Conectar o no conectar el Wi-Fi, esa es la cuestión

La primavera del pasado año 2013, un proyecto de ciencias presentado por cinco estudiantes danesas de secundaria se convirtió en una nueva puerta para los estudios sobre la incidencia de las ondas electromagnéticas en los organismos vivos.

Usando como hipótesis la posible relación entre la disminución de la concentración en clase y dormir con sus teléfonos móviles cerca de la cabeza, las jóvenes de Jutland decidieron estudiar el efecto de las ondas de Wi-Fi sobre semillas de berros. El resultado fue esclarecedor: las semillas que habían compartido habitación con el router que emitía las ondas Wi-Fi estaban muertas. Esto nos lleva a pensar, ¿sabemos qué es la conexión inalámbrica y lo que supone para nuestras vidas?

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La diferencia entre las semillas sanas y las afectadas por las radiaciones resultó evidente para las inexpertas estudiantes. Fuente: estudiantes danesas.

El término Wi-Fi (Wireless Fidelity) es solo una marca comercial que hace referencia a la tecnología de conexión inalámbrica mediante ondas electromagnéticas. Es decir, ya no es necesario un cable para tener conexión a internet porque el ordenador y el router se comunican por ondas. Estas ondas electromagnéticas son las mismas en que se basa la tecnología de los teléfonos móviles o los microondas, variando entre cada dispositivo su potencia.

El problema reside en que la absorción de las ondas electromagnéticas por parte de los seres vivos supone un aporte extra de energía, y por lo tanto un calentamiento de los tejidos. En el caso de las personas, el aumento de la energía en los tejido se cree que podría acarrear problemas relacionados con mutaciones en las células o problemas de fertilidad. Sin embargo, hasta el momento los científicos no han podido comprobar la validez de estas conjeturas ni qué efectos son provocados por las ondas de Wi-Fi.

La potencia marca la diferencia

Uno de los factores más importantes a tener en cuenta es la intensidad de las ondas, dado que no todas se mueven en los mismos valores. Por ejemplo, la intensidad de las ondas de conexión Wi-Fi es 100.000 veces menor que la intensidad de las ondas emitidas por un microondas. Por otra parte, un año rodeado de routers inalámbricos supone en una persona el mismo impacto que una llamada telefónica de 20 minutos. ¿Hasta qué punto es entonces necesario mantener un control de las emisiones?

Al mismo tiempo, la distancia a la cual se reciben las ondas también supone un cambio significativo en su incidencia. Muestra de ello es el decreto de 2001 aprobado por el gobierno español para la regulación de las emisiones radioeléctricas. A raíz del mismo, las fuentes más potentes de radiación se encuentran (o deberían encontrarse) alejadas de núcleos urbanos.

Ante estos datos y a falta de una mayor experimentación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene la investigación abierta para conocer cuáles podrían ser los efectos de una exposición prolongada a este tipo de radiación. Desde 1996 se mantiene abierto el Proyecto CEM (campos electromagnéticos). Hasta la fecha no hay evidencias científicas que demuestren un riesgo real de las ondas electromagnéticas sobre la salud humana.

Opiniones para todos los gustos

Con la expansión de la tecnología, cada vez son más los dispositivos que dispensan ondas electromagnéticas, por lo que cada vez son más las voces que se levantan a favor o en contra de su control. Desde el Centro de Investigación de Epidemiología Ambiental (CREAL), la responsable en radiación, Elisabeth Cardis sostiene que entre la Wi-Fi y los teléfonos móviles, el riesgo en mayor en el caso de los actuales smartphones, dado que estos están en contacto con la cabeza cuando efectuamos una llamada:

pero el portátil no lo utilizas al lado de la cabeza, sino a un metro o a 60 centímetros del cuerpo […] si la fuente de radiofrecuencia no está pegada a la cabeza, el nivel de exposición es muy bajo.

escuela sin wifi
Fuente: escuelasinwifi.org

Por otro lado, encontramos grupos sociales opuesto a la inmersión en un mundo conectado a internet. Un ejemplo es la plataforma Escuela sin wifi. La organización sostiene que desde los 3 hasta los 16 años los niños pasan más de 10.000 horas en centros educativos, siendo vulnerables a las radiaciones electromagnéticas. A pesar de ser conscientes de los beneficios de la conexión  inalámbrica, los padres integrantes del grupo social defienden que es posible una reducción de la “contaminación electromagnética”. ¿Tendrán microondas en casa?

Buscando la verdad, uno de los más reconocidos expertos en el campo de la investigación de las ondas electromagnéticas, Olle Johansson, estudia la relación de enfermedades de la piel y otras dolencias con el aumento de la temperatura en los tejidos causa de smartphones y conexiones a banda ancha.  Johansson fue uno de los más interesado en el experimento de las estudiantes danesas con los berros. Algo que no se les había pasado por la cabeza a los científicos de prestigio por no dormir pegados a sus teléfonos.

Pero el mayor problema en relación con las señales de Wi-Fi es el de la desinformación. Sin tener en cuenta el condicional que usan médicos y científicos cuando se refieren al riesgo de las ondas sobre las personas, encontramos casos como el siguiente donde un incorrecto uso de la información, así como una falta de la misma, conducen a pensar que se tiene “alergia a las ondas electromagnética”.

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