¿Derecho a un aire limpio?

La boina marca Madrid.

Puede que Madrid tenga uno de los atardeceres más impresionantes de todas las capitales europeas. Y quizá en el parque del Templo de Debod es donde el espectáculo alcanza su climáx. Estos atardeceres son parte del patrimonio de la villa, sin duda.

Sin embargo, si hablamos de cielos madrileños, lo primero que nos viene a la mente es la famosa boina madrileña. Una vez dentro de la ciudad, uno no es tan consciente de lo que realmente le rodea. Pero si llegas a Madrid por la A6, por ejemplo, bajando desde los túneles de Guadarrama, la boina negruzca te hace pensar en qué será lo que ofrece Madrid para que más de seis millones de personas hayan decidido voluntariamente pasar su vida en ese entorno.

boina madrileña

¿Qué es lo que ha permitido que Madrid sea una de las ciudades europeas con peor calidad de aire?

De hecho, en 2014 se la posicionaba en el puesto 92 en la lista de la calidad del aire en las 100 ciudades más grandes de Europa. La respuesta quizá apunte a una mala gestión, y no ya solo a nivel municipal. La política de infraestructuras en España ha favorecido un modelo en el que se pretendía que todo girase en torno a Madrid, con las excepciones de Cataluña y País Vasco, y en detrimento de la mayor parte del territorio estatal que sufre un grave despoblamiento.

A nivel municipal, el Ayuntamiento de Madrid tiene una gran responsabilidad a la hora de enfrentar el problema de su calidad de aire. Cuando aún estaba el anterior equipo de gobierno, con Ana Botella al frente, se estableció un protocolo de actuación para hacer frente a episodios de emergencia por contaminación. El problema, entonces, era que los medidores de contaminación no estaban en lugares representativos y obtenían datos sesgados. Y aun así, cuando se detectaban valores alarmantes de contaminación, no se aplicaba el protocolo.

Con la llegada al ayuntamiento de Ahora Madrid y a la concejalía de medio ambiente de Inés Sabanés, del partido verde Equo, se tomó la decisión de reubicar los medidores de contaminación en lugares más estratégicos para contar con datos reales. Gracias a esta medida se han detectado niveles preocupantes varias veces en los últimos meses y el ayuntamiento ha puesto en práctica el protocolo establecido. La polémica no ha tardado en surgir, ya bien sea por quienes critican las limitaciones al uso del vehículo privado y las limitaciones de velocidad o por quienes reclaman mejores transportes públicos.

De todos modos, en enero se aprobó una modificación del protocolo por contaminación, que reducía los valores de alarma, por lo que estos episodios se harán, sin duda, más comunes.

Todo es cuestión de voluntad

Desde varias instituciones europeas se proponen una serie de medidas para reducir la contaminación de las grandes urbes y se publican listados de calidad de aire, como la de Soot free for the climate, en la que Madrid sigue ocupando una de las valoraciones más pobres en cuanto al esfuerzo que se hace para reducir la contaminación.

Aunque existen algunos estudios que valoran positivamente la medida de reducir la velocidad para reducir la contaminación, como los que se hicieron en Amsterdam y Barcelona, lo que realmente reduciría la contaminación sería reducir tráfico rodado y para ello ya hay medidas ampliamente consensuadas.

Un modelo refutado.

En última instancia, lo que nos vienen a decir los niveles de contaminación con los que convivimos en muchas ciudades es que este modelo de movilidad, basado en el transporte individualizado, no funciona. Primero porque es un modelo que genera un volumen ingobernable de tráfico al que no le basta con más carriles, como evidencia la paradoja de Braess. Y segundo porque genera unos problemas de salud bastante severos. Se calcula que en Europa, en 2012 fueron 432.000 las muertes prematuras atribuibles a la mala calidad del aire, por no hablar de los enormes costes sanitarios que supuso.

Está claro que las autoridades deben tomar medidas para reducir la contaminación. Podremos criticar estas medidas o proponer otras que creamos más efectivas, pero nadie podrá negar los graves efectos que tiene en nuestra salud la mala calidad del aire. Es hora de pararse un minuto a pensar qué es lo que consideramos prioritario: si nuestro derecho a desplazarnos en vehículos individuales o nuestro derecho a un aire limpio. Está claro que ambos derechos son muy difíciles de compaginar.

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