Homo naledi: la nueva pieza del rompecabezas de la evolución humana

“Se necesitan expertos o expertas en antropología. Requisitos: constitución pequeña y sin problemas de claustrofobia”. Este era, más o menos, el anuncio publicado por el paleoantropólogo Lee Berger en las redes sociales hace aproximadamente dos años. Una manera un tanto atípica para empezar una historia como esta. El asunto no era para menos. Necesitaban investigadores capaces de introducirse por una grieta de 20 cm de ancho.

Ahora conocemos el porqué de aquel anuncio. Introducirse en la dificultosa cueva de Rising Star en Sudáfrica no era algo que pudiese hacer cualquiera. Pero la recompensa merecía todo el esfuerzo: la recuperación de un gran número de fósiles humanos de una nueva especie desconocida hasta el momento.

Restos fósiles de la mano de Homo naledi. Imágen: John Hawks; vía: Wikimedia Commons.
Restos fósiles de la mano de Homo naledi.
Imágen: John Hawks; vía: Wikimedia Commons.

El Homo naledi fue presentado el pasado septiembre a la sociedad. Se dio a conocer mediante dos publicaciones en la revista eLife. Una de ellas contenía el análisis de los restos fósiles encontrados y la otra analizaba el contexto geológico en el que habían sido hallados.

La palabra “naledi” significa estrella en la lengua local sesotho. Y la nomenclatura parece escogida a conciencia ya que esta nueva especie de hominino se ha transformado en la nueva estrella de la evolución humana.

La fiesta no ha hecho más que comenzar” escribía Juan Luis Arsuaga, codirector del yacimiento de Atapuerca. Y es que el Homo naledi es una gran sorpresa para la comunidad científica, una de esas especies que cualquiera quisiera encontrar. Podría ser el “eslabón perdido” entre los australopitecos y los humanos. Este nuevo hominino parece estar en el límite entre ambos.

De entre las características que lo asemejan a los australopitecos se encuentra el tamaño del cerebro (de 500 cc, aún pequeño), los hombros y los dedos de la mano muy curvados, lo que demuestra su capacidad para la escalada.  Por el contrario, el Homo naledi presenta otros muchos rasgos propios del género Homo como el tamaño corporal, la capacidad para caminar erguido, la forma del cráneo y el tamaño de los dientes. Estudios posteriores publicados en Nature Communications  se han centrado en el análisis de las manos y los pies del hominino para tratar de profundizar en su locomoción y el movimiento de las extremidades superiores.

La importancia de este hallazgo no reside únicamente en el hecho de descubrir una nueva especie de nuestro linaje, sino en la cantidad de restos encontrados. Durante las excavaciones, se recuperaron más de 1.500 fósiles humanos entre los que se han descrito al menos 15 individuos diferentes. Estas características recuerdan a otros casos como la conocida Sima de los Huesos de Atapuerca. Una cámara muy reducida, de difícil acceso con un gran número de restos. En el caso de Rising Star, los fósiles humanos estaban totalmente aislados de otros fósiles animales.

Pero lo más apasionante es lo que no sabemos aún. Cualquier descubrimiento de este tipo suele plantear más preguntas de las que acostumbra a responder. La primera cuestión no resuelta es la datación de los restos. La mezcla de rasgos entre australopitecos y humanos del Homo naledi sugiere que podrían haber habitado el planeta hace entre 2.5 y 2.8 millones de años. Sin embargo, no se ha podido dar una estimación de la edad debido a la ausencia en el yacimiento de elementos que permitan la datación directa.

La segunda pregunta por responder, aún más misteriosa, es cómo llegaron estos restos al lugar. La ruta actual para llegar a la cámara es la misma que existía en el momento de la deposición de los cadáveres, según los estudios geológicos. Esta implica recorrer 80 metros de cueva, trepar paredes e introducirse en una grieta estrecha. Además del difícil acceso, en la sima se han encontrado individuos de todas las edades, sin traumatismos ni restos de haber sido devorados y con el esqueleto totalmente articulado. Todo ello, abre la puerta a pensar en un ritual funerario, comportamiento que hasta ahora se ha atribuido a humanos más modernos y con un tamaño cerebral muy superior al del Homo naledi.

La fiesta no ha hecho más que comenzar.

Un hallazgo apasionante, muchas incógnitas en el aire. Tendremos que estar atentos a la segunda parte de esta historia porque, sin duda, promete. Hemos conseguido una nueva pieza del gran rompecabezas de la evolución humana. Una pieza que aún no sabemos muy bien donde colocar, pero que cuando consigamos hacerlo, nos dará una información muy valiosa sobre el dibujo que estamos buscando.

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