¿La microbiología en jaque?

Los microbiólogos se dedican a estudiar los microorganismos, es decir, las bacterias, hongos y otros seres microscópicos que tan molestos o útiles nos pueden resultar.

Desde hace algo más de una semana, el mundo de la microbiología está revolucionado.

El motivo: la escasez de un alga llamada Gelidium.

Muy bien, ¿y qué tiene eso que ver con la microbiología?

Para poder estudiar un microorganismo hay que mantenerlo en el laboratorio, es decir, cultivarlo. Y para  eso hay que darle de comer, como a cualquier ser vivo. Es relativamente fácil dar de comer a la bacteria media: sólo hay que prepararle un caldo nutritivo (hoy en día se venden en polvo) y dejarlo en un lugar calentito. Pero muchas veces se necesita que crezcan separadas, para poder visualizar sus colonias y manipularlas independientemente. Para eso hay que cultivarlas en lo que se conoce como placas de agar o placas de Petri.

Placa de agar en la que se ha cultivado una bacteria. En cualquier nevera de un laboratorio de microbiología puede haber de decenas a centenares de placas de agar. Fuente: Stefan Walkowski, vía Wikimedia Commons.
Placa de agar en la que se ha cultivado una bacteria. En cualquier nevera de un laboratorio de microbiología puede haber de decenas a centenares de placas de agar. Fuente: Stefan Walkowski, vía Wikimedia Commons.

El agar es una sustancia gelatinosa, formada por unos polisacáridos (cadenas de azúcares como la glucosa) llamados agarosa y agaropectina. Es muy útil porque se puede mezclar en caliente con prácticamente cualquier caldo para cultivar bacterias. A continuación se vierte en las placas de Petri y se deja enfriar hasta que se vuelve sólido, como si fuera gelatina. En los laboratorios se suele esterilizar durante la preparación, para evitar que crezcan los microorganismos que no deben.

Y he aquí el problema: el agar se obtiene de algas del género Gelidium, ya que forma su pared celular. La recolección de estas algas es un negocio muy lucrativo, y se realiza principalmente en Marruecos, seguido de lejos por España, Corea del Sur, México y Japón. A causa de la sobreexplotación mundial, la cantidad de Gelidium se ha reducido de forma importante en los últimos años. Y es que no sólo los microbiólogos requieren de esta sustancia singular; también es my apreciada en el ámbito culinario, especialmente en Asia. La escasez de Gelidium ha llevado a Marruecos a imponer drásticas restricciones en la explotación y la exportación del alga, con lo que la cantidad de agar disponible para los sectores alimentario y científico va a disminuir en los próximos meses.

Alga del género Gelidium. Fuente: holfast..., vía Flickr.
Alga del género Gelidium. Fuente: holfast…, vía Flickr.

De hecho, el revuelo en el mundo científico se inició con el siguiente tuit:

El tuit incluía una carta de una empresa proveedora de materiales de laboratorio. En ella se pone de manifiesto la escasez de agar. Y es que los precios de esta sustancia se han triplicado en los últimos tiempos. Si no se recupera la producción, el precio puede subir mucho más. Esto pondría en un aprieto a los microbiólogos, pues utilizan placas de agar en casi todos sus experimentos.

La primera solución será ajustarse a la situación: minimizar el uso de agar, a la vez que se intenta mantener la calidad experimental, lo cual no será fácil. Al mismo tiempo se están ensayando otras opciones, aunque sin éxito por el momento: cultivar el alga Gelidium de forma artificial, y buscar sustancias alternativas al agar.

El agar se ha utilizado de forma rutinaria en microbiología desde que esta ciencia experimentó su gran boom durante el siglo XIX, con los grandes Louis Pasteur (el primero en intuir cómo funcionan las vacunas) y Robert Koch (descubridor de las bacterias responsables de la tuberculosis, el cólera y el carbunco).

De hecho, fue Koch quien por primera vez dio importancia al cultivo de las bacterias en sólido. Curiosamente, él comenzó cultivándolas en láminas de patata. Un técnico de su laboratorio llamado Walther Hesse estuvo experimentando con gelatina. Pero tenía problemas: se deshacía al calentarla a 37°C, temperatura habitual de cultivo de las bacterias, y además éstas la degradaban porque está hecha de proteína. La mujer de Walther, Angelina Fanny Hesse, solía ayudar a su marido a preparar caldos de cultivo para el laboratorio. Gran cocinera, propuso el agar a Walther como alternativa a la gelatina. Ni Fanny ni Walther Hesse recibieron el debido reconocimiento por la brillante idea, pero desde entonces no hay microbiólogo que no utilice agar para cultivar sus bacterias.

Fotografía de Angelina Fanny Hesse. Fuente: Hardy Diagnostics.
Fotografía de Angelina Fanny Hesse. Fuente: Hardy Diagnostics.

Últimamente incluso ha surgido la moda de crear obras de arte mediante cultivos bacterianos.

El alga Gelidium ha sido explotada a un ritmo excesivo, y ahora estamos pagando las consecuencias. La pregunta es: ¿qué van a hacer los microbiólogos? ¿Se descubrirá una alternativa al agar después de más de 130 años? Confiemos en que se encuentre una solución. No podemos permitirnos una debacle de la microbiología.

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