Palabras clave: sociedad

Compañeros, al fin y al cabo

En el máster aprenderemos cosas de comunicación, de ciencia, de medicina y de medio ambiente, pero, al menos para mí, será un espacio para aprender a establecer nuevas relaciones humanas. El reto es conocernos sin vernos, cooperar sin oírnos y generar amistad sin darnos abrazos.
Por eso os quiero dedicar este storify con todo mi cariño, para que no nos olvidemos que, pese a la distancia, seguimos siendo compañeros de clase.

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Súper Salmón, próximamente en los mejores platos

La FDA aprueba el primer producto animal transgénico de venta y consumo humano: el salmón AquAdvantage.

Saumon GE et non GE
Salmón transgénico AquAdvantage versus salmón atlántico no transgénico (Aquabounty Technologies).

El primer alimento de origen animal transgénico está hoy un poco más cerca de llegar al plato. El pasado 20 de noviembre, la FDA (Food and Drug Administration) aprobó en EEUU el consumo humano del salmón transgénico producido por la empresa estadounidense AquaBounty. El que algunos han rápidamente apodado “súper salmón” es un organismo genéticamente modificado mezcla del salmón atlántico y el salmón real o chinook. Este súper salmón, logra crecer en 18 meses lo que el original tarda 30 meses. El secreto radica en la transferencia de genes asociados a la hormona de crecimiento al salmón atlántico original. El resultado son 5 kilogramos de pescado en el mercado en tiempo récord. ¡Esto sí se merece un premio Guiness! Sin embargo, la aprobación para su consumo humano por la FDA ha levantado polémica.

De Canadá a Estados Unidos, pasando por Panamá.

El salmón AquAdvantage “nutritivo, delicioso, fresco y asequible” que anuncia AquaBounty en su página web, junto con alguna receta de cocina para quienes se animen a probarlo, será producido entre Canadá y Panamá. El primero suministrará los huevos y el segundo verá crecer hasta 5000 pececillos en unas instalaciones en la selva a más de 1500 metros sobre el nivel del mar. Desterrada su producción, Estados Unidos tan sólo será el país destino de comercialización y consumo bajo un etiquetado similar al del salmón atlántico salvaje. Su aprobación en la Unión Europea no ha sido (¿aún?) demandada.

Anuncio del salmón AquAdvantge en la página web de la empresa estadounidense.

Tras 20 años de investigación y desde que en 2010 la FDA concluyera su inocuidad para el consumo humano, este organismo regulador finalmente acaba de publicar el estudio de impacto ambiental dando luz verde a la venta para consumo del primer pescado transgénico que en un plazo de 2 años podrá servirse en los platos estadounidenses. Una de las razones por la que esta noticia ha tardado en llegar se encuentra en la firme oposición que asociaciones ambientalistas y sectores anti-transgénicos así como grupos de supermercados y consumidores han presentado durante años contra el también bautizado Frakenfish. Esta oposición alerta principalmente sobre las consecuencias medioambientales (pero también económicas y de mercado) que la FDA, consideran, no ha sido capaz de valorar.

Noticia de la Associated Press, del 19 noviembre de 2015.

Anti-transgénicos y consumidores unidos contra el Frakenfish.

Alertando sobre los riesgos asociados a la producción y consumo del recién aprobado salmón transgénico y con miedo de que la aprobación del Frankenfish abra definitivamente la veda a productos alimenticios cárnicos modificados genéticamente, organizaciones internacionales no gubernamentales han lanzado y difundido a través de medios y redes sociales campañas en contra del Frankenfish.

Publicidad de campañas contra el salmón genéticamente modificado de AVAAZ, Center Food Society y Friends of the Earth.

A pesar de que únicamente se cultivarán hembras triploides del salmón AquAdvantage, el triploidismo (3 juegos de cromosomas, en vez de 2) no asegura la completa esterilidad del animal. La FDA lo reconoce en su citado estudio de impacto ambiental. No obstante, concluye que el riesgo de escape de los transgenes al medio natural es despreciable dada la ausencia de salmónidos nativos en aguas panameñas y las altas temperaturas de estas aguas, lo que impedirían el cruce y supervivencia del súper salmón, respectivamente.

La Food Water and Watch (FWW), organismo sin ánimo de lucro y gran detractor del Frankenfish, considera limitado el análisis realizado por la FDA, quien ha estudiado el salmón de Aquabonty como si de un fármaco veterinario se tratara y no como un alimento. Desde el punto de vista sanitario, además de un potencial alergénico, asegura que el AquAdvantage posee 40 veces más de un compuesto asociado al incremento de riesgo de cáncer, el insuline-like growth factor. Por otro lado, asegura que la fuga del salmón transgénico sí tendrías graves consecuencias en las poblaciones animales marítimas nativas y resalta la falta de estudios al respecto, concretamente la posibilidad de transmisión de enfermedades infecciosas. Por considerarlo un medicamento, critica la ausencia de un análisis sobre las propiedades organolépticas del salmón transgénico, así como sobre su coste de producción. Todos ellos, aspectos importantes para el consumidor que la FDA habría ignorado.

Científicos de la US Fish and Wildlife Service, alertan igualmente sobre el grave impacto de la posible fuga del súper salmón al medio salvaje. El desacuerdo entre esta organización y la FDA habría sido una de las razones de la externalización de la producción del salmón a aguas panameñas.

Para el gobierno del país centroamericano, acoger las instalaciones de AquaBounty es una manera de introducir en el país la industria biotecnológica. Giovanni Lauri, director de la Autoridad de Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP), aseguró que Aquabounty “intentó (producir) en otros países pero tienen miedo de innovar” y agregó que esta clase de peces “son el futuro”. Estas optimistas declaraciones contrastan con las instalaciones panameñas de AquaBounty: rudimentarias, escondidas en tierras altas y de difícil acceso, descritas por el periódico británico The Guardian; así como con la multa de 10.000 dólares americanos, según la FWW, que Aquabonty habría pagado a los reguladores panameños por la violación de leyes medioambientales.

Por su lado, cadenas de alimentación y consumidores se echan las manos a la cabeza ante la determinación de la FDA de no adjudicar un etiquetado especial al salmón transgénico. El organismo estadounidense, alegando que “el salmón AquAdvantage no es materialmente diferente de otros productos derivados del salmón atlántico”, no ve necesario señalar la diferencia. En un país donde 9 de cada 10 consumidores quieren un correcto etiquetado de los productos alimenticios, los oponentes al llamado DARK Act (Deny Americans the Right to Know Act) denuncian que la decisión de la FDA vulnera los derechos del consumidor.

Logo del movimiento Just Label it por el etiquetado de los alimentos transgénicos y contra el DARK Act.

“Al final del día, la economía ganará”.

En cualquier caso, las palabras que en 2012 el máximo inversor en el proyecto AquAdvantage, el biólogo molecular y ex primer ministro georgiano de economía Kahka Bendukidze, dedicara al periódico New York Times resultan sin duda poco convincentes para los defensores del bienestar social y la sostenibilidad ambiental. Bendukidze, quien aseguró no tener idea sobre acuicultura pero buscaba diversificar sus inversiones, sentenció “at the end of the day, economics will win”.

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Ciencia ciudadana: el poder de la colaboración

¿Qué es eso de ciencia ciudadana? Me imagino que a muchos de vosotros (como a mi hasta hace unos días) os sonará a nuevo este concepto.

El English Oxford Dictionary la define como el “trabajo científico realizado por miembros del público general, a menudo en colaboración, o bajo la dirección de científicos profesionales e instituciones científicas”. Se trata de una forma diferente de hacer ciencia en la que cualquier persona puede participar, de manera activa, en cada una de las fases de un proyecto de investigación: desde su financiación hasta la evaluación de resultados, pasando por la toma de datos o el diseño.

Imagen: Sketching de Verity Harrison sobre la ciencia ciudadana. Via Barcelona Lab
Imagen: Sketching de Verity Harrison sobre la ciencia ciudadana. Via Barcelona Lab

El término en inglés lo acuñó por primera vez en los ochenta el científico Rick Bonney, director del Cornell Lab of Ornithology de Nueva York, refiriéndose al creciente número de aficionados que recogían datos poblacionales de distintas especies de aves. Pero la ciencia ciudadana, en su sentido más básico, lleva practicándose desde hace décadas. Sin ir más lejos, Darwin pudo recopilar la gran cantidad de evidencias que sostienen su teoría de la evolución gracias a miles de cartas que le enviaba gente de todo el mundo, muchos sin formación científica. Continuar leyendo

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Ciencia y Sociedad

Resumen del informe realizado en el año 2014 por el Pew Research Center y por la Asociación Americana para el avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés). El objetivo del informe es analizar los puntos de vista de los científicos y del público general sobre la ciencia.

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