El poder de parar: meditación versus medicación.

Vivimos en una sociedad paradójica. A pesar de disfrutar de enormes avances tecnológicos que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas, tenemos que afrontar grandes retos en temas de salud.
La salud mental se ha convertido en uno de ellos.

En los últimos años, y gracias a las investigaciones científicas que demuestran su utilidad, técnicas basadas en la meditación,  como el mindfulness, están siendo aplicadas en diversos ámbitos para hacer frente a una de las mayores lacras de nuestra sociedad: la salud mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para el año 2030 los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo. Actualmente la depresión ya se considera una de ellas, afectando a más de 300 millones de personas en todo el mundo. España es el cuarto país de Europa con más casos de depresión, con más de 2 millones de personas afectadas.

Depression_victor-duenas-teixeira-437689-unsplashDe acuerdo con un artículo publicado en Octubre de 2018 en el blog médicos y pacientes.com de la Organización Médica Colegial de España,  según la Encuesta Nacional de Salud de nuestro país, al menos 1 de cada 10 personas consume tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir y 1 de cada 20 toma antidepresivos o estimulantes. De igual manera, las cifras de salud mental en población infantil y juvenil no son demasiado halagüeñas como se deduce de los datos que figuran en este post publicado por la Confederación Salud Mental.

Ante este panorama tan poco alentador cabría preguntarse acerca de otras opciones, además de las ya conocidas farmacológicas o psicoterapéuticas, que pudieran contribuir a solventar o mejorar estos problemas en los pacientes y, además, aliviar la enorme carga económica y social que conllevan.

En contra de lo que algunos hubieran podido imaginar, está siendo una técnica tan milenaria, sencilla y económica como la meditación la que  está aportando un soplo de aire fresco y esperanza en la vida de muchas personas víctimas de estas enfermedades estrechamente relacionadas con el estilo de vida actual.

Un hito importante en este camino se produjo en los años 80,  en Estados Unidos, con la creación del Instituto Mente y Vida. Este centro de investigación fue impulsado y respaldado desde sus inicios por figuras de la relevancia del Dalai Lama y del neurocientífico Francisco Varela y su misión es aliviar el sufrimiento integrando el conocimiento científico con las tradiciones que hacen uso de prácticas contemplativas como la meditación.

Desde su creación, numerosos neurocientíficos, pertenecientes a este instituto o a distintas  universidades, algunas de ellas muy prestigiosas, han estudiado la forma en que la meditación afecta a nuestro funcionamiento cerebral y a la totalidad de nuestro organismo.

Gracias a estas investigaciones, unidas a la importancia que ha tenido el descubrimiento de la neuroplasticidad (mecanismo por el cual un comportamiento repetido puede generar cambios en las conexiones neuronales), estamos empezando a conocer los efectos profundos que una práctica como la meditación puede tener en nuestro cerebro y de qué manera puede cambiarlo y, con ello, ayudarnos a mantener o mejorar nuestra salud.

Beneficios tales como disminución del stress, así como de los síntomas asociados a la depresión, desórdenes de ansiedad, dolor, insomnio, aumento de la capacidad de atención o de la percepción de la calidad de vida, han sido ya relacionados con la práctica de la meditación y validados científicamente.

La Dra Sara Lazar, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, es una neurocientífica que lleva varios años estudiando los efectos de la meditación en el cerebro. En esta charla TED, la Dra Lazar presenta algunos de sus interesantes resultados:

Entre los distintos efectos observados en estos estudios, se ha constatado que:

1. La meditación puede prevenir el deterioro natural de la estructura cortical asociado con la edad. Este deterioro afecta a la capacidad de averiguar y recordar cosas.

2.  En el caso de las personas practicantes de meditación, se observó un aumento de la materia gris en la región del hipocampo izquierdo. Esta zona está relacionada con el aprendizaje, la memoria y la regulación de las emociones y se encuentra disminuida en los casos de depresión y trastornos de stress post-traumático.

3. La unión temporoparietal, implicada en el desarrollo de la perspectiva, la empatía y la compasión, aumenta con la práctica de la meditación.

4. Igualmente, la meditación disminuye el tamaño de la amígdala, que es la parte del cerebro implicada en emociones relacionadas con el stress.

Matthieu Ricard, biólogo molecular, que posteriormente se hizo monje budista, saltó a la fama en 2004 como el “hombre más feliz del mundo” tras conocerse los resultados de un estudio llevado a cabo por las universidades de Madison-Wisconsin, Princeton y Berkeley sobre el efecto del entrenamiento mental en el cerebro. Al estudiar mediante resonancia magnética, el cerebro de Matthieu Ricard,  se detectó una actividad extraordinaria de su corteza prefrontal izquierda, asociada a las emociones positivas. Por supuesto, este resultado no es extrapolable al común de la población, pero sí que fue un resultado sugestivo de los efectos que la práctica de la meditación puede llegar a producir en el cerebro. En este episodio del programa REDES titulado La Ciencia de la Meditación se aborda el tema e incluye una entrevista con el propio Matthieu Ricard.

Experimentos como los llevados a cabo por John Teasdale en la Universidad de Cambridge, o Zindel Segal en la Universidad de Toronto, donde se ha demostrado que la práctica de la meditación reduce el riesgo de recaída en pacientes afectados de una depresión grave y que tiene un efecto protector ante la recidiva equiparable al de la terapia antidepresiva standard de mantenimiento, hacen que esta  técnica vaya ganando un interés a tener muy en cuenta de cara a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por este tipo de problemas, además de ejercer un efecto preventivo en las que no los padecen.

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Dicho esto, yo medito, ¿Y TÚ?

 

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