BREVES (Y FASCINANTES) HISTORIAS DE LA QUIMICA

El Último alquimista en Paris Y otras historias de la química. Lars Ohrstrom. CRITICA, Colección Drakontos.  ISBN: 9788498927344.

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De lo mucho de bueno que tiene este breve libro, me quedaria sin dudar con la última frase.

“Nunca antes el mundo ha necesitado la química y los profesionales con formación en química tanto como los necesita hoy”.

Y añadiría uno con la más absoluta de las modestias que nunca ha sido tan necesario un esfuerzo coordinado de científicos, divulgadores y agentes políticos para hacer ver a la población la enorme importancia de la industria química en nuestras vidas.

Muchas, demasiadas veces, una imagen sesgada vale más que mil palabras, por justificadas, fundamentadas y ponderadas que éstas últimas sean. A la energía nuclear le ha dado casi tanta mala fama el pez de tres ojos de “Los Simpson” como cualquier incidente o accidente nuclear. A la industria química en particular y a la Química en general se le echarán siempre en cara desgraciados accidentes como el de Bophal, pero sin poner en el otro lado de la balanza los innumerables beneficios que para la humanidad han emanado de ella.

De ahí el arrebato quimiofóbico en el que andamos inmersos últimamente. El mismo arrebato que hace que algunos individuos la emprendan a arcabuzazos contra el pobre ácido ascórbico, la tiamina, la riboflavina o, en el colmo de la estulticia, contra el inevitable ácido desoxirribonucleico.

Sin menoscabo de una actitud sanamente crítica frente a las actividades de la industria, sea del sector que sea (actitud que se debe extender a ciencia, política y cualesquiera menesteres a los que se dedique el género humano), son de agradecer obras como la del Profesor Ohrstrom.

El índice del libro (que poco afortunadamente a mi juicio está colocado al final del libro) parece que lo hayan hecho al alimón entre Conan Doyle, Agatha Christie y Poe, con algunas pizcas de Hollywood aquí y allá. “Muerte en el número 29”, “Los diamantes son para la eternidad”, “Cita en el altiplano”. “Los botones reventones del Napoleón”… Nada que ver con el Manual de Química al uso. Que luego los protagonistas sean el Cobre, el Zirconio, el agua pesada o el Estaño no tendrá demasiada importancia, porque si algo procura y consigue el autor es incardinar la química en el devenir histórico general, demostrando que no solamente se puede convivir con la química, sino que es virtualmente imposible vivir sin ella.

En resumidas cuentas: una lectura agradable, amable, instructiva, sugeridora de nuevas lecturas, y sobre todo una reivindicacion del papel de la ciencia en nuestra vida cotidiana

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2 comments

  1. Anna Juan Roch

    ¡Crítica literaria! Me encanta. Recomiendo “La edad de los prodigios.Terror y belleza en la ciencia del Romanticismo”, Richard Holmes. Y me apunto este. Aunque no sé si es sensato por mi parte seguir acumulando lecturas pendientes.

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