Ciencia ciudadana: el poder de la colaboración

¿Qué es eso de ciencia ciudadana? Me imagino que a muchos de vosotros (como a mi hasta hace unos días) os sonará a nuevo este concepto.

El English Oxford Dictionary la define como el “trabajo científico realizado por miembros del público general, a menudo en colaboración, o bajo la dirección de científicos profesionales e instituciones científicas”. Se trata de una forma diferente de hacer ciencia en la que cualquier persona puede participar, de manera activa, en cada una de las fases de un proyecto de investigación: desde su financiación hasta la evaluación de resultados, pasando por la toma de datos o el diseño.

Imagen: Sketching de Verity Harrison sobre la ciencia ciudadana. Via Barcelona Lab
Imagen: Sketching de Verity Harrison sobre la ciencia ciudadana. Via Barcelona Lab

El término en inglés lo acuñó por primera vez en los ochenta el científico Rick Bonney, director del Cornell Lab of Ornithology de Nueva York, refiriéndose al creciente número de aficionados que recogían datos poblacionales de distintas especies de aves. Pero la ciencia ciudadana, en su sentido más básico, lleva practicándose desde hace décadas. Sin ir más lejos, Darwin pudo recopilar la gran cantidad de evidencias que sostienen su teoría de la evolución gracias a miles de cartas que le enviaba gente de todo el mundo, muchos sin formación científica.

Sin embargo, es a partir del siglo XXI cuando se produce el boom de la ciencia ciudadana en forma de proyectos y entidades. La aparición de las nuevas tecnologías y su capacidad de conectarnos con el resto del mundo al momento, es el caldo de cultivo que impulsa esta práctica como se entiende hoy en día. El conocimiento científico, que antes parecía estar reservado a unos pocos, se convierte en un conocimiento global al alcance de todos. Además, se rompe la comunicación tradicionalmente lineal del mismo: ahora los ciudadanos pueden plantear sus dudas a los investigadores e incluso aportar sus propias ideas.

Gracias a la ciencia ciudadana se fomenta el sentido de comunidad lo que lleva a una investigación más democrática. El planteamiento de los proyectos científicos como algo abierto a todo el mundo mejora la relación entre sociedad y ciencia, además de ser una forma directa de divulgación y aprendizaje. Se han desarrollado proyectos con científicos ciudadanos de todo tipo: desde niños de escuelas e institutos hasta grupos en riesgo de exclusión social como presos.

Ciencia ciudadana en España

En el panorama nacional la ciencia ciudadana progresa adecuadamente. Una de las entidades pioneras es la Fundación Ibercivis, en Zaragoza, que tiene como objetivo fomentar los proyectos de investigación ciudadana, además de realizar actividades divulgativas y de formación. Su director, Fermín Serrano, ha participado también en el proyecto europeo Socientize, liderado por el Instituto de Investigación de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza (BIFI), que culminó el año pasado con la presentación de El Libro Blanco de la Ciencia Ciudadana. En él se establece cómo se pueden organizar todos los agentes implicados en el proceso de la ciencia ciudadana para que la aportación al mundo científico sea positiva.

Una ciudad a destacar es Barcelona ya que desde hace un año cuenta con la primera Oficina de Ciencia Ciudadana del Estado regida por un ayuntamiento. Esta nueva plataforma se encuentra dentro de la iniciativa Barcelona Lab a la que pertenecen grupos de investigación de diversas universidades y centros de investigación de Cataluña y está liderada por el grupo Open Systems de la Universidad de Barcelona.

Ya son 20 los proyectos puestos en marcha recopilados en el primer catálogo de ciencia ciudadana publicado en Barcelona. La mayoría se apoyan en una aplicación móvil. Es el caso de Atrapa el Tigre, que permite investigar y controlar la expansión del mosquito tigre por toda la península. Otros, como el portal Observadores del mar, engloban varios proyectos simultáneos y es el ciudadano el que elige con cual colaborar. Esta iniciativa cuenta ya con más de 900 usuarios registrados que han contribuido con 4481 observaciones del medio marino.

El campo que se puede abarcar haciendo partícipes a ciudadanos de todos los rincones del mundo es mucho más amplio y sería imposible de conseguir por un grupo de investigación convencional. Ahora que ya sabéis que es la ciencia ciudadana y sus infinitas posibilidades solo falta pasar a la acción. ¿Aportamos nuestro granito de arena?

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