Palabras clave: Astronomía

Top 10 noticias Astronomía 2017

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¿Hay homínidos verdes en Próxima b?

Un equipo de astrónomos ha observado un planeta en la zona habitable alrededor de Próxima Centauri, la estrella más cercana a nosotros después del Sol. Su posición permite una temperatura lo suficientemente alta para que se encuentre agua líquida, considerada indispensable para la vida.

Virginia Greco

Imagine artística del paisaje sobre la superficie de Proxima b [Fuente: ESO]
Imagine artística del paisaje sobre la superficie de Proxima b. [Fuente: ESO]
El sueño de encontrar formas de vida que nos hagan compañía en la soledad del Universo sin confines ha llevado a los astrónomos a buscar en otros sistemas solares planetas que presenten características parecidas a las de la Tierra.

Si ya en los últimos años pequeñas luces de esperanza se han encendido gracias a la observación de exoplanetas (planetas que orbitan alrededor de estrellas distintas del Sol) muy lejanos potencialmente habitables, se entiende la excitación por el reciente anuncio del descubrimiento de un planeta de este tipo en nuestro sistema vecino. El estudio, publicado en la revista Nature el pasado 25 de Agosto, se ha llevado a cabo por un equipo de astrónomos guiado por Guillem Anglada-Escudé de la Universidad Queen Mary de Londres.

Poco se sabe todavía sobre este planeta, que ha sido bautizado Próxima b por orbitar alrededor de la estrella Próxima Centauri. Los investigadores han observado que está localizado en la zona definida como “habitable” alrededor del astro, es decir en el intervalo de distancias desde la estrella en que la temperatura permite la presencia de agua en estado líquido, condición necesaria para la vida según la conocemos.

Según los cálculos hechos por los científicos, Próxima b presenta una masa igual a 1,3 veces (o más) la de la Tierra y una órbita muy pequeña, ya que se encuentra a solo 7,3 millones de kilómetros de distancia de su estrella, mientras que la Tierra dista 150 millones de kilómetros del Sol. Cada 11,2 días el planeta cumple un giro completo alrededor de Próxima Centauri, así que un año allí es increíblemente corto (se recuerda que llamamos año exactamente al tiempo que necesita la Tierra para dar una vuelta completa al Sol).

Si está tan pegado a su estrella, ¿no será muy caliente? Lo sería si Próxima Centauri fuese un astro de la misma categoría del Sol, pero no es así. Se trata de una enana roja, es decir una estrella pequeña que emite bastante menos luz, por lo tanto si Próxima b no estuviese así de cerca sería sin duda demasiado frío para permitir el desarrollo de la vida.

Vida extraterrestre y viajes interestelares

Aunque orbite en la zona habitable de su estrella, de hecho no es altamente probable que Próxima b sea casa de seres vivientes. Se trata sí de un planeta rocoso como la Tierra, sin embargo se desconoce si hay efectivamente agua líquida en su superficie y si está dotado de atmósfera. Esta sería necesaria para garantizar un clima habitable y, sobre todo, protección contra las radiaciones de altas energías normalmente emitidas por las enanas rojas.

Además los investigadores creen que, según un fenómeno llamado acoplamiento de marea, el planeta enseña siempre la misma cara a su astro (como pasa con la Luna respecto a la Tierra). En consecuencia, es posible que solo una parte de Próxima b presente un clima favorable a la vida.

Evidentemente podrían existir formas de vida que se hayan adaptado a las distintas condiciones del planeta que las hospeda, sin embargo no tenemos ninguna prueba de esto. Además vale la pena recordar que cuando se habla de posibles seres vivientes no se implica necesariamente que sean también inteligentes, o sea que hayan alcanzado un nivel de desarrollo cerebral comparable con el nuestro. Se podría bien tratar de seres muy “simples”.

Hay que poner en contexto también el concepto de cercanía. Próxima Centauri es la estrella más cercana a nuestro sistema solar, pero esto no significa que Próxima b esté a golpe de viaje espacial. El planeta se encuentra a 4,22 años luz de distancia de nosotros, es decir 40 mil millardos de kilómetros. Aunque se trate de una distancia pequeña en términos astronómicos, con las tecnologías actuales no podríamos plantearnos ir: las astronaves más veloces construidas hasta ahora necesitarían decenas de miles de años para llegar. Y esta no sería la única dificultad, ya que hacer viajar un hombre a través del sistema solar hasta llegar a otro no es nada trivial.

Observatorio ESO La Silla en Chile. [Fuente: ESO]
Observatorio ESO La Silla en Chile. [Fuente: ESO]
Ojos altamente tecnológicos apuntando al cielo

En cualquier caso la observación de Próxima b es un resultado muy importante y abre la vía a nuevos proyectos de investigación. El equipo liderado por Anglada-Escudé ha podido hacer este descubrimiento gracias al análisis cuidadoso de los datos registrados por varios telescopios que cuentan con tecnologías punteras, en particular los del Observatorio Europeo Astral (ESO) en el norte de Chile.

Los científicos han observado variaciones de la luz proveniente desde Próxima Centauri debidas a la rotación del planeta a su alrededor. El efecto de la gravedad es percibido tanto por el planeta, que en consecuencia orbita, como por la estrella misma, que a su vez cumple un movimiento rotatorio en un círculo mucho más pequeño. Desde nuestro punto de observación en la Tierra, vemos cambiar la longitud de onda de la luz que nos llega desde la estrella (por efecto Doppler): esto permite entender que Próxima Centauri se aleja y acerca a nosotros con una precisa periodicidad.

Los astrónomos – satisfechos y emocionados por este descubrimiento – se plantean ya nuevos estudios para encontrar respuesta a las preguntas abiertas. Como hemos visto, mucho hay todavía que entender sobre la estructura y las características de Próxima b, además hay pistas que apuntan a que el recientemente desvelado planeta tenga un hermano, un eventual Próxima c.

Hace falta tomar y analizar muchos más datos, utilizando tanto la actual instrumentación como la próxima generación de telescopios gigantes, en particular el European Extremely Large Telescope (E-ELT). Quedan todavía muchas noches de observación por delante.

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Un velero interestelar

A veces la realidad supera la ficción, y el anuncio que Yuri Milner y Stephen Hawking hicieron hace una semana fue, cuanto menos, inesperado.

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The Wise Man

There are many exemplary science communication professionals around the world. Some are more inspiring than others. However, there is no question regarding the excellence of this particular one.

I invite you to discover a little more about a scientist that shared his passion truly, mesmerizing many. In his own words, from an extract of his book The Dragons of Eden:

All human beings are members of the same species, Homo sapiens, which means, in optimistic Latin, “Man, the wise.”

Let’s walk together through the life and inspiring achievements of a man full of wisdom: Dr. Carl Sagan.

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#Mccol3: Debate sobre ciencia, medio ambiente y salud en twitter.

Dentro del taller de Narrativas Digitales del Master en Divulgación Científica, Médica y Ambiental, hemos hecho un pequeño experimento. Hemos usado el twitter como herramienta para compartir nuestras inquietudes sobre ciencia y tecnología, salud y medio ambiente a través del hashtag #mccol3. Este experimento me ha servido para aprender desde la función de un hashtag, familiarizarme con la interfície de twitter, hasta twittear y retwittear.

En este resumen podréis ver que intereses hemos compartido durante 2 semanas. El tema que ha tenido más éxito ha sido el de la exploración de el espacio, seguido por la ceguera y sus posibles terapias, el día de la mujer, la interacción entre Arte y ciencia y el cambio climático. Espero que disfrutéis de estas pinceladas de ciencia.

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Ondas emocionantes

100 años después de que Einstein predijese la existencia de ondas gravitacionales en su Teoría de la Relatividad General, un experimento internacional ha confirmado su existencia mediante la primera detección directa que se ha hecho jamás.

Hace 1300 millones de años, dos agujeros negros 30 veces más masivos que nuestro Sol danzaban uno alrededor de otro en armonía. Hasta que un día, chocaron, y se fundieron en uno sólo. En este proceso de fusión se liberaron ondas gravitacionales que estiran y contraen el espacio-tiempo y que viajan a la velocidad de la luz. Hoy, en un planeta que está a 1300 millones de años luz de distancia de aquellos agujeros negros, unos científicos se propusieron detectar estas ondas mediante láseres extremadamente precisos. Y lo han conseguido.

David Reitze, director ejecutivo de LIGO, el experimento que ha detectado las ondas gravitacionales, no se anduvo con rodeos en la rueda de prensa: “Señoras y señores, hemos detectado ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido.” La ilusión se palpaba en el ambiente, pues esta medición supone el espaldarazo definitivo a la Teoría de la Relatividad General de Einstein.

“LIGO es el instrumento de medición más preciso que se ha construido jamás.”, declaraba Reitze, y no es para menos. Gracias a los láseres de 4 kilómetros de longitud de LIGO se consiguen medir variaciones de 10-18 metros, la diezmilésima parte del tamaño de un protón. Una precisión nunca vista.

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Efecto (muy exagerado) de una onda gravitacional sobre los láseres de LIGO. Fuente: Cuentos Cuánticos

Esta observación inaugura una nueva rama de la astronomía. Hasta ahora, los astrónomos disponían tan sólo de la luz que llegaba de estrellas, nebulosas y galaxias para estudiar el cosmos. LIGO amplía la manera de mirar al cielo, pues ahora los científicos cuentan con una nueva herramienta: las ondas gravitacionales. “Somos como Galileo, cuando usó el telescopio para mirar al cielo por primera vez.”, comenta Gabriela González, portavoz de LIGO.

A diferencia de los tiempos de Galileo, los científicos modernos rara vez trabajan en solitario. La figura del genio solitario que trabaja aislado en su laboratorio se ha quedado obsoleta, si es que alguna vez fue cierta. “Este descubrimiento ha sido resultado del trabajo de mucha gente. […] Ahora mismo hay más de 1000 personas trabajando en el proyecto y ha habido cientos de personas involucradas en el desarrollo y análisis del mismo.” Gabriela González destacaba la colaboración vital entre LIGO y VIRGO, un experimento localizado en Europa y dedicado también a la detección de ondas gravitacionales.

Han pasado dos semanas desde el anuncio del descubrimiento, que fue ampliamente seguido en los medios de comunicación. La reacción general ante el anuncio la resume perfectamente Ana Ribera en el Cuaderno de Cultura Científica:

Hasta hace una semana no sabía qué eran las ondas gravitacionales, no sabía que se estaban buscando y, lógicamente, tampoco que Einstein las había predicho hace 100 años.

Una semana después he leído, visto, escuchado y masticado una cantidad de información sobre el tema que, si bien no tengo claro que me permita decir que entiendo lo que son las ondas gravitacionales, sí me ha permitido saber que son importantes.

Eventos y noticias como esta permiten transmitir a la sociedad la importancia de la investigación básica y, sobre todo, un sentimiento: lo emocionante que es la ciencia.

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Y…¿qué fue de Plutón?

El pasado 14 de Julio, la sonda “New Horizons” diseñada e ideada por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, más conocida por sus siglas en inglés como NASA (National Aeronautics and Space Administration, USA), después de un viaje de casi una década, fue capaz de cumplir su misión de explorar y documentar el planeta situado más al extremo de nuestro sistema solar. Las expectativas previas a la llegada de la sonda a las proximidades del planeta eran altas y los hechos, como recogió toda la prensa internacional, no defraudaron. Incluso el evento fue retransmitido a tiempo real para el resto del mundo a través de NASA TV, transformando un descubrimiento científico en un hito de interés internacional seguido a través de las mayores webs de social media.

Pero…. ¿qué ha sido de la sonda 7 meses después? ¿cuáles fueron sus mayores descubrimientos? ¿cuál será su destino ahora que ha cumplido su misión?

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¿No lo oyes? Es el latido del universo

Una vez más Albert Einstein, tenía razón. “Hemos detectado ondas gravitacionales, lo hemos conseguido”, así lo anunciaba David Reitze, director ejecutivo del consorcio LIGO en una macro rueda de prensa el pasado 12 de febrero seguida por streaming desde miles de ordenadores en todo el mundo. Según estas afirmaciones, se confirmaría la teoría de la Relatividad General que el famoso científico alemán ideo en 1916 y que aún no había sido del todo demostrada. Einstein predijo la existencia de ondas gravitacionales hace más de 100 años. Ahora, tras años de estudio, los detectores del experimento LIGO han podido confirmar su existencia por primera vez.

¿Y cómo es eso posible?

El equipo científico que llevaba esta investigación lo ha conseguido gracias a unos detectores de ondas gravitacionales instalados en Hanford y Livingston. Estos instrumentos comparan el tiempo que tardan dos haces de luz en recorrer ocho Kilómetros en el interior de sendos tubos. Los científicos han podido ubicar el origen de las ondas en la fusión de dos agujeros negros  a 1.300 millones de años luz de distancia del sistema solar. Los investigadores han calculado que estos dos agujeros negros tenían una masa equivalente a 29 soles y el otro a 36. Y en la fusion de ambos nació un nuevo agujero negro aún mayor de 62 soles. La masa restante, de 3 soles, se convirtió en energía que se disipó en ondas gravitatorias.

Fotografía: Claudio Giovanni, 2016

 

“Fue una tormenta muy violenta y breve. Durante 20 milisegundos emitió más energía que todas las estrellas del Universo juntas”, explicaba Kip Thorne, investigador del Instituto de Tecnología de California y cofundador del experimento LIGO.

Para Alicia Sintes, esto supone el inicio de una nueva. Para la astrofísica de la Universidad de las Illes Balears y coautora de la investigación este nuevo descubrimiento permitirá observar aspectos del cosmos que hasta ahora eran desconocidos y permitirá descubrir qué paso en la primera fracción de segundo después del Big Bang.

Se cumplen 100 años de la teoría de la relatividad general de Einsten from El Diario de Juárez on Vimeo.

Aunque la posibilidad de descubrir qué pasó hace millones de años atrás, no implica que se confirme la teoría del Big Bang, sino más bien todo lo contrario. Según Manel Nicolau, profesor de Física y colaborador del proyecto a través de la Universidad de las Illes Balears, se puede llegar a obtener un tipo de información que podría poner en cuestión, incluso, dicha teoría.

Fotografía: Babak Trafeshi

 

“Hasta ahora todo aquello que observábamos del universo era a través de ondas electromagnéticas y los instrumentos que se usaban eran telescopios, antenas de radio, satélites de rayos X… esto era toda la información que se tenía del universo. La detección de estas ondas gravitacionales significa tener un nuevo tipo de información, con una analogía de cómo nosotros, como individuos, captamos información; es cómo si hasta ahora sólo hubiéramos tenido ojos y ahora tuviéramos un nuevo sentido, el oído, y por lo tanto captamos información nueva, diferente, que se suma a la anterior para descubrir y explicar muchas cosas más del universo”, explica Manel Nicolau.

¿Por qué tanto tiempo en descubrir el pasado?

Para llegar a grandes descubrimientos se requieren grandes esfuerzos. Estas ondas gravitacionales son muy débiles y para detectarlas se necesitan instrumentos de alta precisión.

Los recursos eran escasos y por eso, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y del de California (Caltech) unieron fuerzas en 1992 para construir el Observatorio de Ondas Gravitacionales de Interferómetro Láser. Tras   veinticuatro años después, trabajan en esta investigación más de mil científicos de todo el mundo, entre ellos, el equipo de la Universidad de les Illes Balears liderado por Alicia Sintes, único en España.

Se trata del mayor proyecto que ha financiado en su historia la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos con una inversión de 620 millones de dólares. Unas aportaciones que han permitido construir los detectores LIGO. Las investigaciones se iniciaron el 2002 y durante ocho años estos instrumentos escucharon pacientemente el Universo esperando señales de ondas gravitacionales. La primera fase finalizó sin éxito en el 2010. Pero, en lugar de dar por concluida la búsqueda, el consorcio LIGO decidió mejorar el detector. Esta decisión implicó 5 años de parada y 200 millones de dólares de inversión, pero en septiembre del 2015 se reanudaron las observaciones. Y fue en este segundo intento que el Universo quiso ser escuchado.

Fotografía: NASA, 2014

Según los resultados presentados en la rueda de prensa y publicados en la revista Physical Review Letters, la primera onda gravitacional se detectó el 14 de septiembre de 2015 a las 09:51 UTC. Una señal idéntica llegó con siete milisegundos de diferencia a los dos detectores de LIGO, situados a 3.000 kilómetros de distancia, lo que indica que la señal era de origen cósmica. La onda gravitacional procedía de la dirección de las Nubes de Magallanes, las galaxias satélite de la Vía Láctea.

Estas señales eran y son las primeras de una larga serie de observaciones que cambiarán la visión actual del Universo. Por lo que, tal y como afirman los autores y científicos que encabezan esta investigación, ahora vamos a poder escuchar el Universo y no sólo verlo.

Marga Perelló, periodista y amante de los pequeños detalles (cómo este) de la vida

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Un banquete celestial: Como un agujero negro devora una estrella

El universo siempre ha resultado fascinante para el hombre. Griegos, babilonios, egipcios, aztecas, chinos… Da igual, todos intentaron explicar lo que veían en la bóveda celeste. La historia de la Astronomía es tan antigua como la historia del ser humano. Lo maravilloso es que a pesar de pasarnos milenios mirando hacia el cielo, siempre aparecen nuevas historias, nuevos descubrimientos que mantienen esa fascinación por las estrellas que casi parece que llevemos inscrita en nuestro ADN. Una de las últimas ha sido poder ver lo que ocurre cuando un agujero negro devora una estrella. Hasta la fecha los astrónomos sólo tenían indicios de lo que pasaba, pero nunca habían podido captar el proceso completo. Ahora investigadores de la Universidad Jhons Hopkins han podido asistir de principio a fin al banquete y lo han explicado en un artículo de la revista Science.

NASA. Agujero negro devorando estrella
NASA. Agujero negro devorando estrella

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