La complejidad contra el progreso.

Suele pasar que la idea de evolución lleva asociada una idea de progreso, como si estuviese predeterminado que tarde o temprano el Ser Humano debería aparecer para dar sentido a todo el proceso evolutivo. Nada más lejos de la realidad.

No existe tal predeterminación y la evolución no es un proceso lineal que conlleve progreso. Este sesgo es una herencia del dogma cristiano imperante durante siglos que situaba a los humanos (realmente a los hombres blancos, europeos y aristócratas) en la cúspide de una jerarquía de origen divino en la que competían por ver quién era capaz de acumular más recursos. Hoy en día este sesgo sigue siendo vigente y tiene un inmenso peso en nuestra sociedad. Sin embargo, a través de la ciencia, se van obteniendo evidencias que desmontan, una y otra vez, la validez de esa cosmovisión.

El nuevo paradigma científico elimina los dioses y nos iguala a las bestias. Nos muestra una evolución compleja, en la que cada linaje genera sus propias herramientas para la adaptación a un planeta en constante cambio. Todos igual de desarrollados, aunque cada uno de una manera diferente.

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