El éxito del salmón transgénico se amparará en la laxa ley de etiquetado estadounidense

Mientras los científicos chinos continúan inmersos en la creación de una vaca modificada genéticamente que resista la tuberculosis, los estadounidenses vislumbran ya  la llegada del primer salmón transgénico a sus supermercados. La incursión del salmón en los comercios plantea la inevitable pregunta de si hay mercado para este pez en una sociedad en creciente preocupación por el proceso biotecnológico que hay detrás de cada producto.

En menos de dos años quiénes residan en el país norteamericano podrán adquirir AquAdvantage, nombre que recibe el salmónido. El  espécimen es un salmón atlántico al que se ha añadido ADN del salmón real, una especie gigante del océano Pacífico. A causa de esta modificación, el salmón produce más hormona del crecimiento y puede alcanzar en año y medio la talla típica de los tres años.

http://elpais.com/elpais/2015/11/19/ciencia/1447945426_325310.html

Ejemplar adulto del salmón del Atlántico.

 

La decisión de la FDA (Administración de Alimentos de EEUU) de dar carta blanca a la producción para consumo del pez no ha dejado indiferente a nadie. Según el organismo, la venta del salmón AquAdvantage podrá realizarse sin que el mismo sea etiquetado como transgénico, ya que “es tan seguro y nutritivo como el salmón atlántico no modificado genéticamente”.  Numerosas voces se han alzado  en contra de esta decisión, la actriz Gwyneth Paltrow (Seven, Contagio) declaró en contra del salmón AquAdvantage; “tengo el derecho de saber que hay en la comida con que alimento a mis familia”.

¿Pero cuáles son los argumentos que esgrimen los opositores de la transferencia génica en el sector alimentario? Muchos grupos ecologistas advierten que estos productos podrían suscitar reacciones alérgicas; los alimentos transgénicos tienen introducidos genes no presentes de forma natural en su ADN, por tanto, podrían sintetizar nuevas proteínas que no se encuentran en  la forma habitual del alimento. En consecuencia, las personas alérgicas que tengan constancia de su determinada alergia no podrán saber si son o no alérgicos a los alimentos transgénicos ya que no podrán reconocer si la proteína a la que son alérgicos está presente en él, porque aparentemente este alimento no debería contenerla.

La pérdida de biodiversidad,  es otro de los hipotéticos problemas que ha tenido que sortear el proyecto del pez transgénico de AquaBounty. El salmón modificado genéticamente puede estar dotado, gracias a los genes transferidos, de una ventaja competitiva que facilitaría su expansión antinatural a otros ecosistemas, desplazando especies y disminuyendo la diversidad biológica. Si un organismo modificado genéticamente sustituye parcial o totalmente a otro en su expansión se rompe la red trófica, de forma que muchas especies se verían afectadas y no solamente el salmón.  Para reducir el riesgo de que esto ocurra la FDA determinó que el pez debe criarse solo en tanques en tierra de dos centros de Canadá y Panamá. Otras medidas de seguridad incluyen la producción de peces estériles, para evitar que se crucen con peces en aguas naturales en el caso de que se escapen.

La contaminación genética también forma parte de los factores claves en la corriente anti-transgénica. Los nuevos genes introducidos en los organismos modificados pueden ser transmitidos a otras especies emparentadas compatibles.  La impredictibilidad de los organismos con genes modificados es el principal peligro,  no solo por su condición transgénica sino también porque no pueden ser controlados al totalmente. Uno de los estudios más polémicos realizados en el campo de los alimentos modificados genéticamente, publicado en 2012, y republicado en 2013 por la amplia campaña de críticas suscitadas, demostró la toxicidad el herbicida a base de glifosato, Roundup; y un maíz comercial genéticamente modificado (GM), NK603 de Monsanto. El estudio encontró daño severo al hígado y riñón y desórdenes hormonales en ratas alimentadas con el maíz GM y bajos niveles de Roundup. Se encontraron efectos tóxicos del maíz GM analizado por sí solo tanto como del Roundup analizado por sí solo y junto al maíz. Descubrimientos adicionales inesperados fueron las altas tasas de tumores de gran tamaño y mortalidad en la mayoría de grupos de tratamiento.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/19/actualidad/1348077416_159661.html

 

http://www.gmoseralini.org/republicacion-del-estudio-de-seralini-la-ciencia-habla-por-si-misma/

 

http://enveurope.springeropen.com/articles/10.1186/s12302-014-0014-5

El debate social sobre la validez de los productos obtenidos en la modificación genética se remonta décadas. La primera oveja transgénica fue Tracy y vivió entre 1991 y 1998. Tracy producía a1-antitripsina en la leche, un medicamento para tratar la fibrosis quística, desde entonces otros animales fueron utilizados para producir proteínas de interés farmacológico para tratar diferentes enfermedades como el enanismo, la hemofilia o diversas deficiencias inmunológicas. Argentina ha sido uno de los países pioneros en la transferencia génica en animales; en 2002 produjo una vaca capaz de producir hormona del crecimiento.

http://www2.uned.es/experto-biotecnologia-alimentos/TrabajosSelecc/PatriciaNarbon.pdf

Pampa Mansa, que así era como se llamaba el animal en cuestión, asentaría las bases de una verdadera generación de animales transgénicos en el país que se prolongaría en el tiempo con las llegadas de las generaciones Pampa Mansa II y III. En 2012, la vaca Rosita, capaz de producir leche materna volvió a generar la expectación del país y del resto del globo.

Mientras que la regulación en Argentina sobre el etiquetado de estos alimentos se rige por leyes subnacionales, en los Estados Unidos la ley “Safe and Accurate Food Labeling Act” de carácter nacional niega la necesidad de que estos alimentos sean etiquetados como transgénicos, lo que supone que quienes no deseen consumir productos transgénicos no tengan herramientas para distinguirlos de aquellos que no lo son.

https://www.congress.gov/bill/114th-congress/house-bill/1599

La llegada del salmón transgénico al mercado crea un precedente a escala global para que otras empresas continúen trabajando en esta línea, lo que inevitablemente supone que tras el salmón  lleguen otros productos enteramente concebidos mediante la transformación génica. Mientras la industria apuesta por los transgénicos el clima de desconfianza de los consumidores estadounidenses en torno a estos productos se manifiesta en las protestas contra la denominada “ley oscura” de etiquetado de los alimentos. Lisa Archer, directora del programa de Alimentos y Tecnología de la organización no gubernamental Amigos de la Tierra, dijo que, a pesar de la “aprobación irresponsable y con puntos flojos del primer animal genéticamente modificado para consumo humano, está claro que no hay un lugar en el mercado estadounidense para el salmón transgénico“. Lo cierto es que aún no está claro el éxito comercial del salmón en el país, los opositores al proyecto argumentan que los consumidores no quieren comer pescado transgénico. Desamparados por la laxa ley estadounidense de etiquetado, quizás no les quede más remedio que hacerlo. Hoy más que nunca el salmón nada contracorriente.

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