La reforestación actual podría agravar el cambio climático

¿Cómo gestionamos nuestros bosques? R. J. Neil Sanchez

Un grupo de investigadores ha desvelado con su estudio que la gestión de las zonas forestales de estos últimos  años en Europa no ha  mitigado el calentamiento global, sino que más bien lo ha empeorado.

“Los últimos descubrimientos nos muestran que simplemente plantar árboles –al menos en zonas templadas- no significa disminuir el calentamiento global”. Así de contundente se mostraba Vivek Arora –investigador del Canadian Center for Climate Modelling and analysis- a la revista Science cuando le preguntaban sobre el estudio Europe’s forest management did not mitigate climate warming publicado por esta misma revista a principios de este mes.

Y es que el idílico de que la reforestación nos puede salvar del cambio climático está más en entre dicho que nunca: el estudio llevado a cabo por los investigadores del laboratorio Science du climat et de l’environnement en Gif- sur- Yvette, (Francia) se ha basado en un registro comparativo de los bosques europeos des del 1750 hasta el 2010 y los datos no engañan; la temperatura en los bosques ha aumentado 0,12ºC aun habiendo aumentado un 10% el área total de los bosque europeos desde entonces.

¿A qué se debe esta aparente contradicción? Al parecer, las especies utilizadas para la repoblación de nuestros bosques han sido mayoritariamente coníferas -como el pino o la pícea noruega- en detrimento de especies autóctonas caducifolias como pueden ser el roble o el haya. Y es que en estos dos siglos y medio, los bosques de coníferas han pasado de ser el 30% de la zona forestal a un 57%, mientras que el bosque caducifolio se veía reducido de un 70% a un 43% en toda Europa.

“Para repoblar se valora que se trate de especies como el pino que crecen más rápido” decía el ecólogo Fernando Prieto –colaborador del observatorio por la sostenibilidad español- a el diario El País. Y es que si algo ha crecido en estos últimos dos siglos ha sido, sin duda,  el sector maderero, el cual ha influido en sobremanera a la gestión forestal de nuestro continente.

El problema es que este cambio de especies afecta directamente a los ecosistemas que ocupan, influyendo a la larga en la temperatura de la zona: “Cambiando el bosque, también hacemos los cambios en la cantidad de radiación, agua, y energía que éstos liberan”  decía el autor y ecólogo del estudio,  Kim Naudts a la revista americana.

Por un lado, las hojas de las especies coníferas son más estrechas y pequeñas que las grandes hojas que pueden poseer robles o hayas, y esto repercute disminuyendo la llamada evapotranspiración –proceso en que las plantas liberan vapor de agua a la atmósfera-, provocando el aumento de temperatura en los bosques.

Por otro lado, estas especies suelen ser de tonalidades más oscuras que sus parientes caducos, lo que afecta a la disminución del albedo –capacidad que tiene un cuerpo para reflejar los rayos del sol-, absorbiendo así más los rayos ultravioleta  y en consecuencia, almacenando más calor.

Por último, los árboles reforestados, al ser más jóvenes, disponen de menor capacidad para absorber el CO2 en sus troncos y raíces; el cual, a su vez, también es liberado cuando estos son talados. Por el contrario, las especies originales son capaces de almacenar bastante más dióxido de carbono en su organismo.

Cabe mencionar, además, que este fenómeno no solo se ha localizado en Europa, sino que también se han detectado consecuencias similares en otras zonas del mundo donde han habido abundantes repoblaciones –Estados Unidos, Rusia, Brasil o Nueva Zelanda- que han cambiado de forma sustancial los bosques originales.

“Ya no nos vale repoblar con especies nuevas y no mantener las antiguas, necesitamos elaborar una nueva estrategia de gestión forestal” manifestaba Prieto a el País.

En conclusión pues, parece evidente la necesidad de un replanteamiento en la gestión de nuestros bosques, que tenga más en cuenta la salud del ecosistema y el cambio climático, y que –para variar- no se centre únicamente en la explotación de los recursos naturales. El futuro del medio ambiente sigue en juego.

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