Palabras clave: Área Marina Protegida

José Manuel Pereñíguez: “Las densidades de especies de interés comercial como el mero han aumentado entre 3 y 60 veces desde que se creó la reserva”

ENTREVISTA

El investigador predoctoral José Manuel Pereñíguez trabaja en pos de un modelo de desarrollo sostenible desde la reserva marina de Cabo de Palos-Islas Hormigas

Llúcia Ribot. Fruto de las excepcionales características oceanográficas y geológicas de la zona, el Área Marina Protegida (AMP) Cabo de Palos-Islas Hormigas creada en 1995, “supone uno de los puntos calientes de biodiversidad del mediterráneo”. Y así nos la presenta el investigador predoctoral José Manuel Pereñíguez, que trabaja en el Grupo de Investigación “Ecología y Conservación Marina”, en el Departamento de Ecología e Hidrología de la Universidad de Murcia, con el objetivo de hallar medidas de gestión que permitan encontrar un equilibrio entre la actividad humana y la salud de nuestros ecosistemas marinos. Bucear en uno de los lugares más espectaculares de todo el Mediterráneo, es una de las exigencias de su trabajo, que reparte sus horas entre el despacho y el mar.

José Manuel Pereñíguez realizando censos de peces en la reserva marina. Imagen: Adrián Aguilar, Universidad de Murcia.
José Manuel Pereñíguez realizando censos de peces en la reserva marina. Imagen: Adrián Aguilar, Universidad de Murcia.

Desde el Grupo de Investigación “Ecología y Conservación Marina”, ¿qué proyectos desarrolláis en el área?

Nuestro grupo centra gran parte de su trabajo en estudios relacionados con los efectos asociados a la actividad humana, siendo la reserva un lugar idóneo para llevarlos a cabo debido a su diseño. Ésta se divide en dos zonas de gestión diferente: la reserva integral, en la que está prohibida cualquier tipo de actividad (salvo la científica), y la reserva parcial, donde están autorizadas ciertas actividades muy reguladas, como la pesca artesanal y el buceo recreativo.

La regulación restrictiva de las actividades nos permite comparar distintos parámetros biológicos entre distintos niveles de protección.

Entonces, ¿cuáles son los parámetros biológicos que comparáis en la reserva?

Por ejemplo, podemos comparar el efecto del buceo entre la zona donde se puede practicar y la que no, o las abundancias de ciertas especies de peces dentro y fuera de la reserva marina. A partir del uso de censos de peces, se evalúa el efecto que áreas marinas protegidas como la de Cabo de Palos tienen sobre las poblaciones de peces. Tales censos se vienen haciendo de manera casi ininterrumpida desde la creación de la reserva por medio del buceo con escafandra autónoma.

En estos estudios, ¿qué efectos habéis detectado en el desarrollo de las especies y hábitats marinos en la reserva?

La creación de la reserva ha tenido un importante efecto, sobre todo en peces, algo que va en línea con lo encontrado en numerosas áreas marinas protegidas de todo el mundo. Estos efectos de la protección no son inmediatos, sino que han pasado entre 5 y 10 años hasta poderse percibir y alrededor de 15 hasta que han sido máximos.

En el caso de especies de interés comercial como el mero, dentón, corvina o sargos imperiales, sus densidades han aumentado entre 3 y 60 veces con respecto al cuando se creó reserva. Los incrementos de biomasa, a su vez, han repercutido en los pescadores artesanales de la zona, que han visto cómo sus capturas por unidad de esfuerzo han aumentado dentro de la reserva.

En el caso de especies de interés comercial como el mero, dentón, corvina o sargos imperiales, sus densidades han aumentado entre 3 y 60 veces con respecto al cuando se creó reserva. 

Esta es una pequeña parte de los resultados obtenidos en los últimos años de investigación sobre el efecto de la protección en las poblaciones de peces. Muchos otros van más en la línea del conocimiento básico, necesarios para conocer mejor la ecología de las especies que componen los ecosistemas marinos, y que tienen como fin último proponer medidas de gestión adecuadas para restaurar y/o conservar los servicios ecosistémicos marinos.

El trabajo de campo en la reserva 

Cuando realizáis investigación de campo en la reserva, en la práctica ¿cómo son vuestras jornadas de trabajo?

Cada jornada de trabajo es una lotería. Esto se debe a que estamos en el mar, donde todo puede pasar, y en una zona especialmente variable en cuanto a vientos y corrientes marinas. Unos factores que, junto con la turbidez, quizás sean los más determinantes a la hora de poder realizar o no nuestro trabajo. Por ejemplo, en el caso de la realización de censos de peces, las corrientes o la baja visibilidad pueden complicarlo. Sumado a esto, solemos llevar con nosotros diversos materiales en función del trabajo a realizar, lo cual lo complica aún más. Nunca sabes lo que te puedes encontrar, y eso para mí es muy estimulante.

Sigamos en primera persona, ¿qué supone para ti trabajar en este enclave?

Como investigador, y como buzo, he tenido que aprender a gestionar gran cantidad de factores, tanto humanos como materiales, lo cual en última instancia implica aprender a tomar decisiones. Esto para mí es lo más valioso, ya que será crucial en un futuro para desarrollar correctamente mi trabajo.

Y, ¿cómo valoras la creación de espacios protegidos o reservas marinas para la protección de los ecosistemas?

Es algo imprescindible en la sociedad en la que actualmente vivimos. Desde hace décadas, nuestro planeta está sufriendo un proceso continuado y cada vez más acelerado de degradación. Sin duda, la creación de espacios protegidos está ayudando a frenar este proceso, aunque todo hace indicar que no es suficiente. Por tanto, es crítico seguir investigando el funcionamiento de nuestros ecosistemas y cómo la actividad humana los está afectando, con el objetivo de tomar las medidas de gestión necesarias que nos permitan alcanzar un modelo de desarrollo sostenible.

Desde hace décadas, nuestro planeta está sufriendo un proceso continuado y cada vez más acelerado de degradación

Ejemplos como el del Mar Menor en Murcia sirven para evidenciar la importancia de alcanzar un modelo de desarrollo humano acorde a las características ecológicas del entorno en el que nos encontramos. Al igual que entendemos que nuestro cuerpo tiene unas limitaciones biológicas que debemos respetar, los ecosistemas tienen sus limitaciones ecológicas. Esto, unido al avance en el conocimiento científico, nos permitirá optimizar cada vez más el aprovechamiento de los servicios que los ecosistemas nos brindan.

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