De la divulgación a la corrupción

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EL AGUA: SUS LUCES Y  SOMBRAS

por Guillermo Muñoz. 

Antonio Guillén Oterino, defensor de la naturaleza, catedrático de Biología y Geología, y actualmente profesor (o más bien “guía” científico) de secundaria. Escuchándole se me llena el alma de esperanza, se me olvidan las carencias que adolecen los centros educativos actuales. Después de una hora hora hablando con él, consulto de nuevo su encomiable “palmarés” de logros como educador científico y nada me sorprende. Sus palabras pintan un futuro lleno de ciencia y cultura, y se vale de su trabajo para nutrir el cerebro de los más jóvenes. Antes de comenzar no puedo por más que agradecer su labor y animarle a que nunca pierda la ilusión.

Pisar terreno desconocido es bonito. Ayuda a que los chicos no pierdan la inquietud y el interés, eso esta por delante de que aprendan las partes de la célula. Sobre todo que no pierdan la curiosidad, eso es lo que se pretende en el laboratorio. Presento el laboratorio a todos los alumnos que llegan al centro como un espacio abierto, como si fuera la biblioteca. No como un espacio restringido a los alumnos de ciencias que solo se puede usar en momentos determinados. Si a cualquier alumno se le ocurre una idea para desarrollar lo intentamos”.

Esta filosofía impregna los proyectos que Antonio ha desarrollado durante toda su carrera educadora, entre los cuales encontramos el “Proyecto Agua”, gracias al cual sus alumnos han obtenido numerosos reconocimientos. Entre ellos destacan numerosos premios Divulgaciencia y el primer premio a escala mundial “Google Science Fair 2012” organizado por entidades de la talla de Google, National Geographic o Scientific American. “El proyecto agua comenzó en el IES Batalla de Clavijo hace unos 10 años con un grupo de alumnos de 1º de la ESO” nos relata Antonio. “Cogíamos una gota de agua y observábamos todos los microorganismos, o bichos como dicen ellos”. Sin duda esta primera experiencia de observación de vida, esta revelación, es capaz de mantener la llama de la curiosidad encendida durante muchos años. Esta misma observación, hace 300 años, fue la que hizo que el padre de la microbiología, Antoni van Leeuwenhoek, bautizara a estos “bichos” como animáculos, y así se abrieran las puertas a una nueva ciencia en la dimensión de lo diminuto.

“Trataba de que los alumnos se dieran cuenta por sí mismos del mundo microscópico que alberga una gota de agua” continúa. “Con ayuda del microscopio observábamos numerosos microorganismos que fotografiábamos y clasificábamos. Te encuentras que chavales de 12 años que llegan sin ninguna afición por la ciencia poco a poco van interesándose por el mundo biológico. Siempre lo planteo de forma voluntaria, y creo que esto es lo que ha favorecido que alumnos que empiezan tan jóvenes se enganchen a la ciencia, de tal forma que dedican su tiempo libre a ella. Algunos continúan en el proyecto durante toda su formación obligatoria, e incluso optan por formación universitaria en terrenos de biología y microbiología.”

De esta forma consigue que pequeños científicos colaboren de forma significativa con una de las mayores redes de conocimiento biológico existentes: Biodiversidad Virtual, una plataforma ciudadana de aficionados científicos que a su vez reúne a los mejores especialistas en la investigación de la naturaleza. Gracias a la colaboración de especialistas, aficionados y jóvenes científicos se han llegado a descubrir numerosas especies nuevas. Antonio anhela una ciencia extendida, interactiva, no tan centrada en el mundo universitario, y se adolece por ejemplo de que alumnos de humanidades no tengan la oportunidad de descubrir el mundo que alberga el laboratorio… “Creo que gracias al Proyecto Agua hemos colaborado a resaltar la importancia de los recursos hídricos del planeta y su dependencia de los organismos que habitan en el agua. Mediante la publicación de imágenes bonitas y atractivas hacemos el conocimiento extensivo a la población, difundiendo la importancia de las metodologías de depuración de aguas, por ejemplo. La página ya ronda los 10 millones de visitas y se utiliza como material educativo en numerosos centros y  universidades. Mi intención es hacer el conocimiento accesible a todos los públicos de forma divertida”.

Pero además de la diversión, Antonio ha sabido extraer de la ciencia su aplicación práctica “Cuando ganamos en 2012 el primer premio de la feria mundial de google, tuve la oportunidad de preguntar al jurado, formado por el director del Centro del Acelerador de Partículas o el director de National Geographic, por el motivo de habernos otorgado el premio, a lo que me contestaron que la razón principal era la repercusión que podía tener el enfoque del estudio pormenorizado de las poblaciones microbianas del agua hacia la mejora de las técnicas de depuración en países en vías de desarrollo. Se podía abaratar enormemente el precio del proceso ya que actualmente se estaba tratando de matar un mosquito a cañonazos (muy costosos por cierto)”. Y así es como se consigue visibilizar y sensibilizar de la importancia de aplicar la ciencia a la vida real desde que somos jóvenes.

Cuando se cumplen 10 años del inicio del proyecto, Antonio nos confiesa que se encuentra como el primer día. A pesar de la falta de apoyo, del desinterés de la universidad por los proyectos juveniles, de la falta de tiempo y cultura de formación, su ilusión es perenne, y su afán por descubrir y enseñar le seguirá empujando muchos años más.

Sin embargo la docencia no ha sido la única ocupación de Antonio durante su carrera profesional. Ha colaborado en cada una de las oportunidades de carácter biológico que se le han presentado, como por ejemplo en el proyecto Flora Ibérica del Real Jardín Botánico de Madrid como especialista en botánica. Sin embargo no todo son luces en el mundo de la divulgación y la ciencia… “Pero en contra de esta situación idílica del Proyecto Agua hay que enfrentarse a la realidad…” introduce Antonio. El mundo acuático también conoce la sombra del hombre.

Corrupción ambiental

Protegida por tortuosos robledales, avellanos y abedules, habitada por truchas, cernícalos, búhos reales, y bacterias cianofíceas, en las sierras de Segundera y Cabrera (Provincia de Zamora) encontramos una maravilla natural. Debemos echar la vista atrás más de 2 millones de años para comprender su origen. Durante la época del Pleistoceno, grandes extensiones de tierra se cubrieron de un espeso manto de hielo, fenómeno que hoy conocemos como glaciación. Al finalizar esta época glacial, hace tan solo 12 mil años, el hielo se fue derritiendo, dejando una inconfundible huella en forma de cuencas y cubetas repletas de agua. De esta forma se configuró el lago glacial más grande de la Península, el Lago de Sanabria.

“Las posibilidades que otorga el entorno natural del Lago de Sanabria como herramienta divulgativa son innumerables. Hace unos años me llamaron desde el departamento de interpretación e investigación (estación biológica nacional) para que les echara una mano analizando e interpretando las características biológicas del agua. Pero lo que me  encontré allí no fue ni mucho menos lo que me esperaba”. En lugar de aguas límpidas y transparentes Antonio se encuentra con algas indicadoras de contaminación. Una contaminación antropogénica derivada de 5 depuradoras que no depuran y 6 puntos de vertido ilegales. Todo encubierto, según nuestro protagonista, por la Junta de Castilla y León, debido a que esta zona forma parte del espacio “Red Natura 2000”.

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El escenario en el que Antonio ejerce de defensor de la naturaleza deja de estar en el aula temporalmente. Cuando intereses políticos, económicos y ambientales se ven enfrentados, el contexto se vuelve hostil. “Presenté en el museo de ciencias naturales un libro que recogía las conclusiones de todo el trabajo de investigación. Habíamos tocado un núcleo de corrupción muy serio. Estaban llegando fondos de Europa que no se estaban invirtiendo en lo que se suponía que se estaban invirtiendo, la Junta tiene contratado un servicio de análisis que analiza lo que quiere y da los resultados que les favorecen”. Confiesa que La Junta se escuda detrás del “tengo mi propio laboratorio que dice que el agua esta bien”. Es una vergüenza, concluye Antonio. “Entramos como un grupo de investigación independiente y nos han perseguido”.

Es duro escuchar su relato. La corrupción en la ciencia también existe. Instituciones científicas atacando personalmente a uno de sus mayores valedores cuando ven peligrar la percepción de ayudas. “Si se demuestra que el agua esta en malas condiciones dejan de recibir estos fondos. Me costo mucho asimilar que esto pudiera estar ocurriendo. En el mundo de la investigación hay grupos de poder a los que no les conviene sacar a relucir estos problemas porque se quedan sin subvención…”.

Salen a la luz nombres tan reseñables como Miguel Arias Cañete, responsable directo de este caso de corrupción ambiental, y actual miembro del PP como Comisario Europeo de Acción por el Clima y Energía. Nada nuevo, probablemente esto no sorprenda a nadie. “Con Arias Cañete a la cabeza, el ministerio de Medio Ambiente se nos echó encima. Él mismo nos convoco a una reunión a la que asistió la plana mayor del Ministerio de Medio Ambiente junto con un grupo de “científicos” afines al poder y a los postulados de administración para tratar de encubrir el grave problema que afecta a este Lago, el mas importante y mayor de la Península. Concluida la reunión se dio una rueda de prensa cuyo titular fue: El 90% de los científicos presentes dice que el agua esta muy bien, aunque hay un descabezado que dice que el agua esta mal”, “las cosas funcionan así”, concluye.

Antonio se adolece también de cómo los medios y los periodistas han abordado el tema. “Hay unos sinvergüenzas mercenarios sin escrúpulos, que pagados por las instituciones, han estado desacreditando las investigaciones que habíamos realizado. Se valían de la credibilidad que les otorgaban sus supuestos títulos de Profesor Titular o de Catedrático de Ecología de la Universidad de Barcelona, pero resulta que ninguno de ellos es profesor. Son farsantes que han engañado a los periodistas. Ningún periodista riguroso se ha molestado en cotejar si sus avales eran ciertos, y esto hace que pasen cosas como esta”. “¡Qué va a decir un profesor de instituto si hay aquí un catedrático de ecología (falso) que lo desmiente!”. “Ni Miguel Alonso es Catedrático de Ecología, ni Javier Morales es Profesor Titular en Salamnca” sentencia Antonio. Nos cuenta que hubo un periodista que se molestó en informarse de forma certera y publicó una noticia con los datos correctos, pero lamentablemente el periódico estaba financiado por la Junta de Castilla y León. De tal forma que la siguiente vez que el falso catedrático apareció en dicho periódico ya no apareció como Catedrático, si no como Catedrático Emérito. “Se reafirmaron en la mentira con un órdago mayor”. Actualmente el caso esta denunciado en la Unión Europea como delito ecológico. “Primero lo niegan, pero acabará saliendo todo”, me confiesa con confianza. Yo le creo.

La enseñanza y la corrupción como dos caras de una misma moneda: el agua. Sus luces y sombras convergen en un equilibrio desgraciadamente agridulce. Lo más bello y lo mas innoble e indecoroso de la sociedad convive en el mundo macroscópico, mientras ahí fuera, oculto ante nuestros ojos, se esconden esos bichitos diminutos capaces de sacar a flote lo mas infame y ruin de la humanidad, pero también lo más extraordinario, maravilloso e ilusionante de las personas.

“Hay algo ahí fuera muy bonito por lo que luchar”. Antonio Guillén.

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