Mariano Vázquez: “Simular la naturaleza en un ordenador es un acto de humildad”

Gracias a la simulación podemos entender cómo funciona el cuerpo humano, hacer que un coche gaste menos y conseguir que las ciudades sean más sostenibles”

Foto MarianoMariano Vázquez nació en Buenos Aires y estudió Ciencias Físicas en la UBA. Más tarde se doctoró en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) e hizo estancias postdoctorales en el Pole Scientifique Univ. Paris VI / Dassault Aviation y en INRIA Sophia Antipolis. Fue consultor de la empresa Gridsystems, en Palma de Mallorca, y profesor en la Universitat de Girona. Actualmente es investigador del CSIC y Jefe de Grupo en el Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). Su grupo “High Performance Computational Mechanics” desarrolla herramientas de simulación para grandes ordenadores, desde la formulación matemática hasta la escritura de programas paralelos. Aparte de la pasión que siente por su trabajo, es un gran amante del vino, del whisky y del fútbol, en particular de Leo Messi. “Ser fan de Messi te define”, dice.

¿Por qué quisiste ser científico?

Debe de ser porque mi abuelo trabajaba en una editorial que hacía enciclopedias y en mi casa había muchas, especialmente científicas. Me encantaba mirarlas. La enciclopedia era un invento muy bueno, el predecesor de Internet. Yo me pasaba horas hojeándolas y a los 5 años ya decía que quería ser formulario, que para mí era el que hacía las fórmulas que aparecían en aquellas hojas. 

¿Crees que el científico nace o se hace?

Bueno, creo que hay de todo. Es una mezcla de circunstancias las que te empujan a hacer algo. Yo también quería ser otras cosas, como bombero o policía, dependía del día. Pero mi papá era marino mercante y tenía una mente ingeniera. Siempre me traía juguetes de construcción, y eso supongo que me marcó. En mi casa había una cierta tendencia a las ciencias más que a las letras.

¿Y nunca te planteaste ser otra cosa?

Hubo un momento en la adolescencia en el que quise ser marino, pero solo duró 15 minutos. Y más adelante, justo cuando estaba acabando la carrera de físicas se me pasó por la cabeza empezar de cero y estudiar cine. Fue una época en la que empecé a ver películas de forma masiva, y ese amor por el cine me hizo replantear mi vocación. Pero en realidad la física nunca dejó de gustarme, ¡me lo pasaba bomba en la facultad! Supongo que por eso al final no cambié. Aunque es algo que tengo pendiente, algún día estudiaré cine.

¿Qué es lo peor de ser científico?

Creo que la única pega es conseguir un trabajo estable. ¡Si lo consigues es magnífico! Pero en realidad, tal como están las leyes laborales hoy en día, para todo el mundo es difícil tener una seguridad laboral. En cualquier momento te pueden echar. Sinceramente, no nos podemos quejar.

¿Pero crees que la ciencia está suficientemente reconocida?

Bueno, esto es otro tema, ya no es un problema estrictamente para mí, es un problema para la sociedad en general. Estaría bien que se reconociera un poco más, claro.

¿Entonces habría más trabajo, no?

Es cierto, sí. La cuestión está muy clara. Debemos preguntarnos qué parte del presupuesto dedica España a la ciencia. Y la respuesta es que de momento es mucho menor que el promedio europeo. Así que, evidentemente, ser científico en otros países es mejor que serlo en España. Yo conozco el caso de Suecia, por ejemplo. Si no fuera por el clima ya me habría ido a vivir allí (risas).

Me gustaría estudiar en profundidad el verdadero impacto económico que tiene la ciencia para un país. Sólo en nuestro departamento en 6 años hemos creado 50 puestos de trabajo que aportan mucho a la Seguridad Social. Y hablo de memoria, pero aproximadamente de cada euro que España pone para financiar proyectos europeos, traemos de vuelta 4.

¿Y cómo es la realidad de la ciencia en tu país, Argentina?

En mi país hay un gobierno muy particular. Es como… ¡los Soprano! Sí, como si Tony Soprano fuera el presidente del Gobierno. Llevan a cabo acciones aisladas para quedar bien con la opinión pública: un edificio, un plan puntual para repatriar unos cuantos científicos… Pero eso es sólo como poner un columpio en la plaza, que es lo que hacía Pablo Escobar o cualquier mafioso. En cambio en otros países latinoamericanos, como Brasil, Ecuador, Colombia o Uruguay, son más agresivos y tienen realmente una política de estado planificada. En Uruguay, en estos últimos 10 años, ha aumentado el porcentaje de población con estudios superiores de forma muy notable.

¿Pero se puede dar la situación de que haya un exceso de universitarios?

Nunca es un exceso que haya estudiantes en la universidad. Lo que pasa es que lo tienes que hacer de una forma harmónica, desarrollando una política integral. Hoy en día, Suecia es el país europeo que más invierte en ciencia, un 5% de su PIB. Mi sueño es que un día algún país ponga el 15%, y si puede ser que sea un país subdesarrollado como España. Estoy seguro de que en 10 años ese país eclosionaría. Pero, claro, para eso hay que saber esperar.

¿Dices que España es un país subdesarrollado?

En términos de ciencia, sí. Necesitaría mucha más inversión. Claro que hay cosas puntuales que están bien: el BSC-CNS, el ALBA… pero falta esa política integral. Incluso en Portugal, que muchas veces ha sido víctima de las burlas españolas, hay proyectos científicos que están mucho mejor. Y si miramos al otro vecino, Francia, ya ni hablemos. Creo que en España falta mucha autocrítica.

Da la sensación de que a veces la ciencia no ha sabido explicar la relación entre la búsqueda de conocimiento y su aplicación práctica ¿Hay falta de comunicación?

Sí, porque los científicos tradicionalmente hemos pecado de oscurantismo y de pose intelectual, para hacernos los interesantes y ligar en los bares (risas). Ese oscurantismo ha provocado que la gente perciba que estamos alejados de la sociedad. Deberíamos comunicar mejor y explicarles lo valiosa que es la ciencia para todos. Y no solo las aplicadas, cualquier ciencia es buena. Las ciencias aplicadas pueden dar rendimiento económico a corto plazo y ayudan a financiar las básicas. Pero si tenemos paciencia, veremos como al final estas también sirven para mejorar las primeras. Es un círculo virtuoso de largo recorrido.

¿Y cómo nos explicarías lo que hacéis en el BSC-CNS?

Os diría que estudiamos cómo tienen que ser los ordenadores del futuro para que nos permitan resolver problemas complejos, y cómo hay que usarlos en algunos problemas específicos. En nuestro departamento nos encargamos de esta última parte. Al final son muchos los problemas que miramos de resolver, y lo que en realidad buscamos es recrear la naturaleza en el ordenador. Por ejemplo, entender cómo funciona el cuerpo humano, hacer que un coche gaste menos, que un avión vuele mejor, conseguir que las ciudades sean más sostenibles…

¿De verdad es posible recrear la naturaleza en el ordenador?

Bueno, las matemáticas nos permiten interpretar una parte de lo que vemos. Cuanto más complicado es el sistema que queremos representar, más complicado es el modelo matemático que tenemos que diseñar. Así que obviamente tardaremos muchos años en conseguir una representación precisa de la naturaleza. Pero, sin duda, se va mejorando, cada vez nuestras simulaciones son mejores.

La palabra simulación tiene una connotación negativa, de mentira o falsedad.

Sí, es que en realidad la simulación es un acto de humildad. Es declarar de entrada que ya sabemos que lo que hacemos es falso. Intentamos que sea lo menos falso posible, pero sabemos que por mucho tiempo lo será, porque es realmente complicado. A veces los científicos somos muy arrogantes y decimos que hemos hecho una simulación muy buena. Y eso es un poco tonto, porque la palabra simulación es la importante y nos recuerda siempre que lo que hacemos en realidad no está del todo bien. Poco a poco vamos acercándonos, pero de momento no está bien. Evidentemente esto no lo podemos decir así, porque no nos querrán dar un euro nunca más (risas).

En serio, no se preocupen, por lo pronto los aviones vuelan y las enfermedades se curan. Así que será que tampoco lo estamos haciendo del todo mal.

¿Cuáles son los proyectos que más te interesan?

Todos los proyectos son interesantes, pero es verdad que puntualmente puede haber temas que motiven más. Por ejemplo, los proyectos que tienen que ver con la biomecánica, porque es obvio que es muy emocionante colaborar a mejorar la salud de la población. Pero a mí, por lo que decía la principio de las enciclopedias de mi abuelo, me encantan los proyectos de aeronáutica. Al final, lo mejor de verdad es poder dirigir y trabajar con gente muy buena de campos muy diversos. La colaboración entre científicos o entre científicos y empresas es esencial.

¿Y qué retos tenéis de cara al futuro?

Nuestro principal objetivo es expandir los proyectos relacionados con la biomecánica. En concreto, ahora estamos involucrados en uno que tiene que ver con el corazón, y en el que colaboramos con un centro de Brasil. En el BSC-CNS hacemos la simulación por ordenador de un corazón, el impulso eléctrico, la contracción de los músculos y el bombeo de la sangre. El centro de Brasil se encarga de la simulación del sistema arterial, desde la arteria que sale del corazón hasta el capilar más ínfimo del cerebro o de los dedos de los pies. Y lo que intentamos ahora es unir las dos simulaciones. Va a tener mucho impacto porque nunca se ha hecho antes y es realmente útil. Por ejemplo, podremos ver como un corazón que ha tenido un infarto cambia la presión en una arteria del cerebro y puede provocar un aneurisma. Nuestra intención es hacer cada vez simulaciones más integrales, llegar a simular todo el cuerpo humano.

Alya Red es un proyecto del Barcelona Supercomputing Center para simular el corazón humano
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