Palabras clave: tabaco

Las colillas que envenenan el mundo

Las colillas y sus lixiviados (líquidos resultantes del contacto del agua con las colillas), contienen elementos tóxicos letales que se liberan rápidamente al contacto con el agua. Diversos estudios científicos advierten de sus efectos mortales en insectos y peces. Son un grave problema de salud pública y suponen un desafío económico, ecológico y social de primer nivel.

Una a una son lanzadas al suelo, pisoteadas o no, hundidas en la arena de una playa en la que se construyen castillos. Una tras otra, y otra más. Caen de manos sin escrúpulos. Una sola es capaz de contaminar hasta 1000 litros de agua según un estudio de la Universidad Técnica de Berlín.

many-cigaret-filters-few-nature-14024955,6 TRILLONES de colillas son desechadas cada año según cifras publicadas en un estudio del Center for Tobacco Control Research and Education de la Universidad de California. Generan 845.000 toneladas anuales de basura en todo el mundo.

Todos sabemos donde encontrar grandes acumulaciones: aceras, calzadas, entradas de negocios, paradas de autobús y tantos otros lugares públicos. En el suelo del parque donde juegan niños y mascotas. En la orilla de esa playa (como cualquier otra), donde flotan y se arremolinan cientos de miles de ellas.

Cada una pesa 2 gramos, son capaces de contaminar hasta 1000L de agua y están por todas partes.

colilla en la arenaEl ICC (International Coastal Cleanup), es un evento que moviliza miles de ciudadanos que retiran de forma altruista toneladas de basura de las costas, que después analizan y extraen valiosos datos como que el 40% de los desechos de mar Mediterráneo corresponderían a colillas. Una muestra de las intervenciones del año pasado se puede consultar en Twitter a través del hashtag #CleanUp2015 .

Cada año millones de ellas entran a formar parte de “las grandes zonas de basura del Pacífico” o “Islas de la Basura”, aunque en realidad se acumulan en todos los grandes giros oceánicos:

Los filtros se incorporaron a la industria tabaquera en los años 50 con la finalidad de reducir el alquitrán y la nicotina de los cigarrillos. Las tabacaleras se han servido del filtro como reclamo para hacer creer que fumar era más seguro. Afirmación falsa, que además esconde otros problemas asociados al filtro y que no son conocidos por la gran mayoría de fumadores.

close-up-of-cigarette-filters-1549873Para empezar, los filtros han modificado la forma de fumar. Ahora, el fumador aspira más humo en menos caladas y estas son más profundas. Además, las fibras que contienen pueden fragmentarse y ser inhaladas. Estos fragmentos se han detectado en personas afectadas por cáncer de pulmón.

Las colillas corrientes tardan entre 10 y 15 años en “desaparecer”. Cuando ya no las vemos es porque el principal componente de los filtros, el acetato de celulosa, es fotodegradable (no biodegradable). Los rayos UV lo fragmentan hasta que se disgrega y se diluyen en el agua o la tierra, pero las sustancias que contienen no desaparecen realmente.

El acetato de celulosa es un plástico natural. Se fabrica generalmente a partir de algodón y tras diversas reacciones químicas está listo para convertirse en películas para fotografía y cine, filtros de cigarrillos o teclas de piano. A los cigarrillos también se les añaden plastificantes y otras sustancias derivadas de los hidrocarburos que permiten dar el acabado cilíndrico.

Bajo la presión de la sociedad, las tabacaleras han probado diversas estrategias sin éxito. Los nuevos filtros biodegradables están hechos con otras fibras vegetales, pero siguen sin solucionar el problema de los lixiviados. Se ha transmitido un mensaje de despreocupación al acto de arrojar las colillas en cualquier lugar.

Al igual que el cigarrillo, contienen cerca de 4000 sustancias químicas, entre las que destaca un pesticida: la nicotina.

El resto de sustancias son otros insecticidas, herbicidas, fungicidas y rodenticidas. Contiene diversos metales pesados como el cadmio y hasta 50 sustancias conocidas por ser potencialmente carcinogénicas.

Bioindicadores

Invertebrados y vertebrados, insectos[1], peces, aves y otros animales acuáticos han demostrado ser más o menos sensibles a las colillas. 5 colillas por litro de agua son suficientes para matar algunas especies de peces (1 colilla/L es suficiente para organismos más sencillos), sin contar que pueden ser ingeridas accidentalmente por niños, animales de compañía y especies salvajes (reportando algunas muertes). Los que sobreviven tras la ingestión, a menudo sufren desnutrición por dar una falsa sensación de saciedad.

Carpa a punto de ingerir una colilla

Los propios filtros de los cigarrillos han demostrado ser tóxicos “aunque no hayan sido fumados”, así lo afirma un estudio de la Universidad de San Diego. Aunque las más peligrosas siguen siendo las colillas de cigarrillos que llevan restos de tabaco adherido.

Algunas iniciativas públicas para reducir el impacto de las colillas han conseguido resultados positivos. En Nueva York está prohibido fumar en las playas, parques y áreas de recreo. En París se han distribuido contenedores pre-franqueados de recogida de colillas en bares y restaurantes. Una vez llenos, son expedidos a centros de reciclaje especializados. Además los parisinos cuentan con brigadas anti-colillas que sensibilizan con multas a los fumadores “distraídos”.

Pero en realidad ninguna de las anteriores estrategias, por si sola, es suficiente. Se han propuesto modelos como el de las botellas retornables o el de la prohibición de los filtros en los cigarrillos, a imagen y semejanza de la eliminación de las bolsas plásticas. Pero la medida más esperada es que se aplique el concepto de la “Responsabilidad Extendida del Productor”, como sucede para los componentes electrónicos o los medicamentos caducados en algunos países.

La prohibición de fumar en espacios cerrados ha traído enormes beneficios, por lo que habría que ampliar la medida a todos los lugares públicos al aire libre.

Además de multar los comportamientos incívicos, sería posible instaurar un impuesto para grabar los cigarrillos como un producto altamente contaminante, como ocurre con los móviles y ordenadores, permitiendo reinvertir en recogida selectiva, reciclaje y/o eliminación de estos residuos.

Mientras legisladores, educadores, urbanistas y científicos encuentran la solución a este vulgar y despreciable desecho, podemos consolarnos con un efecto colateral interesante: la presencia de esta inmundicia fumadora en el agua estancada y lugar de puesta predilecto del mosquito Aedes aegypti (vector de zika, chikungunya y dengue), daría lugar a generaciones de mosquitos con menor esperanza de vida y fertilidad, según este estudio realizado por la Universidad Sains de Malasia.

Esperemos que no sirva de excusa para seguir tirando las colillas en cualquier lugar.

Y por si aún no os ha quedado claro, mirad esta campaña de Rethink Butts PSA | English .

[1] Es interesante consultar el post de Marina Martínez, que relaciona la muerte de las abejas y los neonicotinoides.

 

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Lo que todos deberíamos saber sobre el tabaco

El tabaco es una de las pocas drogas legales en todo el mundo, junto con el alcohol. También es la más mortífera. Nada menos que 6 millones de personas mueren cada año por culpa del tabaco. 6 millones de muertes que podrían evitarse. A lo que deben sumarse otros muchos millones de personas enfermas, incapacitadas, vivas pero con las vidas destruidas por esta droga.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿De quién es la culpa? Está claro que la industria del tabaco es la principal responsable. Durante décadas engañó a la sociedad, hizo creer a sus consumidores que sus productos no eran perjudiciales para la salud, o incluso que eran beneficiosos. Ahora sabemos la verdad. Pero el poder de este sector sigue siendo enorme; en muchos países la industria del tabaco sigue incitando a la población a fumar, a convertirse en adicta a una droga que mata por dentro. Lentamente, casi sin que nos demos cuenta.

Sin embargo, parte de la culpa sigue siendo de la sociedad. De la presión de grupo que lleva a fumar a los jóvenes. De la aceptación social ante la adicción al tabaco. Y de los propios fumadores, que por desconocimiento o resignación siguen comprándolo y consumiéndolo.

Lo primero, pues, es reconocer el enorme peligro que entraña el tabaco. Hay muchos otros riesgos en la vida, sí, pero los datos hablan por sí solos: el tabaco mata. No es que pueda matar, es que lo hace, y de formas horriblemente dolorosas. El tabaco mata a más personas que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntos.

Y lo segundo es tener claro que se puede dejar de fumar. Es difícil, por supuesto, como lo es dejar cualquier adicción. Es especialmente difícil hacerlo solo. Por eso hay que saber pedir ayuda: con la supervisión de un profesional de la salud es mucho más probable dejarlo con éxito.

Sé que me estoy metiendo donde no me llaman. Yo no fumo y nunca he fumado. Sin embargo, sí conozco a mucha gente que lo hace, y he sido (y sigo siendo a veces) fumadora pasiva. Voy a ser directa: odio el tabaco. Pero lo que más odio es ver cómo personas a las que quiero, que quiero que vivan sanas y felices, ponen en peligro sus vidas (y las de los que estamos a su alrededor) por una maldita droga. Sé que la culpa en su mayor parte no es suya, pero también sé que sólo ellos, por su propia voluntad, pueden dejarlo. Yo sólo puedo intentar darles una razón.

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