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La necesidad de nuevos tratamientos para el Párkinson

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El Párkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente del mundo. Sólo en España hay más de 180.000 afectados.

Es una enfermedad crónica para la que no existe cura, pero si existen tratamientos para reducir sus síntomas. El problema es que el mejor tratamiento actual sigue siendo el mismo que en los años 60.

Esto puede no parecer muy alarmante, ya que es común pensar que “el Parkinson solo son temblores”, mucha gente desconoce que la rigidez, la congelación, la depresión, las alucinaciones, la demencia, o la disminución del olfato son algunas de sus otras características, a veces más problemáticas que los temblores. Aún y siendo una enfermedad tan conocida, es a la vez muy desconocida y está rodeada de muchas mentiras.

Síntomas motores y no motores del Párkinson
Síntomas motores (está implicado el movimiento) y no motores (no está implicado el movimiento) de la enfermedad de Párkinson

¿Qué falla en el Párkinson?

En las enfermedades neurodegenerativas  se produce una muerte neuronal, en concreto en el Párkinson mueren las neuronas productoras de dopamina (dopaminérgicas).

La dopamina es un mensajero químico que transmite señales de movimiento de una neurona a otra. Si falta el mensajero, el mensaje no llega a su destino, y se producen los defectos en el movimiento.

La muerte de las neuronas dopaminérgicas conlleva un deterioro del movimento en la enfermedad de Párkinson
La muerte neuronal conlleva una disminución de los niveles de dopamina produciendo patrones anormales de activación nerviosa en el cerebro causando deterioro en el movimiento.

¿Cómo se trata?

Si lo que falta es  dopamina, la solución sería administrarla externamente. PROBLEMA: la dopamina no puede cruzar la barrera hematoencefálica (BHE) que protege el cerebro.

Los fármacos más habituales son los precursores de la dopamina, que se transforman en dopamina cuando llegan al cerebro, o los productos que imitan la función de la dopamina (agonistas de la dopamina). El “tratamiento estrella” es la levodopa, un precursor de la dopamina que salió al mercado en 1960. Y después de 50 años sigue siendo el mejor tratamiento que se conoce.

La función de estos fármacos es reducir los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes. El problema es que con el paso de los años su efecto se reduce y le acompañan varias complicaciones. Cuando la enfermedad está muy avanzada los problemas de los tratamientos pueden superar los beneficios.

Por supuesto, existen otros fármacos o intervenciones quirúrgicas para mejorar estos efectos, pero la verdad es que no son muy efectivos.

Varios investigadores intentan buscar un remedio a este problema, sin ir más lejos, un artículo publicado recientemente demuestra la posibilidad de “enseñar” a las neuronas a responder al placebo (sustancia farmacológicamente inerte -agua con sal o azúcar, por ejemplo-). Primero administran diversas dosis del medicamento (apomorfina) y luego el placebo. Administrado el placebo después de cuatro dosis de apomorfina lograban  una respuesta igual a la del medicamento durante 24 horas. De este modo, se podría alternar la administración de placebo y fármaco para reducir las tomas de medicamento.

Aunque es un enfoque prometedor, y si llegara a la clínica podría retardar la llegada de los efectos secundarios, solo retrasaríamos lo inevitable. Los efectos secundarios del medicamento seguirán ahí, y los problemas a largo plazo seguirán apareciendo. Aunque es un paso, ¿es suficiente? En mi opinión, después de 50 años de “más de lo mismo”, con muchos avances indiscutibles, pero sin ninguna solución real, se necesita algo un poco más definitivo.

Esto es lo que intentan algunos estudios de terapia génica en Párkinson. La terapia génica consiste en introducir genes en nuestras células a través de vehículos para curar o prevenir enfermedades.

Una de las aproximaciones más prometedoras es el ProSavin, que devuelve la producción de dopamina al cerebro, reduciendo mucho la necesidad de administración externa.

En un ensayo clínico con 15 pacientes de Párkinson avanzado, introducían tres genes distintos en las neuronas del cuerpo estriado (región del cerebro que controla los movimientos corporales) con el objetivo de convertir las neuronas no productoras de dopamina en fábricas de dopamina para reemplazar su pérdida constante. Los resultados, aunque preliminares, sugieren que el reemplazo de dopamina estable podría ser un tratamiento eficaz a largo plazo.

En la misma línea hay proyectos que trabajan con la neuroprotección, para evitar la muerte neuronal, la administración de factores de crecimiento en las neuronas o, incluso, la regeneración de las neuronas dopaminérgicas.

Estas líneas de investigación, aunque más recientes y, tal vez, más arriesgadas, proporcionarían un beneficio mayor y más duradero que los tratamientos actuales. Se debería invertir más esfuerzos en obtener resultados cuanto antes, pues la necesidad de nuevos y mejores tratamientos para esta dolencia es necesaria: No solo los seis millones y medio de afectados en todo el mundo se verían beneficiados, si no todos sus familiares, que sufren la enfermedad con ellos.

 

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