En un futuro no muy lejano podremos permanecer activos mucho más tiempo. (foto:creative commons)

Ya podemos soñar con vivir más tiempo y más saludables

Desde tiempos inmemorables el ser humano busca el elixir de la eterna juventud. La diferencia es que actualmente contamos con experimentos científicos que demuestran que el envejecimiento se puede tratar y retardar. Por ahora estas investigaciones se han realizado en animales pero se acaban de aprobar las primeras pruebas con medicamentos en personas.

En el 2050 la población mundial por mayor de 65 se habrá triplicado.  Eso quiere decir que 3 veces más personas necesitaran tratamientos contra, el cáncer, las enfermedades coronarias, el alzhéimer y otras enfermedades relacionadas con edad avanzada que obligarán a una gran mayoría de personas a pasar sus últimos años entrando y saliendo de hospitales. La perdida de calidad de vida estos años es enorme. Y es que actualmente tenemos una expectativa de vida de 80 años de media pero, ¿de que nos sirve si nos pasamos los últimos años sufriendo y enfermos? La clave no está en vivir muchísimos más años sino retardar el envejecimiento para estar más sanos hasta que nos llegue la hora y vivir hasta los 100 años sintiéndonos como si tuviéramos 50.  Además los efectos en la economía y los sistemas sanitarios son devastadores  con un mayoría de población inactiva que genera grandes gastos en sanidad.

Los tratamientos médicos actuales no son la solución para una población que envejece rápidamente. Según el doctor Jay Olshansky, es un sistema basado en vencer enfermedad tras enfermedad heredado de una medicina anterior a los años 50. Luchamos contra las enfermedades crónicas típicas de la vejez tal y como lo hacíamos con las infecciosas como la neumonía, la gripe, la tuberculosis; primero una, luego otra batalla a batalla. Sin embargo en la vejez se acumulan todas hasta que perdemos la guerra.

Un grupo de científicos expertos en la biología y demografía del envejecimiento se ha reunido a principios de este año en Nueva York. Han trazado un plan muy ambicioso que pretende cambiar la forma en la que pensamos en el envejecimiento y la enfermedad. Este grupo multidisciplinar ha conseguido que la comunidad científica se tome en serio la posibilidad de prolongar y mejorar la vida y aumente la cantidad de equipos dedicados a lo que es uno de los campos más ambiciosos e interesantes de la biomedicina.

Varios estudios han hecho posible el cambio. Experimentos de recombinación genética en gusanos, liderados por científicos del Buck Institute demostraron que algunos genes son capaces de duplicar la expectativa de vida de estos. De ahí se llega a la conclusión de que
el envejecimiento es un proceso biológico como otros tantos y se puede alterar. Los estudios se han replicado en moscas y ratones con el mismo éxito y actualmente se conocen cientos de genes que alteran el envejecimiento. La cuestión es cómo se comportan en humanos.

Otra línea de investigación, dirigida por el Dr Nir Barcilai, director del Instituto de Investigación del Envejecimiento Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, consiste en estudiar a personas centenarias para entender cuáles son las claves de su longevidad. Lo curioso es que no se han encontrado pistas en llevar una vida saludable. De hecho muchos de estos centenarios, fuman, son obesos, no hacen deporte o se alimentan mal. Son longevos a pesar de sus malos hábitos pero todos ellos tienen algo en común. Son portadores de genes que les protegen.

En ambos casos estos genes no solo prolongan la vida retardando el envejecimiento. También protegen de las enfermedades comunes en personas mayores como el alzhéimer, el párkinson, la osteoporosis, y problemas coronarios. La conclusión: el tratamiento de el envejecimiento ralentiza el envejecimiento y todas las enfermedades asociadas.

El primer estudio para retardar el envejecimiento ha comenzado con una droga de sobra conocida,  la metformina para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Se detectó que pacientes diabéticos tratados con esta droga morían más tarde y con menores problemas de salud que las personas saludables. Este descubrimiento casual ha sido la palanca necesaria para activar la maquinaria que según sus autores proporcionará resultados antes de lo esperado.

Ya podemos soñar con llegar a ser centenarios y vivir una vida plena hasta el final.

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