El mar pierde peso

3 millones de sufrimientos en el mar en 100 años. Ésta es la cuenta de la mayor aniquilación de biomasa en toda la historia por la especie humana: la de las ballenas.

Los avances tecnológicos para capturar ballenas y el aumento de la capacidad de procesamiento a principios del siglo XX han creado una industria capaz de aumentar a 3 millones de capturas entre 1900 y 1999 respecto a las 300.000 de los dos siglos anteriores. Los barcos-factoría de gran capacidad sustituyeron los navíos de vela y la introducción de cañones de arpones explosivos en 1860 Svend Føyn, las lanzas.

El estudio liderado por Robert Rocha, director científico del New Bedford Whaling Museum in Massachusetts, ha sido publicado en Marine Fisheries Review. Junto con los investigadores Phillip Clapham and Yulia Ivashchenko del National Marine Fisheries Service en Seattle han contabilizado la masacre ballenera. Los investigadores estiman en 2,9 millones de ballenas fueron capturadas entre 1900 y 1999 (276,442 en el Atlántico Norte, 563,696 en el Pacífico Norte y 2,053,956 en el Hemisferio Sur).

Un trabajo de investigación realizado por Ivashchenko  permitió añadir 178.811 ballenas cazadas por la Unión Soviética durante 30 años de actividad ilegal a las capturas registradas por la International Whaling Comission, organismo encargado de la conservación de las ballenas y la gestión de su caza. No obstante, no están totalmente confiados de los números ofrecidos por la IWC: “El número actual de ballenas muertas aumentará” afirma Rocha. Desde 1946, este organismo actuó en beneficio de la industria: el 1985, cuando implementó una moratoria que prohibía la caza comercial, al menos 2.870.291 ya habían sido aniquiladas (un 99,1% de las totales hasta 1999).

Ballena jorobada
Ballena jorobada

No todas las especies de ballenas han sufrido las mismas consecuencias. Los cachalotes y la rorcual común representan más de 56% de las capturas, seguidas de lejos por la rorcual azul, la más cazada en el hemisferio norte. Algunas estimaciones apuntan a que los cachalotes han reducido a ⅓ su población respecto al s.XIX, las rorcuales azules han reducido un 90% en número y la ballena franca glacial y la rorcual azul del atlántico están al borde de la extinción. Esta disminución de las poblaciones de ballenas corresponde a la mayor liquidación biomasa realizada por la especie humana. Al respecto, Stephen Palumbi, el ecólogo marino de la Stanford University en California, afirma que “El número total de ballenas que hemos eliminado es un número realmente importante. Aporta un dato que tenemos que tener en cuenta: nos dice el número de ballenas que los océanos serían capaces de contener”.

Limitar el sufrimiento

La constitución física de las ballenas está pensada para aguantar mucho: la presión del agua a 3000 metros, la temperaturas gélidas de las aguas que habitan, no respirar durante 2 horas o recorrer 300 kilómetros cada día durante tres meses. Encontrar un método para matar esta especie tan resistente sin sufrimiento ha sido imposible. Actualmente los arpones explosivos siguen siendo el método más utilizado.

Cuando éstos han penetrado la ballena hacen explotar 100 gramos de pentrita y se abren clavando cuatro garfios que se enganchan a su carne. Parece que el uso de la pentrita como explosivo en vez de pólvora negra ha reducido el tiempo de agonía de los cetáceos, pero son muchos los casos en que el animal sufre hasta una hora y otros métodos como los arpones fríos (sin explosivo) u otras técnicas como colgar la ballena con la cabeza dentro del agua para que se ahogue son necesarias para terminar el cruel trabajo.

Imaginar la situación nos acerca a lo que dijo el físico Harry D. Lillie al regresar en 1946 de una expedición ballenera británica: “Si pudiéramos imaginarnos a un caballo con dos o tres lanzas con explosivos en su estómago y arrastrando un carro por las calles de Londres mientras riega de sangre el suelo, nos haríamos una idea del método de muerte. Los propios arponeros admiten que si las ballenas pudieran gritar, la industria se acabaría, porque nadie sería capaz de resistirlo”.

 

 

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