El choque de culturas y el descarrilamiento de la divulgación

Imagen: Pixabay/allenrobert
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Desde la conferencia de C. P. Snow en 1959 y la posterior publicación de su libro sobre las dos culturas; los debates, charlas, discusiones y escritos sobre el asunto han sido infinitos. ¿Por qué? ¿Qué mueve a nuestros egos de científico o humanista a entrar en tales batallas? ¿Hasta qué punto la vanidad humana nos hace tomar partido? ¿Será vanidad, también, ponerse a escribir sobre este tema? Lo destacable, aquí, además de la impulsiva toma de posiciones, es como la guerra entre las dos culturas ha contribuido a la afectación de la calidad de lo que hoy llamamos divulgación científica.  

Empecemos con el que es un ejemplo paradigmático a tal caso. En 1996, el físico Alan Sokal quiso poner en tela de juicio al movimiento Postmodernista y consiguió que le publicaran un artículo paródico lleno de sinsentidos en la revista de estudios culturales Social Text, publicada por la universidad de Duke. Más allá de la historia y de sus consecuencias y repercusiones y dejando ahora de un lado la crítica a la pseudociencia, lo que también ilustra este caso es que el elemento usado para el engaño de Sokal es precisamente el lenguaje.

Si entramos en este punto a considerar qué es y qué no es ciencia, no nos engañemos, no todas las disciplinas son científicas, pero ¿quiere esto decir que hay unas disciplinas superiores y otras inferiores? Científicos y humanistas se empecinan en hacer crecer esta dicotomía y el resultado no es más que hermetismo o falsedad a la hora de dar a conocer qué es la ciencia. Es así como nos creemos estudios como el que hizo Johannes Bohannon  en el que aseguraba que el consume de chocolate ayudaba a perder peso más rápido.  

Todo esto nos tiene que hacer reflexionar. Seremos ignorantes hasta que nos permitan o nos ayuden a no serlo. El sentido crítico sólo se adquiere gracias a una educación, a una cultura, no sólo científica. Los prejuicios y el orgullo de unos y otros no hacen más que minar las ciencias y las humanidades. Será imposible divulgar ciencia si se mantienen estas posiciones. En este sentido, es imposible comunicar si no existe el principio de cooperación descrito por Paul Grice.

En el fondo, se trata de una cuestión de voluntad. El conocimiento, como el universo, es vasto y los humanos tenemos la necesidad de categorizar todo lo que nos rodea, de simplificarlo. Así hemos llegado a la división entre ciencias y humanidades, división que, en sí, no tiene por qué ser mala. Se debe tener en cuenta que el mundo, nosotros, la realidad… Todo esto es analógico y lo digitalizamos simplemente para poder entender, dicho de otro modo, para sobrevivir. La buena comunicación de la ciencia está, pues, en nuestras manos.

Las dos posturas, o culturas, en su esencia, buscan un mismo fin. Pero ese fin se ha ido degradando hasta el punto de convertirse sólo en el reconocimiento personal. Hemos entrado, muchas veces, en el juego del vestido del emperador y lo muestran muy bien los ejemplos de Sokal y Bohannon. Así es como nuestra soberbia nos hace buscar un enemigo y creer que el conocimiento tiene propiedad. Así se malentienden la comunicación y la divulgación. Como decía Gil de Biedma, “Oh innoble servidumbre de amar seres humanos y la más innoble que es amarse a sí mismo”. No dejemos que las mismas capacidades que nos permiten entender, saber y conocer sean un obstáculo.

No podemos ser tan arrogantes y menos cuando nos servimos de la capacidad del lenguaje para llevar a cabo tanto ciencia como literatura. Galileo comparó el universo con un libro y dijo que éste “no se puede entender si antes no se aprende a entender la lengua y conocer los caracteres en los que está escrito. […] está escrito en lengua matemática y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas sin las cuales es imposible entender ni una palabra”. Se hace divulgación científica mediante lenguaje, elemento que en la metáfora de Galileo se asemeja a las matemáticas y que, por tanto, podemos estudiar desde una perspectiva científica.  Seamos humildes todos y tratemos de entender que las dos culturas pueden cooperar para el bien de la comunicación científica.

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