¿Hay homínidos verdes en Próxima b?

Un equipo de astrónomos ha observado un planeta en la zona habitable alrededor de Próxima Centauri, la estrella más cercana a nosotros después del Sol. Su posición permite una temperatura lo suficientemente alta para que se encuentre agua líquida, considerada indispensable para la vida.

Virginia Greco

Imagine artística del paisaje sobre la superficie de Proxima b [Fuente: ESO]
Imagine artística del paisaje sobre la superficie de Proxima b. [Fuente: ESO]
El sueño de encontrar formas de vida que nos hagan compañía en la soledad del Universo sin confines ha llevado a los astrónomos a buscar en otros sistemas solares planetas que presenten características parecidas a las de la Tierra.

Si ya en los últimos años pequeñas luces de esperanza se han encendido gracias a la observación de exoplanetas (planetas que orbitan alrededor de estrellas distintas del Sol) muy lejanos potencialmente habitables, se entiende la excitación por el reciente anuncio del descubrimiento de un planeta de este tipo en nuestro sistema vecino. El estudio, publicado en la revista Nature el pasado 25 de Agosto, se ha llevado a cabo por un equipo de astrónomos guiado por Guillem Anglada-Escudé de la Universidad Queen Mary de Londres.

Poco se sabe todavía sobre este planeta, que ha sido bautizado Próxima b por orbitar alrededor de la estrella Próxima Centauri. Los investigadores han observado que está localizado en la zona definida como “habitable” alrededor del astro, es decir en el intervalo de distancias desde la estrella en que la temperatura permite la presencia de agua en estado líquido, condición necesaria para la vida según la conocemos.

Según los cálculos hechos por los científicos, Próxima b presenta una masa igual a 1,3 veces (o más) la de la Tierra y una órbita muy pequeña, ya que se encuentra a solo 7,3 millones de kilómetros de distancia de su estrella, mientras que la Tierra dista 150 millones de kilómetros del Sol. Cada 11,2 días el planeta cumple un giro completo alrededor de Próxima Centauri, así que un año allí es increíblemente corto (se recuerda que llamamos año exactamente al tiempo que necesita la Tierra para dar una vuelta completa al Sol).

Si está tan pegado a su estrella, ¿no será muy caliente? Lo sería si Próxima Centauri fuese un astro de la misma categoría del Sol, pero no es así. Se trata de una enana roja, es decir una estrella pequeña que emite bastante menos luz, por lo tanto si Próxima b no estuviese así de cerca sería sin duda demasiado frío para permitir el desarrollo de la vida.

Vida extraterrestre y viajes interestelares

Aunque orbite en la zona habitable de su estrella, de hecho no es altamente probable que Próxima b sea casa de seres vivientes. Se trata sí de un planeta rocoso como la Tierra, sin embargo se desconoce si hay efectivamente agua líquida en su superficie y si está dotado de atmósfera. Esta sería necesaria para garantizar un clima habitable y, sobre todo, protección contra las radiaciones de altas energías normalmente emitidas por las enanas rojas.

Además los investigadores creen que, según un fenómeno llamado acoplamiento de marea, el planeta enseña siempre la misma cara a su astro (como pasa con la Luna respecto a la Tierra). En consecuencia, es posible que solo una parte de Próxima b presente un clima favorable a la vida.

Evidentemente podrían existir formas de vida que se hayan adaptado a las distintas condiciones del planeta que las hospeda, sin embargo no tenemos ninguna prueba de esto. Además vale la pena recordar que cuando se habla de posibles seres vivientes no se implica necesariamente que sean también inteligentes, o sea que hayan alcanzado un nivel de desarrollo cerebral comparable con el nuestro. Se podría bien tratar de seres muy “simples”.

Hay que poner en contexto también el concepto de cercanía. Próxima Centauri es la estrella más cercana a nuestro sistema solar, pero esto no significa que Próxima b esté a golpe de viaje espacial. El planeta se encuentra a 4,22 años luz de distancia de nosotros, es decir 40 mil millardos de kilómetros. Aunque se trate de una distancia pequeña en términos astronómicos, con las tecnologías actuales no podríamos plantearnos ir: las astronaves más veloces construidas hasta ahora necesitarían decenas de miles de años para llegar. Y esta no sería la única dificultad, ya que hacer viajar un hombre a través del sistema solar hasta llegar a otro no es nada trivial.

Observatorio ESO La Silla en Chile. [Fuente: ESO]
Observatorio ESO La Silla en Chile. [Fuente: ESO]
Ojos altamente tecnológicos apuntando al cielo

En cualquier caso la observación de Próxima b es un resultado muy importante y abre la vía a nuevos proyectos de investigación. El equipo liderado por Anglada-Escudé ha podido hacer este descubrimiento gracias al análisis cuidadoso de los datos registrados por varios telescopios que cuentan con tecnologías punteras, en particular los del Observatorio Europeo Astral (ESO) en el norte de Chile.

Los científicos han observado variaciones de la luz proveniente desde Próxima Centauri debidas a la rotación del planeta a su alrededor. El efecto de la gravedad es percibido tanto por el planeta, que en consecuencia orbita, como por la estrella misma, que a su vez cumple un movimiento rotatorio en un círculo mucho más pequeño. Desde nuestro punto de observación en la Tierra, vemos cambiar la longitud de onda de la luz que nos llega desde la estrella (por efecto Doppler): esto permite entender que Próxima Centauri se aleja y acerca a nosotros con una precisa periodicidad.

Los astrónomos – satisfechos y emocionados por este descubrimiento – se plantean ya nuevos estudios para encontrar respuesta a las preguntas abiertas. Como hemos visto, mucho hay todavía que entender sobre la estructura y las características de Próxima b, además hay pistas que apuntan a que el recientemente desvelado planeta tenga un hermano, un eventual Próxima c.

Hace falta tomar y analizar muchos más datos, utilizando tanto la actual instrumentación como la próxima generación de telescopios gigantes, en particular el European Extremely Large Telescope (E-ELT). Quedan todavía muchas noches de observación por delante.

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