Palabras clave: ONU

De la agricultura industrial a la ecológica

Una historia creada por Gema Valera

La agricultura industrial no ha conseguido paliar el hambre en el mundo: Los monocultivos pretenden cultivar a gran escala, pero a cambio necesitan de pesticidas tóxicos. Añadido a esto, son muy sensibles al estrés y contaminan el agua y los suelos, destruyendo la biodiversidad y perdiendo insectos polinizadores. La agricultura industrial nos está dirigiendo a una situación insostenible y de empobrecimiento nutricional de nuestros alimentos.

Necesitamos urgentemente cambiar el modelo, la agricultura ecológica es el futuro.

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Legumbres: un pantallazo en su año internacional

El 2016 fue designado por la ONU como Año Internacional de las Legumbres. A veces menos populares que, por ejemplo, las carnes en la cocina, son sin embargo uno de los alimentos más completos actualmente disponibles.

Su alto contenido de proteínas, minerales y fibras son beneficiosos para la salud, y además ayudan a prevenir patologías como desordenes cardiovasculares y reducen los niveles de colesterol en sangre, por nombrar algunos.

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Supertormentas en Conferencia de la ONU

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Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons.

El “ojo del huracán” es aquella zona en el centro de la tormenta que se encuentra en completa calma mientras todo a su alrededor es destruido. La definición bien podría calzar a la sede en la cual se realizó la vigésima Conferencia de las Partes de la ONU sobre Cambio Climático en Lima en diciembre pasado. Una trasnochada declaración de 196 países con buenas intenciones para ponerse de acuerdo en la próxima reunión en París, fue el resultado de la Convención. La parálisis de las negociaciones durante dos semanas, no refleja la urgencia que reviste el llegar a acuerdos para detener el calentamiento global. Los científicos establecieron que necesitamos reducir las emisiones de CO2 hasta en un 80% para estabilizar la concentración de gases invernadero para tan sólo disminuir el daño producido por el calentamiento global. Incluso si hoy mismo dejáramos de emitirlos, la tierra aumentaría 0,5 grados Celsius. Y debemos lograr que no suba más de 2. No queda mucho margen para la dilación.

El calentamiento global ya no es solo un eslogan de chapitas de una ONG, ni el pie de foto de un tierno oso polar a la deriva en un pequeño trozo de hielo. Las consecuencias catastróficas debido al aumento de temperatura del planeta están ocurriendo ahora.

Supertormentas como el tifón Vongfong que acabó con la vida de 9 personas y produjo daños por más de US 48 millones de dólares en Japón, o como el tifón Hayan, que quitó la vida a más de 6 mil personas en Las Filipinas se relacionan directamente al aumento de la temperatura de los océanos.

Las evidencias científicas son abrumadoras y las voces que niegan la responsabilidad de la mano del hombre tras esto, se están quedando solas. Hasta el mismo Papa hizo un llamado a los países miembros de la Convención a llegar a un acuerdo. Y sí, los países que asistieron a la convención están muy de acuerdo en que hay que establecer medidas de mitigación; el problema se produce a la hora de asumir responsabilidades y compromisos. Nuevamente países ricos y países en desarrollo se enfrentan en orillas opuestas de un mismo río y ambas facciones deben dar y ceder.

Los costos económicos y políticos de medidas que incluyan la disminución del uso de combustibles fósiles y la reconversión a energías alternativas entre otras, implican tomar decisiones complicadas de implementar. Los países en desarrollo son los más afectados por las consecuencias del cambio climático y claman por compensación a los países ricos, quienes son los que más emiten gases de tipo invernadero. Los países más ricos conceden el punto, pero no hay acuerdo en los montos que se deben destinar a tal efecto. Al momento, sólo se ha reunido el 10% del financiamiento necesario para hacer frente al cambio climático al 2020 y aún no hay acuerdo sobre quienes deben poner el dinero y cómo se repartirá. Mientras las cumbres y convenciones se suceden, la temperatura sigue aumentando. Es hora de que nuestros gobernantes salgan del ojo del huracán y tomen las decisiones que definirán nuestro mañana.

Ya lo dijo el filipino Naderev Saño, voz ícono de la defensa de los países afectados por el cambio climático: “Dejemos de llamar a la tormenta ‘desastre natural’. No es natural cuando la especie humana ya ha cambiado el clima tan profundamente”.

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