Astronauta en el espacio

El lado menos atractivo de ir al espacio

Si pensamos en una misión espacial, imaginaremos lo difícil y complejo que debe ser llevar a toda una tripulación al espacio, al igual que el reto físico y psicológico al que se enfrentan los astronautas. No obstante, el reto persiste una vez aterrizan y se da por finalizada la misión; pasar meses a más de 100 km de la faz de la Tierra pasa factura.

Descalcificación de los huesos y atrofia muscular

La sensación de flotar y sentirse ligero como una pluma es algo que a todos nos gustaría sentir una vez en la vida, ni que sea por curiosidad. Sin embargo, la microgravedad del espacio, causante de esta ligereza, puede desencadenar una serie de consecuencias negativas para la salud de los astronautas; la descalcificación de los huesos y la atrofia muscular son algunas de ellas.

Los astronautas pueden llegar a perder del 1 al 2% del total de su masa ósea por mes que pasan en el espacio. Este debilitamiento de los huesos (sobre todo en las piernas y vértebras lumbares) provoca una disminución de la masa ósea y un consecuente aumento de los niveles de calcio en sangre, incrementando así el riesgo a sufrir cálculos renales.

Por otro lado, la microgravedad también genera debilidad en los músculos, que acaba manifestándose en forma de pérdida de masa y función muscular.

Actualmente se sigue investigando cómo prevenir este deterioro físico. Por el momento, los astronautas llevan a cabo rutinas de ejercicio intensas, con la finalidad de paliar la sintomatología.

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Frank De Winne, astronauta de la ESA, haciendo ejercicio durante una misión espacial. Imagen de Wikipedia.

Fiebre espacial

Es necesario que las rutinas de ejercicio se lleven a cabo bajo control ya que, como consecuencia de la microgravedad, la sudoración permanece en la piel de los astronautas y estos no logran disminuir su temperatura corporal. Además, el sistema de convección (trasmisión de calor del cuerpo al aire) tampoco funciona de manera efectiva en el espacio.

Por todo esto, la temperatura corporal de los astronautas aumenta un grado tras una estancia de dos meses en el espacio (fiebre espacial), llegando a los 38ºC en reposo y a los 40ºC después de hacer ejercicio. El aumento de un grado conlleva un incremento del 20% en el consumo de energía, la cual tendrán que obtener a partir de la comida.

Estos problemas de termorregulación persisten durante un tiempo tras regresar a la Tierra.

Alteración del sueño

Al abandonar la Tierra, pierden también el ritmo de luz-oscuridad de 24 h, y este desequilibrio provoca alteraciones en los procesos fisiológicos, entre los cuales encontramos el ciclo de sueño-vigilia. Los astronautas no consiguen dormir la cantidad de horas necesarias y, además, las horas dormidas no son de calidad. Todo esto les lleva a sufrir falta de concentración, irritabilidad… Muchos astronautas, al volver de una misión, tienen que medicarse para poder reajustar su reloj biológico.

Incremento de altura

Después de intentar dormir lo mejor posible, llega el momento de levantarse de la cama. En la Tierra, desde que nos levantamos, la columna vertebral se va comprimiendo y perdemos de 1 a 2,5 cm de altura. Sin embargo, en el espacio esto no sucede, de modo que los astronautas crecen de 2 a 5 cm. No obstante, este aumento se pierde en cuanto vuelven a la Tierra.

Pérdida de visión

Por si todos estos cambios fuesen pocos, los astronautas también vuelven con pérdida de visión a la Tierra y es que, durante su estancia en el espacio, sufren un aumento en la presión intracraneal. El origen de este aumento no se conoce con detalle todavía pero podría estar relacionado con la exposición a cantidades de CO2 más elevadas (en comparación a la Tierra).

Este incremento en la presión intracraneal provoca el desplazamiento de los nervios ópticos y el aplanamiento de los globos oculares y, consecuentemente, problemas de visión. Toda esta sintomatología se recoge dentro del conocido síndrome de alteración visual por aumento de la presión intracraneal. El estudio de este síndrome es reciente, por lo que todavía se desconoce si tiene consecuencias severas a largo plazo.

Modificaciones genéticas

Finalmente, los astronautas también sufren cambios a nivel molecular, concretamente, a nivel genético.

Un estudio dirigido por la NASA analizó varios cambios fisiológicos entre dos gemelos astronautas; mientras uno acababa de volver de una misión espacial, el otro había permanecido en la Tierra. Tras el análisis observaron que, por un lado, los telómeros (regiones de ADN localizadas en los extremos de los cromosomas y que les confieren estabilidad estructural) del gemelo que acababa de aterrizar se habían alargado durante su estancia en el espacio. No obstante, tras 48 h en la Tierra, estos se acortaron y volvieron a su largura previa. Por otro lado, también en el astronauta que fue de misión se alteraron los sistemas de metilación (sistema que generalmente actúa para inhibir la expresión de ciertos genes); a pesar de que la expresión del 93% de sus genes volvió a la normalidad después de la misión, otros cientos de genes se mantuvieron metilados. A día de hoy se desconocen todavía los efectos a largo plazo que pueden tener todos estos cambios en el gemelo afectado.

Después de mencionar algunos de los problemas a los que los astronautas deben enfrentarse durante y después de una misión, me gustaría concluir el post con el vídeo que os dejo a continuación, titulado 25 disgusting things about space travel you never thought about. Creo que el título habla por sí solo.

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