Palabras clave: microbiología

El descubrimiento del primer antibiótico

El primer antibiótico fue descubierto por Alexander Fleming en 1928: la penicilina. Su descubrimiento supuso una gran revolución en el mundo de la medicina al permitir curar infecciones causadas por bacterias. Todos hemos escuchado cómo Fleming descubrió la penicilina por casualidad cuando sus cultivos se contaminaron con un moho, como el del pan, que se coló por la ventana. Aunque la historia no es exactamente así, el azar tuvo mucha importancia en este avance científico. Pero, ¿se debió todo a la suerte?

Cómo dijo Picasso, “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

El descubrimiento de la penicilina

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La microbiota humana: ¿quién vive dentro de tí?

Nuestro cuerpo es un ecosistema habitado por una gran variedad de microorganismos. Descubre más de la microbiota humana.

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Un futuro sin antibióticos

La perdida de eficacia de los antibióticos ante las infecciones es una de las principales amenazas para la salud mundial. La resistencia a antibióticos causa 700.000 muertes al año en  todo el mundo y se espera que esta cifra ascienda a más 10 millones en 2050.

Píldoras (Fuente: Pixabay)
Píldoras (Fuente: Pixabay)

Alexander Fleming descubrió el primer antibiótico, la penicilina, en 1928, lo que supuso una gran revolución en el mundo de la medicina. Hasta entonces las enfermedades infecciosas eran la primera causa de muerte en todo el mundo. Los antibióticos son medicamentos capaces de curar infecciones causadas por bacterias. No tienen efecto sobre otros microorganismos infecciosos como hongos o virus, por ejemplo el virus de la gripe, para los cuales deben utilizarse los tratamientos específicos adecuados. Además de tratar enfermedades producidas por bacterias, los antibióticos nos han permitido aplicar técnicas terapéuticas que sin su cobertura hubieran sido inviables debido a las complicaciones infecciosas, como una simple extracción de muelas.

Campaña de concienciación sobre el uso de los antibióticos (Fuente:OMS)
Campaña de concienciación sobre el uso de los antibióticos (Fuente:OMS)

Cada vez más antibióticos dejan de ser eficaces contra las infecciones. La resistencia a los antibióticos es un fenómeno natural; sin embargo, el uso indebido de estos fármacos lo está acelerando. La sobreexposición a antibióticos propicia que se mantengan formas bacterianas resistentes. Además, es especialmente importante completar los tratamientos, ya que al interrumpirlos no eliminamos todas las bacterias y a estas les será más fácil enfrentarse en el futuro a un antibiótico que ya conocen. Cuando las bacterias se hacen resistentes a un antibiótico, para acabar con ellas necesitamos principios activos más agresivos, qué también son más tóxicos para nosotros.

Encontrar nuevos antibióticos es difícil y, aunque lo consigamos, si no se modifica nuestro comportamiento también dejaran de funcionar pronto. Tomar antibióticos sin ser recetados por un médico, usarlos contra infecciones víricas como la gripe o no completar los tratamientos, incrementa la aparición de bacterias resistentes. La OMS alerta de que debemos hacer un uso más responsable  y tomar antibióticos sólo cuando sea necesario y siguiendo siempre las indicaciones de los profesionales sanitarios. También son necesarias otras acciones que eviten la propagación de las infecciones como la vacunación o mantener buenas practicas de higiene.

Los antibióticos dejan de ser eficaces cuando una bacteria muta y obtiene los mecanismos de resistencia para sobrevivir en presencia de este. Por tanto, son las bacterias y no nosotros quienes se vuelven resistentes. El principal problema es que las bacterias tienen una gran capacidad de adaptación al medio y, además, lo hacen de forma muy rápida. Una bacteria puede experimentar una mutación en su ADN que le aporte la información necesaria para sobrevivir a un determinado antibiótico. Al replicarse, lo cual puede suceder en tan solo media hora, tendremos dos bacterias resistentes. Cuando estas se repliquen serán cuatro, luego ocho y así sucesivamente, de forma que en pocas horas podemos tener cientos de bacterias resistentes a ese antibiótico.

Aparte de la herencia entre madres e hijas, las bacterias tienen la capacidad de intercambiar información genética. De esta forma, en una población de bacterias los mecanismos de resistencia a un antibiótico pueden ser diseminados entre ellas.

Cada vez más infecciones son difíciles de tratar debido a la perdida de eficiencia de los antibióticos, como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea o la salmonelosis. Los científicos llevan años alertando de este problema, que parece haber sido recogido ahora por los políticos, con medidas como la puesta en marcha del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN). A no ser que cambie nuestra conducta, llegaremos a un punto en el cual no dispondremos de antibióticos eficientes contra las bacterias y muchas infecciones comunes y lesiones menores volverán a ser causa de muerte.

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¿La microbiología en jaque?

Los microbiólogos se dedican a estudiar los microorganismos, es decir, las bacterias, hongos y otros seres microscópicos que tan molestos o útiles nos pueden resultar.

Desde hace algo más de una semana, el mundo de la microbiología está revolucionado.

El motivo: la escasez de un alga llamada Gelidium.

Muy bien, ¿y qué tiene eso que ver con la microbiología?

Para poder estudiar un microorganismo hay que mantenerlo en el laboratorio, es decir, cultivarlo. Y para  eso hay que darle de comer, como a cualquier ser vivo. Es relativamente fácil dar de comer a la bacteria media: sólo hay que prepararle un caldo nutritivo (hoy en día se venden en polvo) y dejarlo en un lugar calentito. Pero muchas veces se necesita que crezcan separadas, para poder visualizar sus colonias y manipularlas independientemente. Para eso hay que cultivarlas en lo que se conoce como placas de agar o placas de Petri.

Placa de agar en la que se ha cultivado una bacteria. En cualquier nevera de un laboratorio de microbiología puede haber de decenas a centenares de placas de agar. Fuente: Stefan Walkowski, vía Wikimedia Commons.
Placa de agar en la que se ha cultivado una bacteria. En cualquier nevera de un laboratorio de microbiología puede haber de decenas a centenares de placas de agar. Fuente: Stefan Walkowski, vía Wikimedia Commons.

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