La historia tras cualquier medicamento

Es el último superviviente. Tras un largo proceso de 15 años y una inversión superior a los 500 millones de euros. Tras ser comparado con cientos, miles de rivales. Por fin, el fármaco, puede comercializarse. Ésta es la historia que cualquier medicamento comparte, la historia oculta que guarda dentro de su pequeño ser.

Todo empieza con los llamados estudios preclínicos. Los científicos, en su afán por curar una enfermedad, buscan principios activos que sean eficaces. Es decir, unas macromoléculas que encajen en un punto en concreto de nuestro cuerpo y puedan así curarnos. Una vez encontrados y seleccionados, estos principios activos se someten a múltiples pruebas antes de ser testeados en humanos.

Cuando el fármaco empieza a probarse con personas, comienza el llamado ensayo clínico. Este proceso es el que permite probar que el futuro medicamento sea seguro y realmente eficaz, y consta principalmente de tres etapas. Y, como cabe esperar, requiere de voluntarios.

Así, de manera controlada, el fármaco se suministra a una pequeña parte de la población. Primero, a voluntarios sanos. Luego, a enfermos. De este modo, es posible controlar los posibles efectos secundarios, determinar las dosis adecuadas y descartar el efecto placebo entre otros muchos beneficios. La contrapartida, eso sí, es la vertiente económica. El presupuesto es desorbitado, de cientos de millones de euros.

Cuando el fármaco, el último superviviente de un largo proceso de selección, se lanza finalmente al mercado, han pasado 15 años. Un tiempo necesario e imprescindible. Se trata de la mejor garantía de seguridad que podamos imaginar.

Infografía informativa de un ensayo clínico.
Infografía informativa de un ensayo clínico.
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