Carl Sagan, divulgación científica, Cosmos, astronomía

De maestro a colega: el estilo del divulgador científico antes y ahora

Amanece en cualquier agreste serranía de la mitad sur de la Península Ibérica. Se retiran los cazadores de la noche. Inician la jornada de caza los carroñeros y depredadores diurnos. Y entre ellos, el más hermoso de nuestros mamíferos de presa: el lince. Podríamos llamarle ‘la última fiera de España’. El gran gato acaba de dejar el lugar secreto donde ha pasado parte de la noche. Desciende, siguiendo su campeo, hacia la umbría, donde tratará de dar alcance a sus presas más frecuentes, los conejos.

No soy yo, es Félix Rodríguez de la Fuente deleitándonos con su retórica en un episodio de su famosa serie El Hombre y la Tierra. Suena un poco raro, ¿verdad? Como muy literario para ser un documental de animales. Pero no es cosa de Félix únicamente. Fijaos, si no, en este fragmento extraído de la archiconocida Cosmos, de Carl Sagan:

We’re about to begin a journey through the cosmos. We’ll encounter galaxies and suns and planets, life and consciousness coming into being, evolving and perishing. Worlds of ice and stars of diamond, atoms as massive as suns and universes smaller than atoms. But it’s also a story of our own planet and the plants and animals that share it with us. Then, it’s a story about us: how we achieved our present understanding of the cosmos, how the cosmos has shaped our evolution and our culture and what our fate may be.

Ya se ve que no es una cuestión de idioma ni de nacionalidad. Esta forma de expresarse era típica de muchos documentales del siglo XX. Pero hay que notar algo más: el mismo texto, tal vez con ligeras variaciones, podría ser tomado por cualquier divulgador actual y podría funcionar igual. Hay algo más que ha cambiado, más allá del guion: la solemnidad con la que se presentaba. Los presentadores actuales usan un lenguaje más sencillo y se muestran más cercanos al público, como si nos estuvieran explicando una anécdota en el bar, en lugar de impartiendo una clase magistral en la universidad. No vemos mucha poesía en las explicaciones de Brian Cox cuando nos presenta una cámara de vacío:

This is NASA’s Space Power Facility in Cleveland, Ohio, and it is the world’s biggest vacuum chamber. It’s used to test spacecrafts in the conditions of outer space and it does that by pumping out the thirty tonnes of air of this chamber until there are about two grammes left. So this thing can take the force that’s pressing on the outside when it’s pumped out to the conditions of outer space.

Tampoco veremos mucha poesía en el cazador de cocodrilos, Steve Irwin, hablándonos de serpientes, o en nuestro particular Frank de la Jungla con unos gorilas. Con todas las diferencias entre ellos, en cualquier caso, emplean un estilo más descriptivo, claro, directo, sin muchas historias. Y cada uno ya lo viste con su carisma particular. Comentábamos con Òscar Cusó en clase a qué podía deberse este cambio de tendencia que se observa respecto a los divulgadores que abrían esta entrada… ¿Será cosa de modas?

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Steve Irwin a veces se rodeaba de mamíferos. Fotografía de Michelle, en Flickr.

Hay que tener en cuenta que en programas de éxito como El Hormiguero ya nos han acostumbrado a banalizar la ciencia mostrando solo su espectacularidad. De esta forma, mucha gente se ha acercado a ella a través de un estilo desenfadado y, desde luego, nada culto ni que pretendiese presentar a la ciencia como algo serio y elevado. Como la gente prefiere el entretenimiento a la instrucción, esta se tiende a presentar de forma entretenida. Tened en cuenta que ahora cualquier contenido televisivo o de internet tiene mucha más competencia que hace pocas décadas.

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Pablo Motos y Marron intentan convencer a Harrison Ford de que la ciencia mola. Fotografía de El Hormiguero, en Flickr.

Además, en el pasado, la información iba casi siempre de forma unidireccional: del profesor al alumno, del periódico al lector, de la televisión al espectador. Hoy en día, con las redes sociales, todos estamos constantemente creando información y reaccionando a la que crean otros. Ya no hay unos referentes clarísimos impuestos (el del cole, el del periódico, el de la tele), sino multitud de ellos, que cada uno elige (por ejemplo, yo decido a qué divulgadores de ciencia en YouTube sigo). Y si elijo yo, ¿qué sucede? Pues que elijo prioritariamente a quien me cae bien, es decir, a quien se parece a mí.

Y así hemos llegado al meollo del tema. Porque todo este post en realidad viene de una inesperada reflexión de Jorge Ponce en La Resistencia. Sí, sí, no perdáis detalle de la pregunta que hace en el minuto 1:47 a unos espontáneos.


Según Jorge Ponce, la última edición de Operación Triunfo ha funcionado bien porque “los participantes eran gente normal y el público ahora en vez de querer referentes aspiracionales, que hacen cosas que ellos no podrían, prefieren referentes identificativos, mediocres, pero con algo de chispa, con lo que al verlos sienten que ellos podrían llegar a petarlo algún día, cuando realmente no; pasa lo mismo con Pablo Casado y con los youtubers.”

Bromas a parte, Jorge Ponce (o el equipo de guionistas de La Resistencia) ha dado en el clavo: un factor fundamental en la comunicación es la empatía, y ver a alguien en la pantalla con quien nos podemos identificar ya nos hace tener más ganas de seguirlo viendo. La divulgación con un lenguaje metafórico, cuidado y elegante también tiene su público, pero habrá muchas personas a las que este estilo les pueda resultar artificial o, peor, pedante. Por no hablar de que a un youtuber, que está generando contenido constantemente, le va a costar más elaborar ese lenguaje que simplemente escribir como habla. ¿Para qué esforzarse en lo primero si lo segundo es más fácil y hasta parece que funciona mejor? Para acabar de rizar el rizo, os pregunto: ¿qué es Messi, si no un referente aspiracional? ¿Pero no decíamos que preferíamos a los identificativos? Tal vez el secreto esté en combinar ambos factores en la justa medida. Por suerte o por desgracia, me temo que nadie tiene la receta…

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