Se busca una nueva Tierra

Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha levantado la cabeza y se ha preguntado qué hay más allá de los puntitos que se ven en el cielo por la noche. Muchas civilizaciones han basado sus creencias, miedos y esperanzas en lo que observaban en la bóveda celeste. Eventos como la presencia de un cometa o un eclipse eran temidos por sus supuestas y funestas consecuencias. Incluso la religión cristiana temía ciertas cosas en el cielo, donde supuestamente vivía (y vive) Dios.

Eclipse solar anular en Tokyo, 2012. #153928816 / gettyimages.com

Por suerte, aparecieron los Copérnico, Galileo, Brahe, Keppler, Newton y compañía, que cambiaron la concepción que se tenía del cielo. A medida que ha aumentado el conocimiento y la tecnología disponible, la pregunta de qué hay más allá ha evolucionado hacia otras más concretas, como: ¿dónde termina el Universo?, ¿cuántas estrellas hay?, ¿hay planetas fuera del Sistema Solar (también llamados exoplanetas)?

Actualmente, la última pregunta ha vuelto a mutar, ya que desde 1995 se han encontrado multitud de planetas fuera del Sistema Solar: algunos son gaseosos, como Júpiter, otros son rocosos, como la Tierra; unos giran alrededor de una estrella más grande que el Sol, otros alrededor de dos (o más estrellas).

Por este motivo se ha pasado a cuestionarse: ¿hay exoplanetas como la Tierra? Con este fin, se creó y envió el telescopio espacial Keppler, capaz de rastrear 15000 estrellas a la vez para encontrar pruebas de la presencia de planetas de un tamaño similar a la Tierra. Para encontrarlos, este telescopio toma una imagen de las estrellas cada 30 minutos para comprobar su luminosidad. Así, si pasa un planeta por delante (movimiento llamado tránsito), la luz que se observa de la estrella es menor. Cuando se observan tres tránsitos, se confirma su existencia.

Uno de los descubrimientos más importantes que hizo el telescopio, fue el de Keppler-22b, alrededor de dos veces más grande que nuestro hogar y situado en la llamada zona de habitabilidad de su sistema estelar. Esto hace que pueda contener agua en estado líquido (indispensable para la vida tal y como la entendemos). Igualmente, no solo es necesario saber si está en la zona de habitabilidad, sino si es rocoso o si presenta biosignaturas (trazas de sustancias resultantes de la acción de la vida), entre otros. En el caso de saber si es rocoso o gaseoso, se está a punto de construir un telescopio en las Islas Canarias que permitirá saber la masa y la densidad concreta de un planeta, de manera que se pueda conocer su composición.

El hecho de buscar biosignaturas o biofirmas también implica que se busca vida, pero una vida como la de la Tierra, suponiendo que pueda haber vida fuera. Pero hay que plantearse una pregunta bastante clave: ¿qué nos hace pensar que, si existe vida en el Universo, ésta será como la conocemos? Puede haberla con una base diferente, en un planeta diferente al nuestro y alrededor de una estrella diferente al Sol. No tiene por qué ser igual a la concepción de vida que tenemos.

Planeta parecido a la Tierra. #143735764 / gettyimages.com

Además, es posible que no se esté buscando en los sitios adecuados. Hay satélites, como Encélado (que orbita alrededor de Júpiter), que contienen agua líquida, así que quizá no se debería limitar solo a planetas. También es verdad que no es cuestión de dónde, sino también de cómo buscar: el método de las biofirmas puede dar falsos positivos, es decir, dar resultados que indiquen vida, pero que no la tengan.

Aun así, el Universo es tan grande que se debe empezar por algún sitio y de alguna manera.

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