Palabras clave: eugenesia

¿Vamos hacia la segunda era de la eugenesia?

De adolescentes todos estudiamos un poco de genética. ¿Quién no recuerda, al menos borrosamente, aquellos problemas: cruzabas plantitas con guisantes de diferentes colores y podías predecir cómo sería la descendencia.

EugenesiaTe pintaban la genética como algo relativamente fácil. Además, te decían, sus leyes se aplican a todos los seres vivos incluyendo a los seres humanos. De hecho en los años posteriores al nacimiento de la genética se creía que todas nuestras características se podrían describir tan fácilmente (o casi) como los famosos caracteres con los que trabajó Mendel. Tal era el optimismo que estas ideas científicas, que ahora sabemos incorrectas, se extendieron a buena parte de la sociedad y a la política. Así, a principios del siglo XX muchos países decidieron utilizar la nueva ciencia de la genética para mejorar sus poblaciones.

La idea estaba clara: se puede mejorar la especie humana utilizando los conocimientos que la genética nos brinda. Ésta visión simplista de la genética hizo que en Estados Unidos y en muchos países de Europa aparecieran leyes encaminadas a conseguir sociedades formadas por individuos genéticamente perfectos. Había nacido la eugenesia.

EugenesiaPoco a poco se vio que las ideas eugenésicas eran inalcanzables, tenían más de prejuicio que de ciencia. Su falta de rigor fue denunciada por la comunidad científica en general. Aún con esto, muchos países aplicaron leyes eugenésicas durante las primeras décadas del sXX. Algunas de las más atroces fueron las aprobadas durante el III Reich. Solo en Alemania se esterilizó a 400.000 personas alemanas consideradas de raza “aria” pero con características indeseables: alcoholismo, baja inteligencia… Se tardó más de lo debido pero, al final, la falta de rigor científico y las atrocidades cometidas por los nazis mataron a la eugenesia.

Han pasado décadas desde aquello y la ciencia ha avanzado mucho. Ahora sabemos mucho más sobre la naturaleza de características como la inteligencia o la personalidad. Sabemos que estas características tienen efectivamente una base genética pero también sabemos que están muy influidas por el ambiente.

En los últimos años las técnicas de edición genética han sufrido una revolución y son ya muchos los artículos y libros que hablan de la posibilidad, quizás no muy lejana, de poder tener hijos a la carta. Se especula que, en pocas décadas, los padres podrán decidir dar a sus hijos una ayuda en la lotería genética. ¿Porque dejar al azar características como el riesgo de tener depresión, ansiedad o baja inteligencia?

¿Cómo negarle a tu futuro hijo todas las ventajas que puedas darle? “El mundo es duro y si no lo hago yo, lo harán los demás”, pensarán muchos padres.

Hay empresas que ya venden test poligenéticos que predicen el riesgo de padecer múltiples enfermedades. El primer bebé seleccionado para tener el mínimo riesgo de padecer 11 de las enfermedades genéticas más frecuentes nacerá en unos meses.

 Muchos científicos piden bajar las expectativas, quizás se nos está vendiendo más humo que otra cosa. Los test poligenéticos que predicen el riesgo de sufrir enfermedades o el cociente intelectual de los niños, son aún muy poco fiables.  Algunos pagarán mucho dinero por algo que en realidad es menos influyente en el desarrollo de sus hijos que una buena educación o una nutrición adecuada.

Quiero hablar aquí no tanto de si podremos llegar a elegir nuestras características genéticas, sino de si realmente debemos aspirar a hacerlo. Creo que hay que hablar de dónde poner las líneas rojas. Creo que hay que hablar de quién podrá pagarlo.

Deberíamos tener un marco ético claro y consensuado para cuando éstas tecnologías estén disponibles.

Ben Taylor (Flickr)
Ben Taylor (Flickr)

Crear la tecnología para obtener características genéticas a la carta es muy difícil pero creo que es solo cuestión de tiempo que esté disponible. Crear esa tecnología y hacer además que sea segura, supone un reto adicional. Debemos trabajar en los retos de la seguridad y la ética de antemano.

Mi mayor miedo sería que resolviéramos todos los retos técnicos antes de tener bien resueltos los dilemas éticos y de seguridad.

Tiendo a ser optimista, no creo que la mera llegada de estas tecnologías nos vaya a llevar a una distopía tipo “Black Mirror”. Ahora bien, me da miedo llegar a vivir en un mundo donde estas tecnologías no estén al servicio del bien común sino al servicio de unos pocos y dominadas por las leyes del mercado. ¿Quién podrá beneficiarse de estas técnicas?, ¿quién podrá pagarse un hijo genéticamente privilegiado? Imaginad que solo una pequeña parte de la población puede permitirse el lujo de eliminar enfermedades graves de su estirpe o de mejorar características como la inteligencia de sus hijos. Es evidente; las diferencias sociales que podrían aparecer no tienen precedentes.  Debates como estos deben empezar a plantearse en todas las capas de la sociedad. Podríamos estar avanzando sin darnos cuenta hacia un mundo dominado por un nuevo tipo de eugenesia.

El comienzo del siglo XX estuvo marcado por la eugenesia totalitaria de algunos estados. No dejemos que el siglo XXI sea el siglo de la eugenesia (neo)liberal.

Sebastià Benejam Ríos (@sebasbenejam)

 

 

 

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Determinismo en el siglo XXI

¿Puede la forma de la cara o el tamaño y disposición de ciertos elementos craneofaciales ser indicativos de rasgos de carácter? ¿Está codificada en nuestros genes la información sobre nuestro comportamiento o intervienen otros elementos en su conformación?

Los determinismos biológico y genético no son nuevos, pero investigaciones actuales abren el debate.

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