Palabras clave: embarazo

«El duelo perinatal es muy doloroso para los padres pero poco entendido por todos los demás»

Una psicóloga del Vall d’Hebron atiende las necesidades emocionales de profesionales y familias que han sido testigos de la muerte de un bebé durante el embarazo o en sus primeros días de vida

Por Beatriz Sevilla

La psicóloga María Teresa Pi-Sunyer
Fuente: Cedida por María Teresa Pi-Sunyer

A María Teresa Pi-Sunyer siempre le interesó saber qué pasa antes de nacer. Doctora en Psicología por la Universidad de Toulouse, hizo su tesis sobre las dificultades que afloran cuando el embarazo no marcha bien. A su regreso a Barcelona siguió indagando sobre el tema y ya lleva veinte años ejerciendo de psicóloga en el Hospital Materno-Infantil Vall d’Hebron. En ese mismo centro levantó, casi sin planearlo, el proyecto ‘Espacio de Palabra’ con el objetivo de crear lugares de reflexión donde poder expresar y compartir las emociones que despierta el duelo perinatal –que se experimenta cuando el bebé muere entre las 28 semanas de gestación y los siete días posteriores a su nacimiento–.

PREGUNTA – ¿Cuáles son los síntomas propios del duelo perinatal?

RESPUESTA – El duelo perinatal es muy diferente al resto de duelos. Aquí, la particularidad es que quien fallece es un niño o niña que nadie ha visto ni conoce. Sus padres se habían creado muchas expectativas durante el embarazo: le habían puesto un nombre, habían imaginado cómo sería, las cosas que harían juntos… Se dice que es un duelo invisible y poco reconocido porque los padres tienen que despedirse de un hijo que ha existido sobre todo a nivel imaginario.

P – Como sociedad, ¿estamos más preparados para enfrentar otras pérdidas?

R – Por supuesto. Ahora vivimos en la era de la imagen, donde es tan importante el aspecto. Y, como aquí no hay nada que puedas enseñar, la muerte queda desautorizada. El duelo que le sigue es muy doloroso para los padres pero poco entendido por todos los demás. De hecho, la gente de tu entorno te hace comentarios del tipo «sois jóvenes, ya tendréis otro», «suerte que ha pasado ahora y no más adelante», «suerte que no lo conocíais»…

A los padres les duele escuchar esto porque para ellos ese niño sí que existió, y será siempre el primer hijo, o el segundo. Es decir, tendrá su lugar. Por supuesto que es difícil opinar de algo tan íntimo. De ahí que muchos opten por esas frases hechas (¡y lo hacen con la mejor voluntad!) Pero a veces es preferible no decir nada; un «lo siento» o un simple abrazo bastan.

Vivimos en la era de la imagen, y como aquí no hay nada que enseñar la muerte de estos bebés queda desautorizada

P – En lo que respecta a los padres, ¿recomienda ver y coger al bebé para poder despedirse de él?

R – En Vall d’Hebron, tanto en las muertes naturales durante el embarazo –los óbitos fetales– como en las interrupciones de embarazo, siempre recomendamos verlo una vez que haya nacido. El momento de la despedida es único e irreversible, porque no podrá repetirse. Tras ver a su hijo los padres dicen que se quedan más serenos porque lo han cogido en brazos, le han dicho que lo querían y que lo echarán de menos. Eso es crucial para el duelo. Además, el personal sanitario sabe cómo hacerlo y cómo presentarlo. Están muy entrenados.

Por supuesto, hay parejas que en ese momento deciden no ver al bebé. Luego, casi todas se arrepienten. Pero entonces no hay vuelta atrás.

P – Hay papás que guardan recuerdos del bebé. ¿Eso facilita el proceso de duelo?

R – Nosotros lo recomendamos mucho, sobre todo cuando los niños ya han nacido. De hecho, las enfermeras preparan unas cajitas donde meten las pocas cosas que el bebé ha podido usar: el chupete, la pulsera identificativa, la mantita con la que se ha tapado, el pijama, el gorrito… Y los padres después las guardan con mucho aprecio porque se trata de algo único: una caja de recuerdos que siempre pueden volver a mirar.

Fuente: Pixabay
Fuente: Pixabay

P – Y, ¿cómo es la relación de pareja tras la pérdida?

R – Depende mucho de cómo estaba esa pareja antes. Que él y ella tengan una relación sólida y afectuosa es el punto básico para seguir adelante con un duelo bueno. En los casos en que la pareja no es tan sólida, puede pasar que uno de los dos no tenga ganas de hablar del tema –normalmente él– y quiera olvidar cuanto antes lo ocurrido. En estas ocasiones la mujer queda muy sentida porque ella sí necesita charlar, llorar, demostrar que está triste… y a veces a su pareja le molesta. Entonces se puede abrir una brecha importante entre los dos a nivel de comunicación, y el duelo también queda afectado.

P – ¿Siempre es un proceso más duro para ellas?

R – Claro. La mujer ha perdido un hijo que estaba esperando, que tenía dentro… Por eso la pérdida es más dolorosa, física y mentalmente.

El lugar del padre es muy diferente. Mientras ella permanece metida en su mundo interno, él está más conectado con el exterior, pues empieza a trabajar antes [en estos supuestos la mujer tiene derecho a la baja por maternidad], es el que le trae el mundo de fuera adentro y puede estar más por ella: ayudarla, consolarla, etc. El ritmo de la mujer siempre es más lento, y eso hay que respetarlo.

La pérdida es más dolorosa para la mujer, física y mentalmente

P – Con el objetivo de aliviar el dolor que causan estas pérdidas nació ‘Espacio de Palabra’. Háblenos sobre el proyecto.

R – Yo llevo ya años trabajando como psicóloga en el Servicio de Ginecología y Obstetricia de Vall d’Hebron con los embarazos de riesgo, y también en Neonatología. En este último servicio vi cómo quedaban de afectados los profesionales tras las pérdidas. Empezamos a hablar de forma totalmente improvisada sobre ciertas muertes que les habían afectado especialmente. Los médicos y enfermeras también necesitan expresar sus emociones: piensa que a veces fallece de forma inesperada un bebé al que llevaban atendiendo meses.

A partir de estos encuentros esporádicos, decidimos establecer una reunión fija mensual que durara una hora y media. Ahora en febrero se cumplen cinco años desde que empezamos, y no hemos perdido ningún mes de reunión. De hecho, desde que se creó ‘Espacio de Palabra’ el servicio está mucho más preparado psicológicamente para atender estas situaciones.

P – Además de los especialistas del servicio, también atiende a padres.

R – Sí. Un año después de esa primera experiencia, en 2013, se creó un segundo grupo en neonatos con médicos y enfermeras. Así teníamos un grupo de mañanas y otro de tardes. Y después creamos, hace ya dos años, el grupo de padres que funciona muy bien: se sienten muy comprendidos entre ellos, se apoyan, se dan ideas sobre qué funciona y qué no, el que acaba de sufrir la pérdida se ve arropado por el que la tuvo hace más tiempo… Hay que decir que a esas charlas casi siempre vienen  parejas. Pero también acude alguna madre sola, o incluso ha llegado a venir la madre de la madre, un hermano… Las reuniones están abiertas a otros familiares a los que les pueda interesar.

Todo ha sido posible gracias a Mémora –los servicios funerarios de Barcelona–, que financia los grupos. También es satisfactorio para ellos formar parte de este tipo de proyectos.

P – ¿Es gratificante su trabajo?

R – Muchísimo. Aunque parezca que la muerte es un tema desagradable, estar en contacto con gente que está en contacto con ella da mucha vida. También es esperanzador: ves cómo los padres salen adelante, cómo con el tiempo deciden tener otros hijos y emprenden nuevos proyectos, eres testigo del amor que se tienen… Todo surge de una forma muy espontánea y válida. Y te quedas impresionada de cómo la pérdida puede hacer que salgan a flote todas las emociones que había en esa familia.

La «parte humana»

P – ‘Espacio de Palabra’ ha sido una de las once iniciativas premiadas en la II Edición de los Premios ‘Humanizando la Sanidad’ que otorga la farmacéutica TEVA. ¿Cómo recibieron la noticia?

R – Muy contentos. Estando dentro del hospital a veces cuesta que ciertas cosas salgan a la luz, y más tratándose de este tema que es difícil para todos. El premio nos otorga reconocimiento, nos hace ser más visibles. Y esto, a su vez, es importante de cara a hacer un trabajo de prevención.

P – No es el único premio que han recibido.

R – No, en dos meses hemos ganado dos galardones. El otro es el Premio a las Buenas Prácticas que otorga el Ministerio de Sanidad, y que reconoce actividades que se hacen fuera del trabajo normal. La gracia es que estas experiencias puedan darse a conocer a nivel nacional para que en otras partes de España las puedan repetir o ‘replicar’, que se llama.

P – Pero, ¿la sanidad está humanizada, o aún detecta carencias en este aspecto?

R – Yo creo que hay mucha más humanidad de la que se cree. En los hospitales en general la gente se siente bien tratada, y la relación humana también cura. Basta con unas palabras, una caricia, una mirada… Cuando los médicos y enfermeras son personas cálidas que ponen –además de la técnica– su parte humana, el enfermo se siente mucho mejor y se va mucho más agradecido. Y esto en Vall d’Hebron está muy bien trabajado. Al ser un hospital grande, hay muchas pérdidas y están especialmente sensibilizados con el tema.

A veces cuesta reconocer lo positivo; yo creo que la sanidad española es una de las mejores del mundo

Si hablamos en términos generales, las once experiencias premiadas por TEVA son todas muy emotivas. Y lo mejor es que no son once, sino que hay muchísimas más por toda España. Es importante que de vez en cuando se premie el trabajo bien hecho para que la gente tenga otra visión de nuestra Sanidad. A veces cuesta reconocer lo positivo, y yo creo que la española es una de las mejores sanidades del mundo. Claro que hay largas listas de espera y otras muchas cosas a mejorar. Pero la calidad es de rango alto, eso seguro.

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