El científico disperso que todo lo abarca

Jorge Wagensberg sin esquemas ni tabúes explora qué sentido tiene hacer y comunicar ciencia y profundiza en el panorama científico contemporáneo.

Cortesía La Vanguardia
Cortesía La Vanguardia

Jorge Wagensberg Lubinski

Intelectual, investigador, docente, escritor y museólogo científico de gran relevancia nacional e internacional. Nació en Barcelona en 1948 en el seno de una familia de origen polaco. Es doctor en física y profesor, hace más de cuarenta años, de Teoría de los Procesos Irreversibles en la Facultad de Física de la Universidad de Barcelona. Fue creador y director durante más de una década del museo de la ciencia de la Fundación “la Caixa”, Cosmo Caixa, por el cual recibió el galardón Museum of the Year Award (2006). Actualmente lidera el proyecto museológico de la franquicia del Museo Hemitage de San Petersburgo, que se instalará en el 2019 en el puerto de Barcelona. Su inagotable producción, tanto de investigaciones científicas, artículos de divulgación, ensayos y debates le ha valido el Premio Nacional de Pensamiento y Cultura Científicos en Cataluña (2005) y Creu de Sant Jordi (2010). Dirige hace más de treinta años la colección Metatemas de la editorial Tusquets compuesta por ensayos interdisciplinares de diversos autores reconocidos y de su propia autoría entre los que figuran: Ideas sobre la complejidad del mundo, Si la natura és la resposta, quina era la pregunta?, La rebelión de las formas, El gozo intelectual, Yo, lo superfluo y el error y Las raíces triviales de lo fundamental.

¿Cuál sería el reto más trascendente, para un divulgador científico, a la hora de comunicar?

Encontrar una buena historia. La mejor divulgación se hace a través de historias y cuando un divulgador encuentra una buena historia, el gran desafío es cómo explicarla, independientemente de cuál sea el medio. Los malos divulgadores no cuentan historias: repiten, simplifican. La divulgación consiste en coger un conocimiento establecido, masticarlo, digerirlo. El mismo origen de la palabra tiene una connotación no muy agradable relacionada con lo vulgar, en francés vulgariser. No me considero un divulgador, porque  escribo o hago museología, a partir de conceptos que yo mismo he pensado y elaborado. Creo que un buen divulgador es, además, un buen productor de conocimiento.

Creo que un buen divulgador es, además, un buen productor de conocimiento

En los buenos museos de ciencia, nos diferenciamos ampliamente de los museos de arte, en donde el creador es únicamente el artista. Por ejemplo, si quisiéramos explicar las leyes de Newton, lo que haría un buen museólogo científico es inventar una serie de experimentos, una escenografía donde esas nociones puedan transcurrir. Por lo tanto, es tan creador el museólogo como el propio Newton. No se descansa simplemente en los científicos y en sus resultados, sino que se aportan nuevas creaciones.

En definitiva, la sensación que tengo, es que hago ciencia. Todas las manifestaciones, que pueden ir desde la escritura de papers científicos, artículos de prensa o libros hasta la museología,  son diferentes caminos de hacer lo mismo dentro del pensamiento científico.

En esta línea de encontrar una historia, ¿crees que existiría ¨la historia de las historias¨, como por ejemplo el hecho de ser contemporáneo a una revolución científica o a un cambio de paradigma?

En principio, no estoy muy de acuerdo con las ideas kuhneanas de cambio de paradigma, porque es una forma de reescribir la historia a posteriori. La ciencia no avanza de esta manera pensando en paradigmas porque uno se da cuenta de que ha cambiado de paradigma cuando el hecho ya ha ocurrido. Revoluciones científicas en este aspecto hay pocas. La primera fue el nacimiento de la ciencia, con Newton. Antes de Newton hay ciencia pero no tal como la entendemos hoy en día. La revolución newtoneana incluye a Galileo, Copérnico y Kepler. Éste último, consciente de la importancia del resto, enunció: “Me subí a hombros de gigantes”.

Luego, podríamos hablar de revoluciones dentro de la cuántica, la relatividad y el darwinismo pero todas han conservado el método científico. Por eso, no confío mucho en la idea de cambio de paradigma porque suele ser más bien una contradicción de la realidad o la imaginación de cómo funciona la realidad lo que termina cambiando las cosas, no tanto el paradigma. En este sentido tengo escrito un aforismo: “A más Popper, menos Kuhn”. Karl Popper es un pensador desde el cual se entiende más la evolución de la ciencia que con Thomas Kuhn. Creo que el propio Kuhn se dio cuenta de que su aporte era más cercano al trabajo de un historiador, mientras que Popper realizó un trabajo filosófico. Por eso si tenemos que hacer ciencia pensamos más en este último.

¿Qué función tienen las anomalías en ciencia y qué pasa cuando sirven de catalizadores de cambios?

Bastaría una anomalía para darnos cuenta de que aquí pasa algo. Una ruptura puede quedar en nada o puede dar pie a una revolución científica. Una simple contradicción puede acabar en segundos con una verdad que ha durado milenios. Las anomalías serían sólo una vía para gatillar cambios, pero no la única porque, por ejemplo, la teoría general de la relatividad no vino de ninguna contradicción. Einstein, cuando habla de la teoría de la relatividad, ni siquiera pensó en el tiempo. Más bien se guío por un principio estético de que la realidad, a pesar de ser difícil, compleja, oscura, etc., no podía ser fea. De aquí que una ley de la naturaleza no pueda depender de la referencia, proviene más bien de una idea filosófica aplicada a la física.

Lo increíble es que desde que se publicó la teoría de la relatividad, en 1915, no ha habido hasta ahora aplicaciones. Por lo tanto podemos afirmar que se adelantó al menos 100 años. En su época, esta idea formaba parte de una realidad totalmente invisible y fue producto de un ejercicio puramente intelectual.

A principios del año pasado, en una Conferencia en Canarias titulada El sentido de la Vida y el Universo, comentaste que hoy en día no se puede ser filósofo sin ser físico, ni físico sin ser filósofo.

Tanto filósofos como científicos pretenden lo mismo: comprender la realidad. Y un filósofo que no sepa nada de ciencia no tiene ninguna ventaja y al revés un hombre formado en ciencias que no haya leído a Platón o Sócrates también estará en desventaja. El científico tiene que ser una persona dispersa.

El científico tiene que ser una persona dispersa

Este tema se relaciona con el concepto de consiliencia, que implica la unión entre las disciplinas o el conocimiento unificado.

El problema empieza con la educación que separa los hombres de letras y de ciencias demasiado pronto y luego se suma la tendencia moderna hacia la especialización. Prima saber cada vez más, pero de menos cosas y esto es un desastre porque la realidad es interdisciplinaria. Se aplicaría el aforismo: “La Realidad no tiene la culpa de los planes de estudio que se acuerdan en escuelas o universidades”. Uno tiene que despegar de la enseñanza y liberarse de muchos de sus tics.

Cada disciplina tiene un lenguaje, un contenido y un método diferente. La interdisciplinariedad no solo es de contenidos sino también de lenguajes y métodos. Por ejemplo, los físicos tienen la manía de hacer ecuaciones fundamentales, los químicos estructuras de moléculas y los biólogos hablan de mecanismos. Sin embargo, lo que vemos últimamente, por ejemplo, es que los biólogos también buscan ecuaciones, por lo tanto el método también vuela de una disciplina a otra.

En neurociencias ya vemos la necesidad de formar equipos multidisciplinares…

Sí, está ocurriendo. Cada vez más intervienen en estos equipos matemáticos, fisiólogos, biólogos, psicólogos. El cerebro, la mente humana, es probablemente el objeto más complejo que podemos tener delante. Seguramente no existe otro objeto más complejo en toda la galaxia. La galaxia en sí misma es un objeto muy sencillo comparado con el cerebro. Por lo tanto, para estudiarlo se configuran los equipos más interdisciplinarios por definición. ¡Con la bola de billar esto mismo no ocurriría!

La galaxia en sí misma es un objeto muy sencillo comparado con el cerebro

¿Qué opinas de fenómenos como la telepatía, que todavía la ciencia no aborda pero que podrían formar parte de la actividad cerebral?

La telepatía es un fenómeno del cual hay muchos indicios. Hay señales que no sabemos medir, que no detectamos, pero que aparentemente hacen que cerebros a distancia se comuniquen. El problema que tenemos es que todavía no hemos encontrado un sistema experimental que lo detecte, por lo tanto no se puede experimentar con ello de momento. Eso no quiere decir que en un futuro no se catalogue como un tipo de onda electromagnética. De hecho, hay muchos animales que se comunican con ondas electromagnéticas que nosotros no percibimos.

La telepatía es un fenómeno del cual hay muchos indicios

¿Cuál es su visión del estado actual de la mente humana? ¿Qué es lo que más hace falta?

Lo que más hace falta es que el ser humano se deshaga de funcionar con creencias y priorice la razón. Lo vemos claramente con el yihadismo. Las creencias religiosas todavía tienen atrapada a una parte importante de la humanidad. Funcionamos más con tradición y creencia que usando la razón y esto es un problema primordial para sacarse de encima.

Funcionamos más con tradición y creencia que usando la razón y esto es un problema primordial para sacarse de encima

¿Se podría hablar de “dogmas de la ciencia”?

En el sentido estricto de la palabra, no porque los dogmas son incuestionables y fueron un invento de las religiones. Verdades absolutas solo existen en las matemáticas, es decir, solo existen dogmas de lenguaje. Por mucho medir un triángulo, no será posible corregir el teorema de Pitágoras. El teorema será siempre más exacto que la medida que podamos hacer.

El filósofo Baruch de Spinoza fue unos de los primeros en abordar estos temas al enunciar que si te encuentras con una contradicción que tenga que ver con la realidad y la realidad misma, tienes que trabajar a favor de la coherencia. Con los dogmas no se evoluciona, los dogmas conservan. La ciencia progresa porque no tiene dogmas y un científico que identifica una contradicción entre lo que ve y lo que cree o cambia su manera de creer o cambia su manera de ver.

Sería cómo pararse frente a la frontera del misterio…

El misterio se acepta en ciencia, pero se investiga para anularlo, para que no exista. En cambio, en una religión nadie espera resolver el misterio. El misterio existe en ambos casos pero es la actitud hacia el mismo lo que cambia. Por eso es muy importante que en las escuelas no se enseñe de manera dogmática. No creo que haya un error más grande porque lo que hay que fomentar es el sentido crítico y todavía estamos lejos de esto.

El misterio se acepta en ciencia, pero se investiga para anularlo, para que no exista

 

 

 

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2 comments

  1. frederick Jackson

    “El misterio se acepta en ciencia, pero se investiga para anularlo, para que no exista. En cambio, en una religión nadie espera resolver el misterio.”
    Creo que el prof. Wagensberg se refiere a la religion que no pasa de ser una coleccion de dogmas, anquilosadas en sus creencias.
    Pero hay otro tipo de “religión”, la que busca encontrar la “relación” entre el hombre, su mente y la “substancia/no substancia” del resto del universo.
    En este sentido, más puro, la religión y la ciencia son muy parecidas y complementarias. llegará el día que religion y ciencia no estén aparte, pero serán dos aspectos de la misma cosa.
    Por ejemplo David Bohm demostró con su física que el universo es un todo (wholeness) y que todo está relacionado entre sí en un orden implícito (implicate order), que hace emerger (creación, aparentemente de la nada) desde el granito y el ojo humano, a la belleza. Estas son nociones profundamente religiosas, en el sentido de explicar la “relación” (religión) del hombre como parte de este todo. La unica diferencia con la ciencia es que este sentido religioso puede “sentir” (todo), y “relacionarse” con ese todo.

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