Ondas emocionantes

100 años después de que Einstein predijese la existencia de ondas gravitacionales en su Teoría de la Relatividad General, un experimento internacional ha confirmado su existencia mediante la primera detección directa que se ha hecho jamás.

Hace 1300 millones de años, dos agujeros negros 30 veces más masivos que nuestro Sol danzaban uno alrededor de otro en armonía. Hasta que un día, chocaron, y se fundieron en uno sólo. En este proceso de fusión se liberaron ondas gravitacionales que estiran y contraen el espacio-tiempo y que viajan a la velocidad de la luz. Hoy, en un planeta que está a 1300 millones de años luz de distancia de aquellos agujeros negros, unos científicos se propusieron detectar estas ondas mediante láseres extremadamente precisos. Y lo han conseguido.

David Reitze, director ejecutivo de LIGO, el experimento que ha detectado las ondas gravitacionales, no se anduvo con rodeos en la rueda de prensa: “Señoras y señores, hemos detectado ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido.” La ilusión se palpaba en el ambiente, pues esta medición supone el espaldarazo definitivo a la Teoría de la Relatividad General de Einstein.

“LIGO es el instrumento de medición más preciso que se ha construido jamás.”, declaraba Reitze, y no es para menos. Gracias a los láseres de 4 kilómetros de longitud de LIGO se consiguen medir variaciones de 10-18 metros, la diezmilésima parte del tamaño de un protón. Una precisión nunca vista.

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Efecto (muy exagerado) de una onda gravitacional sobre los láseres de LIGO. Fuente: Cuentos Cuánticos

Esta observación inaugura una nueva rama de la astronomía. Hasta ahora, los astrónomos disponían tan sólo de la luz que llegaba de estrellas, nebulosas y galaxias para estudiar el cosmos. LIGO amplía la manera de mirar al cielo, pues ahora los científicos cuentan con una nueva herramienta: las ondas gravitacionales. “Somos como Galileo, cuando usó el telescopio para mirar al cielo por primera vez.”, comenta Gabriela González, portavoz de LIGO.

A diferencia de los tiempos de Galileo, los científicos modernos rara vez trabajan en solitario. La figura del genio solitario que trabaja aislado en su laboratorio se ha quedado obsoleta, si es que alguna vez fue cierta. “Este descubrimiento ha sido resultado del trabajo de mucha gente. […] Ahora mismo hay más de 1000 personas trabajando en el proyecto y ha habido cientos de personas involucradas en el desarrollo y análisis del mismo.” Gabriela González destacaba la colaboración vital entre LIGO y VIRGO, un experimento localizado en Europa y dedicado también a la detección de ondas gravitacionales.

Han pasado dos semanas desde el anuncio del descubrimiento, que fue ampliamente seguido en los medios de comunicación. La reacción general ante el anuncio la resume perfectamente Ana Ribera en el Cuaderno de Cultura Científica:

Hasta hace una semana no sabía qué eran las ondas gravitacionales, no sabía que se estaban buscando y, lógicamente, tampoco que Einstein las había predicho hace 100 años.

Una semana después he leído, visto, escuchado y masticado una cantidad de información sobre el tema que, si bien no tengo claro que me permita decir que entiendo lo que son las ondas gravitacionales, sí me ha permitido saber que son importantes.

Eventos y noticias como esta permiten transmitir a la sociedad la importancia de la investigación básica y, sobre todo, un sentimiento: lo emocionante que es la ciencia.

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