La intrusión marina, un problema fundamental en el anonimato

El pasado 11 de diciembre los investigadores del Instituto de Diagnosis Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) expusieron sus aportaciones al estudio de las aguas en la jornada “Ecosistemas acuáticos y calidad del agua”, celebrada en Barcelona con motivo del 50 aniversario del Centro de Investigación y Desarrollo (CID) del CSIC.

Jesús Carrera, Profesor Investigador del IDAEA-CSIC, donde dirige el grupo de Aguas Subterráneas, del Departamento de Geociencias, inició su discurso planteando la posibilidad que la desaparición de la sociedad humana se debiera a un proceso llamado “intrusión marina”, algo que considera un problema global, generador de gran impacto a distintas escalas, y a lo que, sin embargo, no prestamos la atención que merece.

La intrusión marina provoca que el agua salada (procedente del mar) fluya hacia el subsuelo continental, mezclándose con las reservas de agua dulce, tal como explica Ricardo Sánchez, investigador de la Universidad Nacional de Costa Rica, en este vídeo. Eso se debe a la mayor densidad del agua del mar (debido a que contiene más solutos) que el agua dulce y ocurre cuando de produce un aumento de la columna de agua salada respecto a la de agua dulce o la sobreexplotación de un acuífero.

Esta imagen muestra cómo el aumento del nivel del mar y la sobreexplotación pueden salinizar el agua subterránea. Fuente
Esta imagen muestra cómo el aumento del nivel del mar y la sobreexplotación pueden salinizar el agua subterránea. Fuente

Si tenemos en cuenta que la mayoría de la población mundial se concentra en zonas costeras donde la única fuente de agua segura, permanente y de alta calidad, es el agua subterránea, la intrusión de agua salada se vuelve un tema trascendental para la sociedad.

“En cada lugar donde se produce intrusión marina, se está contaminando un recurso de agua que es prácticamente único. Sobre todo si hablamos de zonas áridas o semiáridas, donde se depende del agua subterránea para el abastecimiento de la población”, destaca Carrera.

En cada lugar donde se produce intrusión marina, se está contaminando un recurso de agua que es prácticamente único

La intrusión salina se detiene cuando la columna de agua dulce aumenta, así, el agua de los acuíferos (proveniente de la lluvia) que tiene que salir hacia el mar, empuja al océano e impide que el agua de mar entre por debajo. Para que esto ocurra, se necesita mucho peso de agua dulce, lo cual no es frecuente en nuestras latitudes, donde la precipitación es escasa. De modo que  resulta más fácil que se produzca intrusión en nuestras latitudes debido a que llueve menos.

En una entrevista posterior a su charla, Jesús Carrera nos cuenta que existen ecosistemas costeros que dependen del equilibrio entre agua dulce y agua salada. “Si se produce intrusión marina, estos ecosistemas salobres se vuelven marinos, generándose un gran impacto sobre los organismos que los habitan. Hubo un caso en el delta del Llobregat de una laguna costera de agua dulce ligeramente salobre, que debido a la entrada de agua de mar se salinizó totalmente, de modo que varias especies que se estudiaban desde la facultad de biología por ser únicas, se fueron al garete”.

Si se produce intrusión marina, los ecosistemas salobres se vuelven marinos, generándose un gran impacto sobre los organismos que los habitan

Otro punto a tener en cuenta es la dependencia de los sistemas oceánicos en la descarga subterránea. “El principal aporte de nutrientes inorgánicos al océano proviene de descarga subterránea. Si se invierte el flujo y deja de salir agua de los acuíferos hacia los océanos, los ecosistemas marinos, y la industria que va asociada a la pesca también sufre, ocasionando un impacto económico para la sociedad”, advierte el investigador del IDAEA.

Cuando le preguntamos por acciones preventivas y/o correctoras, nos cuenta que para evitar la intrusión, lo primero que deberíamos hacer como sociedad es reducir el bombeo de agua dulce y así impedir que el agua salada inunde el acuífero. Si, en cambio, la intrusión ya se ha producido, a través de la ingeniería podríamos realizar una recarga artificial de los acuíferos para reducir algunos impactos.

Recargando el acuífero con el agua de las depuradoras, además de frenar la intrusión, mejoraríamos la calidad de esa agua

Lo que propone Jesús Carrera es que el agua proveniente de depuradoras pueda usarse para recargar acuíferos. Allí se produce una serie de reacciones químicas de degradación que favorecen la eliminación de contaminantes que no se degradan habitualmente en las plantas depuradoras. De ese modo, apunta, “recargando el acuífero con el agua de las depuradoras, además de frenar la intrusión, mejoraríamos la calidad de esa agua”.

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