Palabras clave: cambio climático

#Mccol3: Debate sobre ciencia, medio ambiente y salud en twitter.

Dentro del taller de Narrativas Digitales del Master en Divulgación Científica, Médica y Ambiental, hemos hecho un pequeño experimento. Hemos usado el twitter como herramienta para compartir nuestras inquietudes sobre ciencia y tecnología, salud y medio ambiente a través del hashtag #mccol3. Este experimento me ha servido para aprender desde la función de un hashtag, familiarizarme con la interfície de twitter, hasta twittear y retwittear.

En este resumen podréis ver que intereses hemos compartido durante 2 semanas. El tema que ha tenido más éxito ha sido el de la exploración de el espacio, seguido por la ceguera y sus posibles terapias, el día de la mujer, la interacción entre Arte y ciencia y el cambio climático. Espero que disfrutéis de estas pinceladas de ciencia.

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Érase une vez, #mccol3

Un paseo por la aventura de comunicar ciencia en tierra de pájaros azules.
Bienvenidos. Espero que disfruten de este cuento, tanto como lo estoy disfrutando yo.

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Cambiando el mundo con paCIENCIA

Nos enfrentamos a muchos problemas hoy en día: cambio climático, extinción de especies, contaminación… Sin duda alguna, la solución (o al menos gran parte de ella) reside en el ser humano. Es necesario que la ciencia llegue al hombre de a pie para que podamos ver ese cambio y mejorar nuestro planeta. Y ahí es donde entramos en juego nosotros, los divulgadores. Nosotros necesitamos usar nuestras herramientas para que le gente deje de ver la ciencia como eso aburrido que te obligan a estudiar en el colegio, y la vea como algo apasionante, que está en todo y, lo más importante, que puede solucionar los problemas con los que convivimos.

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¡Atención al medio ambiente!

Este storify es una selección de temas relacionados con el medio ambiente que hemos ido compartiendo por twitter los alumnos de la versión online estas últimas semanas.

¡Espero que lo disfrutéis!

 

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Food Security o Seguridad alimentaria

En la actualidad habitamos nuestro planeta 7 mil millones de personas, pero no somos capaces de alimentar a todos.  Según la ONU, en 2050 alcanzaremos los 9 mil millones de habitantes ¿cuánta comida tendremos que producir para entonces?

¿Un 20% más? ¿un 30% más? Se calcula que las pérdidas de cultivos por el cambio climátido y la progresiva reducción de la superficie fértil, harán que tengamos que producir el DOBLE de comida. No va a ser un problema exclusivo de países en vías de desarrollo, ya que por ejemplo en España la desertización en el Sur y las inundaciones en el norte, hacen que ya estemos en la segunda categoría de riesgo de inseguridad alimentaria de la ONU

¿Cómo afrontaremos este reto? ¿Es en realidad un problema de distribución y no de cantidad? Si quieres saber un poco más del tema y las medidas que plantean el mundo científico, tecnológico y algún gobierno previsor, te propongo que ojees el Scoop it que he preparado. Más de 20 artículos, vídeos, infografías y mucho más para que estés informado. El primer paso es la concienciación.

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El cambio empieza por la lista de la compra

Hoy es tu día de hacer la compra. Coges un carro y te lanzas por los pasillos del supermercado, procurando conseguir todos aquellos productos que tienes en tu lista. Pasas por la sección de dulces, coges la caja de esas galletas que hace años que compras y te dispones a meterla en el carro. Lo que hoy, a diferencia de otros días, te pica la curiosidad y  te detienes a mirar la parte de atrás de la caja. “¿Qué llevarán?”

Entre los ingredientes típicos (harina de trigo, azúcar o jarabe de glucosa) es muy posible que te encuentres con el famoso aceite de palma; una grasa vegetal presente tanto en productos de alimentación (frituras, helados, bollería, platos precocinados, margarinas…) como en productos de higiene (jabones, champús, pasta de dientes…), cosmética, detergentes o alimentación animal. Además de usarse cada vez más en la elaboración de biocombustibles.

Deforestación masiva de bosques primarios, cambio climático, especies en peligro de extinción, desalojo indígena o violación de los derechos humanos son, actualmente, términos indisociables a la obtención de un producto que está causando verdaderos estragos en zonas tropicales de todo el mundo; en especial a aquellas que pertenecen al sud-este asiático, como son Indonesia o Malasia.


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Un vistazo al Cambio Climático

Hablar de cambio climático conlleva el reto de dar información drástica sin generar rechazo en la audiencia. Es bastante sencillo caer en un catastrofismo que aterre a la gente y la lleve a la parálisis que provoca el no ver salida. También podemos centrarnos en dar información sobre las cosillas que podemos hacer en nuestro día a día para reducir nuestra huella ecológica, mientras vemos anonadados en el televisor el impacto de la minería de las arenas bituminosas, los vertidos de petróleo, o las trampas que Volkswagen hace para esconder su contaminación.

En este caso, he querido mostrar el cambio climático de una manera gráfica y un tanto interactiva. Podemos ver la evolución del clima en estos últimos siglos, jugar con las predicciones y sus posibles consecuencias, o recrearnos con imágenes que muestran que siempre hay espacio para la belleza.

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La carne que devora el mundo

Tus decisiones alimentarias tienen repercusiones globales y afectan al cambio climático

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Fuente: Flickr.com

Estamos acabando con el medio ambiente. A diario nos bombardea información apocalíptica sobre el ritmo al que la contaminación, el calentamiento global o la deforestación están destruyendo la naturaleza. Aunque es un tema muy mediático, las implicaciones directas por parte de los diferentes organismos son más bien escasas. A pesar de ello, no faltan las recomendaciones a la población sobre acciones individuales que sirvan para paliar el desastre inminente que, a este ritmo, se nos viene encima. La importancia del reciclaje, apagar las luces, ahorrar agua, evitar los combustibles fósiles… acciones que tienen, sin duda, un claro efecto en materia de sostenibilidad. Sin embargo, hay un hábito que apenas es mencionado: la dieta.

“A pesar de los muchos éxitos de la agricultura en las últimas tres décadas, es evidente que los sistemas alimentarios y las dietas no son sostenibles”, afirma Barbara Burlingame, asesora principal de la Dirección de Nutrición y Protección del Consumidor (FAO). Dentro de las dietas hay un alimento especialmente controvertido, y este es la carne.

¿Es sostenible comer carne?

Al menos al ritmo actual, la respuesta es no. Según datos de la FAOel sector ganadero genera más gases de efecto invernadero que el sector transporte (un 18% del total) y tiene otros efectos indirectos de enorme repercusión para el medio ambiente, uno de ellos es la deforestación.

El ganado necesita alimentarse de cereales y es por ello que se cortan árboles y se siembran grandes extensiones de cultivo en su lugar; necesitamos árboles para parar el cambio climático, sin embargo el 90% del Amazonas ya se ha deforestado debido a la agricultura para el ganado. Provocada por la destrucción de su hábitat, 100 especies se extinguen cada día, pues el 45% de la superficie de la Tierra ya está ocupada por cultivos para animales.

Por otra parte los purines, que son los residuos que generan estos animales, se producen en una cantidad mayor de la que el medio puede asimilar, contaminando el agua y favoreciendo las zonas muertas oceánicas. Este recurso vital también sufre los efectos de la ganadería en otro sentido, pues para producir 1kg de carne de ternera se necesitan más de 15000L.

waterfootprint.org

Comiendo carne por encima de nuestras posibilidades

Antiguamente comer carne era considerado un lujo, pero hoy en día raro es no comer al menos un plato al día que no tenga este elemento como ingrediente principal. Esto quiere decir que se ha conseguido un precio más reducido a cambio de externalizar costes. Pagamos un precio más barato por la carne por que ya está pagando por nosotros el rio que queda contaminado, el bosque que se tala o los animales que malviven en el sistema de la ganadería intensiva.

Sólo entre 1990 y 2012, según datos de la FAO, el número de gallinas en el mundo ha crecido un 104,2%, de 11.788 a 24.705 millones, y el ganado vacuno, muy contaminante para el medio ambiente, ha pasado de 1.445 a 1.684 millones (un 16,5%).

Según el informe anual sobre alimentación de 2014  del Ministerio de Agricultura, en España el consumo medio per cápita de carne es de 51 kilos al año. Es decir, 139 gramos al día. Es un nivel muy elevado, ya que por ejemplo la dieta mediterránea aconseja tomar como máximo raciones de unos 100 gramos, y no todos los días.

Este acusado exceso en algunos países abre una tremenda brecha con los países en vías de desarrollo, donde existe un consumo de carne por persona inferior a 10 kg, lo cual se considera insuficiente por la FAO y con frecuencia causa malnutrición. Mientras, en los países más ricos, el ritmo trepidante de consumo conlleva problemas de salud como los declarados en el último aviso de la OMS en 2015 respecto a las carnes procesadas.

El reparto de esta carne es profundamente desigual en el mundo.“En Occidente comemos carne a un precio asequible porque hay sitios en el mundo donde ni la prueban, es así de cruel. Si en China o la India empiezan a hacerlo, algo lógico dado que su nivel de vida va subiendo, el impacto ambiental será muy fuerte. De hecho, estos países ya están comprando extensiones brutales de tierra en África para alimentar a su ganado”, explica José Miguel Mulet, profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia.

Literalmente, el primer mundo se está comiendo a los países más desfavorecidos, pues la comida para el ganado es ingente: un tercio del total de la que consume el planeta, según el estudio Beneficios climáticos de un cambio de dieta. 

Los cereales que importamos para  alimentar a los animales que nos comemos nosotros, son en su mayor parte recursos que extraemos de los países más pobres. Si ese alimento en lugar de abastecer a nuestros animales se quedara en el país ¿a cuántas bocas podría alimentar? Ya lo dijo Gandhi, “el mundo puede satisfacer las necesidades de todos, pero no la avaricia de algunos”.

Granjas industriales, uno de los mayores problemas éticos actuales

Si este ritmo de consumo de carne es posible es gracias a mejoras en los sistema de producción que los animales pagan con su sufrimiento. La agricultura tradicional a dado paso a la ganadería industrial, la cual no puede mantener a las gallinas picoteando libres en el campo.

Ahora hay que aumentar la producción y para ello los animales se hacinan y malviven en espacios muy reducidos; la industria cárnica ya no los ve como seres vivos sino como meros objetos en una cadena de producción.

Los avances en la ciencia moderna hace posible someter a los animales a unas condiciones de vida extrema con la ayuda de vacunas, medicamentos, hormonas, pesticidas, sistemas centrales de aire acondicionado y comederos automáticos. Esto permite apiñar decenas de miles de gallinas y pollos en gallineros y producir carne y huevos con una eficiencia sin precedentes.

Además la selección artificial que los humanos hemos hecho de los animales de granja los ha convertido en autenticas aberraciones de la naturaleza. Por ejemplo, para satisfacer la demanda de carne de pollo, los pollos actuales crecen tan rápido que en tan solo 40 días han alcanzado el peso adecuado para ser sacrificados, este crecimiento es el doble de rápido que hace 30 años. A consecuencia de ello sufren muchos problemas de corazón y dolores en sus patas debido a que tienen un cuerpo desarrollado por encima de sus posibilidades.

Según un artículo publicado por Igualdad animal y extraído del periódico The Guardian, la mayoría de animales del planeta vive en granjas industriales. Pensamos que nuestro planeta está poblado de leones, elefantes y jirafas, sin embargo, en el mundo hay 1 billón de cerdos domésticos en contraste con 40.000 leones africanos. Según estadísticas del 2009, en Europa había ese año 1,6 billones de aves salvajes, mientras que la industria de la carne y los huevos europea crió 1,9 billones de pollos.

Fuente: pixabay.com
Fuente: pixabay.com

Son cifras muy grandes y es por ello que nos enfrentamos a un problema de ética mayor. Estamos sometiendo a una gran mayoría de animales del planeta a una miseria y sufrimiento incomparable. ¿No es esto un abuso de poder por parte de una sociedad que explota a los más débiles? Que los animales sienten ya lo demostró la ciencia hace años, ellos sufren y pueden experimentar el miedo o la soledad, y como dijo Jane Goodall, experta en comportamiento de primates,“no somos los únicos seres en este planeta con mentes y personalidades.”

Surgen nuevos estilos de vida en la sociedad

En contraposición a toda esta vorágine de sufrimiento y dieta carnívora de dudosa sostenibilidad, algunas personas abogan por cambiar su estilo de vida adoptando medidas que suponen el rechazo de los alimentos cárnicos o de origen animal como el queso o la leche. Es el movimiento vegano, en auge en los últimos años y que surge como forma de protesta al sistema de producción cárnico actual.

Natalie Portman u Olivia Wilde son algunas de las personalidades famosas que se han unido al veganismo por razones éticas, incluso en países eminentemente carnívoros como EE.UU, donde Hollywood ha cumplido un papel clave en la difusión de una práctica no exenta de estereotipos y tabúes.

Sin duda, el veganismo una de las forma de actuar y manifestarse ante uno de los principales problemas que sufre el mundo actual. Cada uno es libre de elegir cómo intervenir, lo que sí es cierto es que nadie debería quedarse indiferente. “El momento de actuar es ahora. Es imperativo que lo hagamos”, anunció Leonardo DiCaprio en la rueda de prensa tras recibir el Óscar a mejor actor “Tengo la sensación de que hay un reloj que hace tic-tac, y que es muy urgente que seamos proactivos ante esta amenaza”.

En la última gala de los Oscars 2016, DiCaprio utilizó su discurso en el estrado para hablar del calentamiento global y de la necesidad de un cambio. Es una pequeña muestra de que la humanidad ya ha asumido que hay nuevas cuestiones que merecen nuestra atención. De lo que no cabe duda, es que no podemos esperar que alguien actúe por nosotros, pues todos los grandes cambios suceden gracias a la pasión de los individuos y sus pequeñas acciones individuales.

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Claves para entender como se difunde la desinformación por las redes sociales

Muchos recordamos como hace unos años Rajoy ponía en duda la existencia del cambio climático – porque su primo, que es catedrático – se lo había dicho. Este tipo de afirmaciones, por decirlo suavemente… poco infundadas, compiten con noticias científicas basadas en mas evidencias que las palabras de un primo. Si en otro momento solo personajes clave podían propagar sus ideas de forma masiva, ahora, y en palabras de Umberto Eco “Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad …. enseguida (a éstos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel. Es una invasión de imbéciles”.

Se podría poner en duda la palabra de algunos premios Nobel, y seguramente no todos los usuarios de las redes sociales forman parte de la “legión de imbéciles”, pero lo que está claro es que en las redes sociales se comparte todo tipo de información, ya sea verídica o no. Entender como se transmiten estas informaciones en las redes sociales fue el objetivo del trabajo recientemente publicado en PNAS.

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La reforestación actual podría agravar el cambio climático

¿Cómo gestionamos nuestros bosques? R. J. Neil Sanchez

Un grupo de investigadores ha desvelado con su estudio que la gestión de las zonas forestales de estos últimos  años en Europa no ha  mitigado el calentamiento global, sino que más bien lo ha empeorado.

“Los últimos descubrimientos nos muestran que simplemente plantar árboles –al menos en zonas templadas- no significa disminuir el calentamiento global”. Así de contundente se mostraba Vivek Arora –investigador del Canadian Center for Climate Modelling and analysis- a la revista Science cuando le preguntaban sobre el estudio Europe’s forest management did not mitigate climate warming publicado por esta misma revista a principios de este mes.

Y es que el idílico de que la reforestación nos puede salvar del cambio climático está más en entre dicho que nunca: el estudio llevado a cabo por los investigadores del laboratorio Science du climat et de l’environnement en Gif- sur- Yvette, (Francia) se ha basado en un registro comparativo de los bosques europeos des del 1750 hasta el 2010 y los datos no engañan; la temperatura en los bosques ha aumentado 0,12ºC aun habiendo aumentado un 10% el área total de los bosque europeos desde entonces.

¿A qué se debe esta aparente contradicción? Al parecer, las especies utilizadas para la repoblación de nuestros bosques han sido mayoritariamente coníferas -como el pino o la pícea noruega- en detrimento de especies autóctonas caducifolias como pueden ser el roble o el haya. Y es que en estos dos siglos y medio, los bosques de coníferas han pasado de ser el 30% de la zona forestal a un 57%, mientras que el bosque caducifolio se veía reducido de un 70% a un 43% en toda Europa.

“Para repoblar se valora que se trate de especies como el pino que crecen más rápido” decía el ecólogo Fernando Prieto –colaborador del observatorio por la sostenibilidad español- a el diario El País. Y es que si algo ha crecido en estos últimos dos siglos ha sido, sin duda,  el sector maderero, el cual ha influido en sobremanera a la gestión forestal de nuestro continente.

El problema es que este cambio de especies afecta directamente a los ecosistemas que ocupan, influyendo a la larga en la temperatura de la zona: “Cambiando el bosque, también hacemos los cambios en la cantidad de radiación, agua, y energía que éstos liberan”  decía el autor y ecólogo del estudio,  Kim Naudts a la revista americana.

Por un lado, las hojas de las especies coníferas son más estrechas y pequeñas que las grandes hojas que pueden poseer robles o hayas, y esto repercute disminuyendo la llamada evapotranspiración –proceso en que las plantas liberan vapor de agua a la atmósfera-, provocando el aumento de temperatura en los bosques.

Por otro lado, estas especies suelen ser de tonalidades más oscuras que sus parientes caducos, lo que afecta a la disminución del albedo –capacidad que tiene un cuerpo para reflejar los rayos del sol-, absorbiendo así más los rayos ultravioleta  y en consecuencia, almacenando más calor.

Por último, los árboles reforestados, al ser más jóvenes, disponen de menor capacidad para absorber el CO2 en sus troncos y raíces; el cual, a su vez, también es liberado cuando estos son talados. Por el contrario, las especies originales son capaces de almacenar bastante más dióxido de carbono en su organismo.

Cabe mencionar, además, que este fenómeno no solo se ha localizado en Europa, sino que también se han detectado consecuencias similares en otras zonas del mundo donde han habido abundantes repoblaciones –Estados Unidos, Rusia, Brasil o Nueva Zelanda- que han cambiado de forma sustancial los bosques originales.

“Ya no nos vale repoblar con especies nuevas y no mantener las antiguas, necesitamos elaborar una nueva estrategia de gestión forestal” manifestaba Prieto a el País.

En conclusión pues, parece evidente la necesidad de un replanteamiento en la gestión de nuestros bosques, que tenga más en cuenta la salud del ecosistema y el cambio climático, y que –para variar- no se centre únicamente en la explotación de los recursos naturales. El futuro del medio ambiente sigue en juego.

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