Medicina regenerativa

Las células madre ofrecen un sinfín de posibilidades tanto para el estudio de la biología celular como para su uso en el tratamiento de una gran variedad de enfermedades.

1998. Fue entonces cuando por primera vez se consiguieron aislar células madre embrionarias y cultivarlas en el laboratorio. Ese momento constituyó el pistoletazo de salida de una carrera frenética que, pocos años más tarde, se dirigiría a convertir estas células indiferenciadas en cualquier célula del catálogo que es nuestro cuerpo.

Así, a una velocidad de vértigo, las células madre pasaron de ser unas completas desconocidas a ser objeto de trasplante en modelos animales preclínicos: ratas ciegas que mejoraban su visión, ratones paralíticos que podían mover sus extremidades o ratones diabéticos que eran capaces de fabricar insulina. Más rápido fue el salto a humanos, ya que en 2005 varios pacientes se enrolaron voluntariamente en los primeros ensayos clínicos.

Hoy, con el uso de células madre pluripotentes inducidas, ya hemos conseguido transformar una célula de piel en neurona y crear tejidos desde el laboratorio. Tanto es así que en el presente son muchos los que quieren congelar por los siglos de los siglos las células madre de los cordones umbilicales de sus hijos, o participar en ensayos clínicos sin hacerse las preguntas adecuadas sobre los riesgos que esa decisión supondría para su salud.

Las piezas de información que aquí se recogen pretenden iluminar un poco los rincones que quedan a la sombra del negocio que despliegan las células madre, así como destacar el gran potencial terapéutico que alberga la medicina regenerativa.

Aquí no encontraréis mitos. Aquí encontraréis realidades.

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