El “axolotl” mexicano, un aliado de la medicina en peligro de extinción

Ambystoma mexicanum

Joana Pi-Suñer

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 El ajolote, del náhuatl āxōlōtl (animal de agua de piel lisa) es una especie de anfibio caudado de la familia Ambystomatidae. Los caudados son conocidos como salamandras y tritones, y el ajolote pertenece a la familia de las salamandras topo. Es endémico del sistema lacustre del Valle de México  y ha tenido una gran influencia en la cultura mexicana. También conocido como “pez caminante mexicano”, este animalito que suele caminar por los fondos de los lagos no es un pez.

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Una de las características principales es su capacidad de regenerar algunas partes del cuerpo, cuando son mutiladas por depredadores en su ambiente natural, incluyendo órganos internos como células cardiacas y neuronas cerebrales. Por desgracia, los ajolotes o monstruos de agua se encuentran en peligro crítico de extinción desde 2006. Con la apariencia de un renacuajo gigante con patas y cola, estas curiosas salamandras parecen muy simpáticas, y con su gran sonrisa han conquistado el corazón de los mexicanos.

 

Como lo describe su nombre, tienen la piel lisa y viven en el agua, también tienen el cuerpo alargado y los ojos pequeños. La coloración del ajolote es muy variable: en estado silvestre, la mayoría son de color café oscuro con el dorso negro, con manchas oscuras débiles en flancos y dorso. Aunque en cautiverio existen variaciones claras y albinas, como el llamado rosado o dorado, las cuales son las más bonitas.  

 

ajolote  

 

Es una especie neotenia, es decir, que puede alcanzar la madurez sexual reteniendo sus características larvarias y al contrario que la mayoría de anfibios no pasa por un proceso de metamorfosis. Una indicación de esto es que, en lugar de que le crezcan los pulmones como a la mayoría de las salamandras, mantienen las branquias hasta la edad adulta. Es por esto que se caracterizan principalmente por tener tres pares de branquias externas que le salen desde la base de su cabeza y van hacia atrás. Éstas le permiten al anfibio respirar, y extraer el oxígeno (O2) disuelto en el agua y transferir el dióxido de carbono (CO2) al medio.

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Este simpático anfibio se alimenta de pequeños peces y crustáceos de río, como langostas de río, así como otros pequeños organismos que se encuentran en la profundidad de los canales de Xochimilco. Su manera de atrapar el alimento es por medio de succión repentina, utilizan sus pequeños dientes para retener a su presa, la cual tragan completa. Cuando se alimenta, el “axolotl” parece bailar o saltar en el río. No obstante, esta especie de salamandra practica el canibalismo.

 

   

 

Son animales solitarios y escurridizos, aún no se conoce ningún tipo de interacción entre individuos, en excepción al apareamiento. Como todos los animales, tienen un ciclo de fecundidad específico, en este caso es anual. Durante cada invierno, las hembras pueden poner de 500 a 1200 huevecillos los cuales tienen un tiempo de incubación  de dos semanas. Pocos ajolotes sobreviven en los primeros días de vida, al ser muy vulnerables frente a los depredadores.  

 

A lo largo de su vida, mantiene su estado larvario y vive aproximadamente 10 años en libertad, aunque por otro lado sobrevive hasta 30 años en cautiverio. Los monstruos de agua llegan a medir 40 centímetros. Por desgracia, este hermoso anfibio se encuentra en peligro crítico de extinción desde hace 13 años.

Poco a poco ha ido desapareciendo de los lagos y ríos del Valle de México, existiendo ahora únicamente en los canales de Xochimilco. Estos canales son una atracción turística muy importante de la Ciudad de México con sus paseos en trajinera, también conocida como chinampa se trata de una embarcación de madera utilizada antiguamente para la transportación de comerciantes en los antiguos canales del antiguo Tenochtitlán.

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En los últimos años, la especie ha sido amenazada por el humano, principalmente por la pesca ilegal y el mercado negro, los mexicanos suelen tenerlos en cautiverio o incluso comerselos. También sus depredadores como la mojarra tilapia (una plaga descontrolada de peces en Xochimilco), la garza blanca y  la contaminación de los canales han causado la disminución exagerada de población. En nuestras manos está el hacer todo posible para que este maravilloso animal no desaparezca. 

Hace veinte años se calcularon mil ajolotes por kilómetro cuadrado, hace diez años fueron sólo cien en la misma superficie y hace 4 años se calculó un ajolote por cada tres kilómetros.

Esta situación alarma mucho a los científicos, ya que gracias a su regeneración, los ajolotes brindan conocimiento científico novedoso. Estos animalitos pueden regenerar patas y cola, así como células cardiacas y neuronas cerebrales. Es una mina de oro científica y su estudio puede ayudar a salvar miles de vidas.  

Según un estudio publicado en la revista científica Archivos de Cardiología de México, realizado en 2005, estudiar la regeneración miocárdica del ajolote permitiría tener los fundamentos básicos para a futuro abordar aspectos terapéuticos pertinentes en humanos.

 “Representa un modelo potencial para estudiar los mecanismos que regulan la regeneración miocárdica en vertebrados adultos in vivo, incluyendo la participación de factores de crecimiento, la regulación génica de la desdiferenciación, proliferación, rediferenciación, transdiferenciación y fusión celular potencialmente relacionadas con el proceso regenera- tivo. Lo cual permitiría tener los fundamentos básicos para a futuro abordar aspectos terapéuticos pertinentes”

 

según Martha León Ólea investigadora en el Laboratorio de Histología, División de Neurociencias, Instituto Nacional de Psiquiatría.

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