aprendizaje sea imposible, pues ciertas conexiones se mantienen lo suficientemente plásticas para lograr el aprendizaje. En esta fase de la adaptabilidad cerebral, la atención y el deseo de querer lograr algo son fundamentales para que las redes neuronales del adulto puedan reconfigurarse para maximizar las probabilidades de repetir situaciones beneficiosas.

Prueba de la plasticidad es el modo en que se desarrolla el cerebro humano. El desarrollo del cerebro se distingue al de otros mamíferos por dos razones fundamentales: en primer lugar, el cerebro necesita aproximadamente dos décadas para completarse; en segundo lugar, el cerebro del recién nacido es apenas un cuarto del tamaño que alcanza en la adultez. Durante este extenso período de desarrollo, el niño recibe señales del mundo exterior y es precisamente el entorno el que deja huellas en los circuitos neuronales. Es así que la experiencia y el contexto van modelando al cerebro. Sin embargo, reconocer cómo influye el ambiente en el funcionamiento del cerebro no desestima los procesos moleculares y celulares genéticamente programados. El cerebro es, entonces, una intrigante combinación de estímulos externos y procesos biológicos.

Dicho trabajo conjunto del entorno y los genes no es un detalle menor. Es innegable que los genes son fundamentales para la construcción y función del cerebro, pero también es una certeza que las actividades, experiencias y procesos de aprendizaje son capaces de reconfigurar la conectividad del cerebro y modificar profundamente el comportamiento de una persona. La interacción entre el mundo exterior y la actividad neuronal permite que el ambiente influya en la forma y la función del cerebro para producir respuestas impredecibles y adaptables.

Entonces, si la experiencia modela los circuitos neuronales y estos cambios modifican las facultades mentales, ¡el cerebro también puede ir al gimnasio y ponerse en forma!

www.imagenesmy.com
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La era en que pensábamos que el cerebro era rígido y fijo terminó ya hace tiempo. A finales de los 70 y comienzos de los 80 las investigaciones en el campo de la neurociencia arrojaron la primera evidencia de plasticidad motora y sensorial en el cerebro adulto. Desde entonces, la plasticidad neuronal se ha convertido en uno de los paradigmas centrales del cerebro humano. Ahora sabemos que el cerebro es capaz de modificar la organización de sus circuitos en función de la experiencia y que, además, el cerebro sí produce nuevas neuronas. Esta habilidad increíblemente sorprendente de compensar insuficiencias se facilita si se encuentran formas de estimular el potencial latente que tiene el cerebro. En efecto, se ha comprobado que la estimulación del cerebro facilita la producción de nuevas neuronas. La adaptabilidad de los circuitos hace posible que el cerebro se alimente constantemente de información motora y sensorial, pues el cerebro es receptivo y puede integrar y registrar el mundo en sus circuitos aún décadas después del nacimiento de una persona, siempre y cuando la estimulación sea adecuada.

Por esto, se hacen muchos esfuerzos para llevar a cabo investigaciones científicas sobre la plasticidad, con el objetivo de lograr la recuperación funcional, parcial o total, del cerebro en pacientes con desórdenes neurológicos. Para alcanzar mayores especificaciones, las diferentes investigaciones se enfocan en las particularidades del fenómeno de la neuroplasticidad, como el equipo liderado por el Dr. Alejandro Schinder en la Fundación Instituto Leloir de Argentina, recientemente distinguido por la Academia Mundial de Ciencias. Las contribuciones teóricas de los distintos estudios han permitido sistematizar conceptos clave para una mayor comprensión del fenómeno, como por ejemplo las tres formas más importantes de plasticidad.

Fotografía: Vanina L. Muñoz
Fotografía: Vanina L. Muñoz

Aunque todavía es necesario recorrer un extenso camino sobre los mecanismos y funciones de la neuroplasticidad, los datos proporcionados por la ciencia han permitido desarrollar nuevas terapias y han provocado importantes avances en la medicina regenerativa. Gracias a los nuevos abordajes y las nuevas estrategias terapéuticas, la rehabilitación del cerebro dañado trae esperanza y aliento. Es posible recuperar el cerebro de ciertas limitaciones, al menos parcialmente, porque contrario a lo que creímos durante mucho tiempo, la construcción del cerebro nunca está completamente acabada: es dinámico y evoluciona; es flexible y se adapta.

 

 

El cerebro, esa compleja maravilla con billones de células, no es inalterable, estático y fijo. En efecto, cambia a nivel estructural y funcional. Esto lo convierte en un objeto fascinante que nos da la posibilidad de lograr en un futuro acciones que somos incapaces de hacer ahora o hacer cosas en el presente que no podíamos hacer en el pasado.

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