¿Sabemos qué consumo de energía implica nuestra vida digital?

Un día cualquiera, después de cenar, estás revisando Twitter. Te detienes en un post sobre cambio climático, un tema que te preocupa e interesa, piensas en energías renovables, visualizas centrales térmicas soltando humo, miles de coches quemando gasolina bloqueados en la hora punta de tu ciudad, bosques ardiendo por la deforestación, …

Te pica la curiosidad y piensas en buscar en Google qué está haciendo España respecto al acuerdo de París. Mientras navegas por documentos largos y áridos, ves que tienes nuevos likes en Instagram y entras a ver si ha gustado tu último post. Justo en ese momento tu hermana te pregunta por whatsapp cuando es el cumpleaños de tía Lola… le respondes con una hilera de emoticonos para decir ‘¡y yo que sé!!!!!’. Ella responde con una hilera aún más larga de iconos partida de risa. A tu lado, tu pareja te pregunta qué quieres ver esa noche, mientras se conecta a Netflix.

Y sin siquiera pensarlo, tu contribución al cambio climático va sumando.

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¿Somos conscientes de lo que representa el tráfico digital en términos de energía?

Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) ya son inseparables de nuestra vida.

Simplificando pensamos que nos abren nuevos canales de información y comunicación, como las redes sociales, quizás incluso podemos pensar que no lo necesitábamos. Pero la realidad es que estamos rodeados de sistemas y aparatos que recogen datos, los procesan y transmiten y mejoran nuestra calidad de vida, organizando el transporte público en nuestra ciudad, facilitando el acceso a nuestro expediente médico o permitiendo que podamos pagar simplemente acercando la tarjeta a un terminal.

Cada una de estas pequeñas acciones representa un gasto de energía.

¿Dónde se produce el consumo de energía?

Gran parte de la energía se gasta en la fabricación de los componentes necesarios para las tecnologías TIC, que es muy superior al que se requiere en toda su vida útil. Un ejemplo, de la energía que consumirá una memoria de 2 MB en 4 años de vida útil, el 80 % se consume durante la fabricación y el resto en los 4 años de uso continuado.

Apple, cuyas plantas en los EEUU funcionan 100% en energías renovables, asume en su Report 2017 que el 77% del CO2 que genera es a causa de la fabricación de los equipos, el 4% en el transporte y sólo el 17% en su uso.

Más cosas. Cada vez que nos conectamos utilizamos una pequeña cantidad de energía. El problema se produce cuando escalamos su uso. No olvides que desde 2015 el número de móviles en el mundo es superior al de personas. Añadamos los ordenadores, las tablets y cualquier otro dispositivo. En breve deberemos añadir también el fenómeno exponencial de Internet of Things.

El consumo de energía de los dispositivos en red cuando están en modo de espera es un reto creciente. Muchos de ellos consumen lo mismo mientras están en espera que durante su uso. El G20 estimó ya en 2014 que éste iba ser un problema enorme y lo incluyó entre las prioridades de su Energy Efficiency Action Plan, preocupados ante la previsión de que en 2020 el consumo de energía en espera puede ser equivalente a lo que consumió Canadá en 2011.

¿Y qué sucede mientras los usamos?

Muchas de las acciones que realizamos requiere de un centro de datos, un servidor, que conserve la información disponible en todo momento y que requiere mucha energía. Un único dato significativo: el envío de un correo electrónico emite 4 g de CO2 que ascienden a 50 g si lleva un adjunto. Los expertos aún están debatiendo como hacer sus estimaciones, pero la visión de los que sucede en Internet en 60 segundos nos puede dar una idea de la magnitud del problema

De forma general, la demanda de datos es sinónimo de demanda de energía. El creciente uso de la nube para almacenar nuestros datos genera la necesidad de centros de datos más potentes.  Cambios de hábitos como el incremento del vídeo online provocan un enorme tráfico de datos, que además coincide con las horas punta de consumo de energía en los hogares, según han calcuado Morley y coautores. Empresas como Netflix ya está trabajando en el desarrollo de procesos que reduzcan el consumo de datos sin pérdida de calidad.

El problema es enorme y promete ser mayor, pero ¿hay solución?

El acceso a Internet se considera ya uno de los derechos que todo el mundo debería tener. No pensemos en el adolescente chateando con sus amigos, sino en el jubilado con problemas de movilidad que puede acceder a servicios esenciales desde su hogar, o en comunidades rurales que pueden acceder a la educación online. No vamos a renunciar a todo ello.

Las TIC contribuyen a enormes ahorros de energía en otros ámbitos. La reducción de desplazamientos innecesarios, una agricultura más inteligente, una industria optimizada, edificios inteligentes, … Las TIC tienen un enorme potencial para desmaterializar otras actividades y así disminuir indirectamente sus emisiones.

Las empresas, las universidades, las administraciones están ya trabajando. De momento para comprender qué está pasando y para diseñar materiales, equipos y procedimientos más eficientes.  Y deben seguir haciéndolo para conseguir que el equilibrio entre el consumo y el ahorro de energía asociado a las TIC sea positivo para el planeta.

Pero y yo ¿puedo hacer alguna cosa?

Desenchúfate: apaga los dispositivos cuando no los uses.

Conserva tu móvil, tu Tablet y tu ordenador por más tiempo: recuerda que el principal gasto de energía se da en la fabricación. ¿Cuantas veces cambiamos nuestro móvil sólo por seguir la moda, simplemente por estética? Piénsalo dos veces!

Recicla: los dispositivos electrónicos contienen materiales escasos y costosos. Toma conciencia de ello y fomenta los segundos usos. Si aun así quieres deshacerte de tu móvil, llévalo a tu Punto Verde más cercano.

Eres parte del problema, pero también eres parte de la solución!

No dejes de ver este vídeo si quieres saber más sobre el cambio climático

Climate Change 101 with Bill Nye | National Geographic – YouTube

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