Interstellar, la relatividad y el huevo frito

Primero lo primero, ¿has visto ya la película? porque si no lo has hecho, quizás podría spoilearte un poco. Ya lo sabes.

De la película de Christopher Nolan se ha hablado no poco. Es un banquete para hambrientos científicos, divulgadores, cinéfilos y amantes de la ciencia ficción que habitualmente circulan por las catacumbas de la web y que ahora encontraron una puerta para salir a la superficie y saciar su apetito de hablar al mundo.

Y vaya que hacen falta, porque si quieres entender los argumentos de la película y no has asistido a la facultad de física, quizás te convenga leer lo que tienen que decir.

Me confieso como una de aquellas espectadoras que – a medida que la película avanzaba –  desesperadamente trataba de recordar las explicaciones para dummies escuchadas o leídas durante su vida sobre la teoría de la relatividad y la dilatación del tiempo, sin conseguirlo.

Einstein dijo una vez a un periodista – por cierto, si fueran ciertas toda las citas que se le endosan, quiere decir que el señor se la pasaba hablando todo el día – que explicar la teoría de la relatividad en “forma sencilla” era como explicar a alguien cómo freír un huevo; pero sin que el interlocutor supiera lo que es un huevo, ni el aceite, ni el sartén…

Entonces, cómo entender uno de los fenómenos que casi no me dejó ver el resto de la película ( y probablemente no el más apasionante para los físicos que ya lo tienen resuelto). Es el que ocurre cuando los astronautas descienden al planeta Miller,  el de las olas que no rompen,  que tiene una gravedad 1,3 veces mayor a la de la tierra: cuando los supervivientes (ya dije que podría haber spoiler) regresan a la nave y, luego de lo que para ellos fueron sólo algunas horas, se encuentran con un colega nada menos que 23 años más viejo. Espeluznante.

Albert no contaba con la inmediatez informática cuando dio su ejemplo del huevo frito. Porque afortunadamente hoy, si quiero desentrañar el fenómeno de la dilatación del tiempo o cualquier otro después de ver una película como Interstellar, un  googleo certero me llevará al sito que tratará de explicar  lo que es el huevo, el sartén, el aceite…

El  tiempo es relativo. Y no, no se refiere al clásico ejemplo de lo largo que se hace cuando estás en la fila del banco y lo rápido que pasa cuando estás de fiesta, que vale para explicar nuestra percepción del tiempo. Aquí me refiero a esa otra relatividad, la que no notamos en nuestra vida diaria, la de la ciencia dura que da pie a las fantasías de escritores y guionistas.

La teoría de la relatividad de nuestro locuaz Einstein da forma a la dependencia entre el espacio y el tiempo, con lo que queda conformada una cuarta dimensión – una idea que por cierto, ya había presentado H.G.Wells en su historia La máquina del tiempo, diez años antes, en 1895.

A recordar: la dilatación del tiempo puede suceder por efectos  de la velocidad, el tiempo transcurre más lento en el cuerpo que está en movimiento con respecto a otro;  y de la gravedad, también hay dilatación del tiempo para los cuerpos expuestos a mayor fuerza de gravedad.

La escena del planeta acuático ha sido elogiada por atreverse a plasmar el efecto, y criticada a la vez;  porque los cálculos no calzan con la  la cantidad de tiempo que realmente debería haber transcurrido para el astronauta en la nave. Las enormes olas que no rompen tampoco escaparon al escarnio público.

Pero Kip Thorne, el astrofísco que asesoró a Nolan, está realmente complacido por la fidelidad con que se plasmaron los fenómenos físicos en la pantalla. Por supuesto, no toda la física que da lugar a los espectaculares efectos de la película puede ser explicada en la misma. Algunos entendidos en la materia y Thorne aseguran que para explicaciones está el libro escrito por él mismo especialmente para la ocasión : The Science of Interstellar. Al parecer, los físicos deberían leerlo antes de rasgar vestiduras por los supuestos fails  científicos de la película. El mismo ejemplo del planeta Miller, fue un puzzle complejo de resolver para Thorne, pero finalmente, olas que no rompen y súper dilatación del tiempo tienen su explicación.

Interstellar demostró que una película de ciencia ficción magníficamente visual puede apegarse rigurosamente a la ciencia sin perder alcance; eso es un logro que marca un hito. Pero para mí, hay otro hito aún más poderoso: Interstellar nos recuerda que vivimos en una época en la que Einstein no tendría que explicar lo que es el sartén; sólo tendría que hipervincularlo. Hoy, el conocimiento vive entre nosotros, al alcance de la punta de nuestros dedos. Si no, sólo prueba a averigüar si la cita de Albert es cierta.

 

www.latiendadelmanana.com

 

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