¿Por qué comemos cuando estamos tristes?

Científicos del IDIBELL encuentran evidencias neurobiológicas que relacionan un comportamiento anormal de la ínsula (una estructura cerebral) con el consumo excesivo de comida causado por disfunciones emocionales 

El diario de Bridget Jones

Nuestra capacidad para regular emociones negativas está directamente relacionada con la relación que tenemos con la comida.  Esto es lo que ha determinado un estudio  realizado por científicos del IDIBELL y la Universidad de Melbourne publicado la semana pasada en la revista PLOS One. Lo que los científicos pretendían resolver es si existen motivos fisiológicos dentro del cerebro que hagan que las personas con sobrepeso tengan menos capacidad para procesar emociones negativas. La clave se encontraría en las conexiones cerebrales entre diferentes regiones cerebrales fundamentales en los procesos cognitivos. El exceso de peso puede hacer que estas conexiones no sigan los patrones adecuados de activación neuronal y esto, como un pez que se muerde la cola, perjudicará la estabilidad emocional y favorecerá la ganancia de peso.

 Comer menos no es suficiente

Es evidente que las dietas funcionan, pero en muchos casos solo tienen un efecto temporal y generan un desgaste emocional que en la mayoría de los casos queda desatendido. Se supone que sentirnos mejor con nuestro cuerpo será suficiente para compensar el esfuerzo de autocontrol realizado durante la dieta, pero en realidad, este delicado equilibrio se puede desestabilizar tras pasar una mala época laboral, familiar o cualquier otro de los inputs negativos que nos acechan constantemente. Y es por eso que es necesario estudiar de qué manera nos enfrentamos a estas emociones negativas. Qué es lo que hace fracasar a las dietas? sobretodo a la hora de mantenerlas en el tiempo. De lo que no hay duda es que sucumbir de nuevo a la tentación nos lleva al sentimiento de culpa, una de las emociones más negativas que existen, pero ¿y si no fuera culpa nuestra, sino de nuestro cerebro?, bueno, técnicamente también sería culpa nuestra, pero no tanto…

Para añadir más leña al fuego, existen estudios que dice que estados de ánimo negativos hacen que nuestro cerebro sea más vulnerable a la comida, nuestro circuito mesolímbico, tradicionalmente relacionado con las adicciones, se vuelve loco y nos empuja a un comportamiento de búsqueda constante de recompensas. Nuestra capacidad para regular estas emociones negativas sin necesidad de tirar de patatas fritas o chocolate nos ayudará a ganar control sobre nuestra dieta diaria y a no comer de forma impulsiva . Uno de los mecanismos más estudiados para regular estas emociones es la reevaluación cognitiva, una técnica que consiste en reinterpretar el significado de los estímulos afectivos con el objetivo de disminuir su intensidad emocional. La región cerebral relacionada con esta estrategia es el córtex prefrontal, situado justo detrás de la frente, esta es la zona del cerebro donde procesamos toda la información que viene del exterior, la analizamos y  decidimos cuál va a ser nuestra respuesta. Esta región también modula la actividad en regiones relacionadas con la respuesta emocional como son la amígdala o la ínsula. Una respuesta emocional debería causar una aumento en la actividad cerebral en estas zonas.

La reevaluación cognitiva

En este estudio se utilizaron imágenes generadas por resonancia magnética funcional (fMRI), una especie de fotografías en 3D, que sirven para comparar las zonas implicadas en la regulación de las emociones negativas entre dos grupos de personas, uno formado por voluntarios con sobrepeso (con índice de masa corporal o IMC 25-50) y otro por voluntarios con peso considerado normal (IMC 18-50). Las imágenes se tomaban mientras los individuos realizaban activamente estrategias de reevaluación cognitiva especialmente diseñadas para el estudio. Se buscaba activar las conexiones cerebrales que responden a las emociones negativas (por ejemplo la ínsula o la amígdala) así como las que se activan al realizar la reevaluación propiamente (como el córtex prefrontal). Los científicos esperaban que las personas con exceso de peso mostrarían una respuesta cerebral mayor a los estímulos negativos, que indicaría algún tipo de alteración en los sistemas de generación de emociones, en comparación con las personas sin sobrepeso. Estas mismas alteraciones, u otras, también afectarían a los sistemas que utilizamos para minimizar las emociones negativas durante la reevaluación cognitiva (es decir, los mecanismos que desarrollamos para que algo nos afecte menos).

Antes de comenzar el estudio se entrenó a los participantes en estrategias de reevaluación cognitiva, como el distanciamiento o la reinterpretación. Una vez en el RMN se les mostraron fotografías de dos tipos, por un lado, fotografías neutras (como el mueble de oficina que se ve en la fotografía) que no deberían provocar ninguna reacción y por otro lado otras que provoquen emociones negativas (como cuerpos mutilados). Mientras observaban las fotografías los participantes debían hacer lo siguiente:

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Ejemplos de fotografías para las fases estudiadas.
  • Fase de Observación: mirar imágenes neutrales pasivamente.

  • Fase de Mantenimiento: prestar atención a las emociones negativas que provocan las fotografías y mantener esta emoción en el tiempo.

  • Fase de Regulación: utilizar las técnicas aprendidas durante el entrenamiento para minimizar el efecto negativo de las imágenes.

Para estudiar la generación de emociones negativas los investigadores compararon en las imágenes de fMRI las intensidades de activación de las zonas cerebrales de interés entre los estados de Mantenimiento y Observación.  Por otro lado, para estudiar cómo los participantes controlan las emociones negativas, compararon las activaciones entre el estado de Regulación y el de Mantenimiento.

 Resultados inesperados

Intensidad de las emociones negativas según los tres estados estudiados.

Al estudiar los resultados, los científicos se dieron cuenta que solo una de las regiones cerebrales estudiadas tenía un comportamiento diferenciado entre los dos grupos. Esta región es la ínsula y en condiciones normales su intensidad de activación está directamente relacionada con una respuesta emocional mayor. La comparación entre los dos grupos puso en evidencia algo que no se esperaba. Los participantes con peso normal mostraron una mayor actividad de la ínsula y consecuentemente, una respuesta más intensa a las emociones negativas (como puede verse en el gráfico) que los del grupo con exceso de peso. Después, a la hora de rebajar la intensidad de sus sentimientos, los participantes con exceso de peso fueron menos capaces de minimizar la activación de la ínsula, mostrando mucho menos éxito al regular sus emociones usando técnicas de re-evaluación cognitiva. Entonces, todo parece indicar que la menor eficacia  mostrada en el proceso de re-evaluación está provocada por un comportamiento irregular de la ínsula. Ésta, al no interpretar correctamente las  señales provenientes de nuestro cuerpo, influye disfuncionalmente en los mecanismos cerebrales necesarios para procesar nuestros sentimientos de manera adecuada.

También se encontraron comportamientos inesperados en el córtex prefrontal y otras zonas que en principio no formaban parte del estudio pero que también están relacionadas con nuestro comportamiento emocional como son el cerebelo y el córtex orbitofrontal. En todos los casos la intensidad de activación de estas zonas fue inferior a la esperada para personas con exceso de peso. Es necesario realizar más estudios para encontrar una explicación a estos comportamientos irregulares así como para subsanar las limitaciones que tiene el mismo estudio, como son el número de participantes (14 en cada grupo) o el hecho de que todos sean jóvenes con educación superior. Por eso consideran necesario repetir el estudio con una muestra más amplia y heterogénea tanto en edad como clase social.

Con todo y con eso, los investigadores están satisfechos por haber encontrado evidencia neurobiológica de la relación existente entre la dificultad de regular emociones negativas y el consumo excesivo de comida.

 

 

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