El águila de la jungla

Como todo buen depredador, es totalmente silenciosa. Su impresionante tamaño no le impide volar sigilosamente entre el denso follaje del Amazonas, buscando su próxima victima. Pero la vida de este majestuoso animal está en peligro, como tantas otras.

El águila harpía es la rapaz más poderosa del mundo y una de las más grandes. Su nombre científico, Harpia harpyja viene de la mitología griega, de las harpías, que llevaban los muertos a Hades. Estas criaturas eran monstruos depredadores, mitad mujer, mitad pájaro.

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De: Eric Kilby from USA, via Wikimedia Commons

Estas aves pueden llegar a pesar 9 kg en el caso de las hembras, que pueden ser el doble de grandes que los machos. Tienen una envergadura superior a 2 metros, superior a la mayoría de adultos de pie. Aun así, sus alas son relativamente cortas en proporción a su cuerpo, una adaptación a su hábitat, para poder maniobrar con mayor facilidad dentro de la jungla.

 

Sus enormes garras son del tamaño del oso grizzli y pueden ejercer mas de 50 kg de presión, crujiendo huesos y matando a sus presas de forma instantánea. De normal, su comida favorita son los monos y los osos perezosos (que pesan aproximadamente lo mismo que el águila!) , que el águila caza de las copas de los arboles. Para variar la dieta también devora pequeños ciervos, armadillos, guacamayos…

By Mdf (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/)], via Wikimedia Commons
By Mdf (Own work), via Wikimedia Commons
Las águilas harpías son diurnas y suelen cazar dentro de la propia selva. Debido a la escaza luz que penetra, necesitan usar el oído casi tanto como la vista para cazar. Tienen lo que se llama un disco facial, una característica que comparten con los búhos y las lechuzas. Este disco está compuesto de las plumas que rodean la cara del ave. Pueden levantar o bajar este disco voluntariamente. Cuando las plumas están levantadas, ayudan a direccionar el sonido a las orejas del águila, que están a los lados de la cabeza. Junto con su excelente visión, las águilas utilizan así el oído para encontrar sus presas.

Se cree que son animales monógamos, cosa que significa que pueden estar con la misma pareja hasta 30 años ya que la media de vida de estas aves es de entre 25 y 35 años. Una vez en pareja, construyen sus nidos en árboles a 40 metros de altura, y las estructuras son tan grandes que pueden caber dos hombres adultos dentro de ellas. Los pollos (normalmente uno por pareja) restan en el nido hasta los 5-6 meses, cuando aprenden a volar por primera vez. Aun así, seguirá dependiendo de los padres durante 1-2 años de su vida, hasta que aprende a cazar solo. Dice el director del Programa de Conservación Neotropical de Rapaces: “Una pareja produce solo un pollo cada dos-tres años” y además, las aves no llegan a la madurez sexual hasta los 4-5 años, características que dificultan que las poblaciones menguantes se recuperen.

La harpía es endémica de América Central y del Sur, donde reside en las selvas húmedas. Originalmente, se encontraban estas águilas des de Méjico, toda América Central hasta el norte de Argentina. Actualmente la mayor población reproductora se encuentra en Panamá, pero ha desparecido de muchos países de centro América, como Belice o El Salvador.

Esta rapaz tiene un papel muy importante para el medio ambiente ya que es lo que se llama una “umbrella species” en inglés. Esto significa que protegiendo el águila harpía también conseguimos conservar otras especies del mismo entorno.

La harpía se encuentra en el Apéndice I de CITES y está clasificada como “casi amenazada” por la IUCN, debido a la caza y a la perdida de hábitat. El mayor peligro para este águila es la deforestación, que está aumentado exponencialmente debido a construcción, agricultura y extracción de madera. Cada pareja de águilas requiere unos 20 km cuadrados de jungla para sobrevivir. Hoy en día no se sabe exactamente cuantas águilas quedan, pero se estima que su número se reducirá entre 25 y 30% en las próximas tres generaciones.  Hay varios proyectos para ayudar a esta especie, des de trabajar con comunidades locales a control de las parejas reproductoras. Uno de los programas más importantes es de The Peregrine Fund,  que cría águilas en cautividad para luego liberarlas en su propio hábitat. Des del 1998, se han reintroducido 50 águilas harpía en Belice y Panamá.

Esta águila es simplemente otro ejemplo de nuestra contribución a la desaparición de animales. Aunque no sea tan conocida como el oso polar, ni esté en tanto peligro como el rinoceronte blanco, no deja de ser importante. Por mucho que hagamos un esfuerzo para ayudar a esta rapaz neotropical, estamos luchando contra la deforestación y el tiempo.

 

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