Palabras clave: aprendizaje

Neurobiología vegetal: la última frontera entre la ciencia y la ética

En los últimos años, el vegetarianismo y el veganismo se han convertido en tendencias globales en las que el número de personas que adoptan estas filosofías de vida crece exponencialmente cada año. El consumo de productos libres de crueldad animal es la respuesta a un sentimiento de empatía hacia individuos de otras especies que se ha ido desarrollado y calando en la sociedad gracias al avanzado conocimiento generado sobre el mundo animal y la autocrítica a nuestros hábitos y el impacto resultante de éstos. En otras palabras, todas aquellas personas que abrazamos estas ideas hemos reflexionado sobre las consecuencias de nuestras acciones y hemos aprendido cuál es realmente nuestro lugar en este complejo ecosistema de interrelaciones entre especies: cuál es nuestro papel en el equilibro de las cosas. O al menos, eso creemos…

Cuando un omnívoro se interponte entre tu ética y tu plato, el principal reproche es que las plantas también son organismos vivos, e irónicamente, se nos cuestiona nuestra compasión hacia ellas. El contraargumento que se suele proporcionar es que los organismos vegetales no sienten dolor porque no tienen un sistema nervioso y, por tanto, no sufren. Este razonamiento, personalmente, nunca ha terminado de convencerme y, para defender mi postura, siempre he recurrido a otros argumentos, como la organización modular de las plantas y su capacidad de autorregeneración. Aún así, estas explicaciones no resuelven la cuestión de si mi postura, realmente, está libre de sufrimiento. ¿Cómo podemos estar seguros de que las plantas no sienten dolor? Aunque un animal tenga capacidad de regenerar sus extremidades, como ocurre con las estrellas de mar, ¿nos parece ético amputarle un brazo para hacer un guiso? Entonces, ¿por qué no nos importa hacérselo a una planta?

Está claro que tratar de dar una respuesta a todas estas preguntas es, como mínimo, polémico. Pero, en mi búsqueda de intentar comprender el impacto de mis decisiones sobre los individuos que conforman el mundo vegetal he descubierto cosas increíbles sobre las plantas que cambian totalmente el marco conceptual que tenemos de estos organismos. Este es mi pequeño homenaje a las plantas: unos seres silenciosamente activos y con una extraordinaria vida secreta que pocos conocen…

Raíces y neuronas
Tras este pequeño viaje al fascinante mundo oculto de las plantas, queda todavía una pregunta por resolver: ¿las plantas sienten dolor? La respuesta no está clara, pero la ciencia no está muy lejos de resolver este enigma. Se sabe que las plantas pueden producir anestésicos al igual que nosotros liberamos sustancias químicas para calmar el dolor de forma natural. Además, estudios recientes han demostrado que las plantas responden a la anestesia empleada en humanos de forma similar a como lo hace nuestro cuerpo.

Plantearnos si es ético o no comerse una planta, más allá de los problemas que se derivan de la agricultura industrial, nos supondría un tremendo dilema. Pero, en cualquier caso, lo que sí debemos plantearnos es la forma en la que observamos y nos aproximamos a estos extraordinarios organismos, con los que hace mucho mucho tiempo compartimos un ancestro común.

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